jueves, 24 de diciembre de 2009

Militares para la democracia

El ser humano es mucho peor que esos autómatas con los que sueñan los ingenieros electrónicos, cuya desesperada vida vimos en esa maravilla que es Blade runner.

A un autómata se le puede desprogramar pero ¿qué haces con un tipo al que, desde niño, un padre militar le ha inculcado todas esas locuras que dejan en mantillas a las especulaciones religiosas?

Y esto viene a cuento de que algunos militares, como algunos jueces, casi todos los curas y algunos médicos se consideran fuera del común de los mortales, una especie de dioses, que pueden, si quieren, tratarnos a patadas y, cuando se presenta la ocasión, a veces, lo hacen.

Y como tales semidioses no toleran que nadie abandone el camino que ellos marcan, del Rey, abajo, ninguno. Porque el Rey, si es Rey es porque ellos lo consintieron aquella famosa noche de febrero, pero que lo sea no le da derecho, en modo alguno, a apartarse del camino que trazó aquel hombre elegido por Dios para gobernarnos a todos tan rígida y sabiamente durante 40 años.

De modo que debe guardarse mucho, le han venido a decir estos señores de Militares para la Democracia, de apartarse un milímetro de lo que mandan las ordenanzas militares y los divinos preceptos de la Iglesia, porque a ellos les importa un bledo que el mundo y la vida hayan evolucionado hasta el punto de establecerse como norma inderogable internacional esa descomunal aberración de que el estamento militar no es sino un funcionariado público más sujeto a las leyes civiles del Estado de Derecho.

Así que el Rey, incumpliendo sus obligaciones constitucionales, si realmente sabe lo que hace y no quiere pasar a la historia como un Herodes cualquiera, debe de abstenerse de signar la Ley de reforma del aborto si no quiere enfrentarse a ellos, que representan las esencias de la patria al propio tiempo que tienen encomendada la defensa del orden divino, del que el Rey, precisamente, debe ser su más fiel cuidador.

Es evidente que, la actual evolución de las ideas políticas en todo el mundo, incluso en el país que es paradigma de la peor de las derechas, cuyos presidentes civiles no dudaron un instante en destituir a los más señeros generales de su historia por no haber aceptado la supremacía del poder civil sobre el militar, hace totalmente irrelevante la postura de estos ridículos y anacrónicos militares, de tal manera que no tiene la más mínima posibilidad de ser aceptada por un señor que ha tenido ocasión de comprobar, en el círculo más íntimo de su familia, que la sociedad actual no está dispuesta a tolerar la más mínima incursión del poder militar en el ámbito de las competencias del gobierno del Estado.

Pero es triste comprobar que todavía existen mentalidades trasnochadas capaces de creer que puede frenarse, con la amenaza del uso de unas armas que no les pertenecen en modo alguno, la natural evolución de las condiciones en las que se desarrolla el ejercicio de los derechos fundamentales por los ciudadanos con los que conviven, del mismo modo que todavía hay jueces que priman un supuesto derecho a una privacidad inexistente sobre el de tener informados de modo suficiente a aquéllos.

Esperemos que estos casos desaparezcan para siempre del panorama de nuestra convivencia pacífica.

Aprovecho la ocasión para felicitar a todos los que participan en este blog, en estas fiestas, se consideren cristianas o saturnales, que de todo hay en la viña del Señor.

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