domingo, 21 de febrero de 2010

El halago

230 Comentario por eutiquio20/02/2010 @ 18:28
#206 Comentario por Martinico20/02/2010 @ 16:07
Fotismenez: Te ha costado pero lo has conseguido.
Saricarpio de diez . Enhorabuena, los ripios son un alivio en foros donde la ironía es la principal característica de su autor.

A ti, Martinico, en cambio, no debe de haberte costado nada pues no en balde fuiste nombrado un día juez del blog, cargo que por ser enteramente honorífico presupone la mayor imparcialidad, así que tú también mereces un diez de calificación por tu intervención en un debate en el que, qué casualidad no sólo has ido a ponerte de parte de los más fuertes sino también de los más numerosos, lo que me obliga a dedicarte un trabajo que había colgado esta mañana en mi blog y que, luego, retiré por parecerme ofensivo para algunas personas y no me gusta, por generalizar, ofender a alguien que no se lo merece. Ahí, va, Martinico, con mucho cariño y sin ninguna acritud:

Hay muy pocos hombres insobornables, casi ninguno. Y la mayor parte de ellos el precio que con más facilidad aceptan no es el dinero sino el halago.

Y es que todos tenemos, con pleno conocimiento de causa, un pésimo concepto de nosotros mismos. Todos sabemos que no valemos nada ni siquiera el esfuerzo de mirarnos al espejo porque lo que allí vemos es mucho peor que aquel maldito cuadro que mató a Dorian Gray.

Por eso sentimos esa inmensa necesidad de cariño, que alguien se apiade de nosotros y nos diga que no somos tan malos, tan poca cosa y cuando lo conseguimos un inmenso placer, mucho más gratificante que el sexual, nos invade y ya no somos capaces de renunciar a él. Y es entonces cuando estamos perdidos, porque nuestros aduladores harán lo que quieran con nosotros.

Es curioso, todo esto lo he aprendido casi a los 81 años deambulando por los blogs que llenan internet.

Allí, he visto como grupos no tan numerosos como ellos creen, se han hecho con el mando, utilizando en primer lugar el halago pero dejando muy claro también que no tienen inconveniente alguno en utilizar el as de bastos. Y así no hay quien se resista porque o te vence el halago de ver que todos hacen como que te admiran o el miedo de que te arreen un estacazo implacable como hacen con los pocos que no se les someten.

En fin, Martinico, que has acertado plenamente. Y, por ello, tú también te mereces un diez. Enhorabuena.

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