lunes, 22 de febrero de 2010

Carmen: He intentado contestarte en la sección de comentarios pero me sale un cartel diciendo que no han podido hacerlo

Querida Carmen:
Ni que decir tiene que tú eres mi preferida porque como todos soy un puñetero egoísta y la persona que mejor me ha tratado por esos puñeteros mundos de los blogs eres tú. Pero, por ejemplo, como no haces ni la menor referencia a mi comentario de hace ya no sé cuántos días en  que te comparaba con Hannah Arendt y Simone de Beauvoir, no se siquiera si lo has leído.


Magnífico eso que dices de que has llegado a la conclusión de que no hay gente de derechas y de izquierdas, te vuelvo a decir lo que te dije el primer día que te lei, es increible que una chica como tú que a lo más que llegó fue a bachiller elemental, creo, estoy halando de memoria, ponga otra vez el dedo en la 

llaga en una cuestión decisiva.

No nacemos de izquierdas o de derechas, ni siquiera la vida nos hace de uno u otro bando, nos hacemos nosotros, falsamente, intentando cobijarnos bajo el amparo de una bandera.


O sea que todos somos unos puñeteros maniqueos diciendo que somos comunistas o liberales, yo por ejemplo, en materia sexual soy de lo más conservador que conozco, me repugna profundamente leer a todos esos tipos que siempre están con alusiones a actos sexuales cuando hablan de política.


Que hay personas más evolucionadas que otras, es evidente, sobre todo si consideramos como evolucionadas poseer un sentimiento más humano y que a su vez son más sanas porque han superado ciertos complejos y traumas. En lo que ya no estoy tan de acuerdo contigo es en esa idea que parece desprenderse de lo que escribes de que el mundo está cambiando a pasos agigantados, aunque no nos demos mucha cuenta de ello, lo que me induce a mí a pensar que propugnas una idea de progreso moral con la que yo no estoy, en absoluto, de acuerdo. No creo que, moralmente, progresemos ni un milímetro, creo, más bien, que retrocedemos a pasos agigantados de tal modo que no es descartable que lleguemos a aquella quemas rituales de libros de que se nos hablaba en Farenheit no recuerdo ahora qué número. Vamos a toda velocidad, menos mal que yo no lo veré, hacia el imperio de esa civilización de la barbarie que nos cuentan esos magistrales autores de la ciencia ficción.


A lo peor me arriesgo a que abomines de mí, es lo que está sucediendo últimamente con todas las personas con las que trato gracias a ese espíritu de sinceridad que mi mujer llama grosería.Pero no creo que haya nada humano perfecto, completo y entero y yo, desde luego, no he experimentado nunca la plenitud de una vida que me haya enriquecido lo más mínimo y, si miro a mi pasado, lo veo todo horrible, un tipo que quiso dedicarse a escribir y tuvo que pasarse la mayor y mejor parte de su vida trabajando como un puñetero esclavo para sobrevivir. Soy un decidido admirador de la obra de John Osborne, “Mirando hacia atrás con ira” y creo que lo que han hecho conmigo es robarme la posibilidad de lo que yo entiendo por vivir, así que no puedo mirar el pasado con amor y lo que he aprendido de mis viejas experiencias es que la lucha contra el mal y a favor del bien es una batalla perdida y que cada día será aún peor y, por supuesto, tengo muy mala opinión de mí mismo tanto que quise entrar en el blog de Saco bajo el nick de hijo de puta.
En lo que sí que estoy radicalmente de acuerdo contigo es con el tratamiento que haces del tiempo, efectivamente no existe más que la experiencia del momento, porque el pasado ya pasó y el futuro no sabemos ciertamente si será y cómo será. En cuanto que tu te ames me parece lo más natural del mundo porque eres adorable, tal como yo te veo.


Por si no lo sabes esa idea del tiempo que has expresado la leí yo por primera vez a Donoso Cortés, un político, creo, muy conservador. Como también me resulta el summun de la ideología conservadora esa afirmación que haces de que “Todo está bien en mi mundo”.


Felicidades, pues, querida Carmen. Si yo pudiera, le pegaría fuego a un mundo tan injusto, incluso conmigo dentro.


No me hagas mucho caso hoy.


Un beso,

1 comentario:

Anónimo dijo...

Querido José, eso de abominar es muy feo, yo no uso esas cosas y usted confunde la sinceridad, que su mujer llama grosería, con una capacidad extraordinaria para afirmar su presencia y su punto de vista. Cualquiera que intente superarle en un debate se llevará una sorpresa, porque su mente actúa como un rayo láser que atraviesa la superficie y se dirige a la esencia en cuestión de segundos.
Una vez que ha llegado a la conclusión no hay nadie que pueda convencerle de lo contrario, a menos que sea por evidencias irrefutables. Debido a que defiende su punto de vista con tanta vehemencia, que puede dar la impresión de ser pesado y rígido, incluso ofensivo.
O sea puede que usted haya sido muy buen abogado. Y además un escritor de novela de intriga policíaca y esas otras de amor y drama.
Bueno, ahora escribe y en algún otro momento también lo ha hecho.
José, yo siempre digo que una cosa es lo que cada uno aspira a ser en la vida y otra lo que esta le tiene preparado para realizar. Además de que a cada generación viene marcada para cumplir acontecimientos y la suya venía destacada por su fuerte deseo de hacerse intelectualmente independiente para explorar la verdad sin reservas.
Con mentes abiertas e ingeniosas, pero también excéntricas y a menudo, en conflicto abierto con lo establecido.

Lo que digo sobre "Todo está bien en mi mundo", me refiero a una afirmación de estar en paz con uno mismo, una forma de ser tolerante con sigo mismo y con los demás.
Pegarse fuego es un deseo de purificación, al que cada uno tiene derecho. Purificar el mundo, o pegarle fuego, es un poder que no nos pertenece.

Y sí quiero hacerle caso, porque para mí usted es como si tuviese la oportunidad de volver a hablar con mi querido padre, que hoy en día andaría por su edad.

Bueno ahora la que lloro soy yo, así que me voy a la cama que es tarde y nosotras nos levantamos a las siete de la mañana.

Un beso de su amiga Carmen RM.

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