sábado, 13 de febrero de 2010

Otra equivocación grave del juez Garzón

Garzón se ha equivocado, otra vez, muy gravemente, en una lucha a muerte en la que se está jugando algo más que su cabeza judicial.

Porque si se le condena por prevaricador, la más grande de las ignominias que puede predicarse de un juez, caerá sobre él para siempre, de tal modo que, a partir de ese momento, ya todo el mundo, todo el mundo, eh, esos 10 millones de votantes del PP, podrán decir a gritos, sin temor a ninguna clase de reprimenda, cosas tales como “pero ¿qué validez tiene una instrucción como la del Gürtel realizada en su mayor parte por un juez prevaricador, es decir, por un juez que dicta a sabiendas resoluciones injustas?”.

Y ¿en qué consiste esa grave equivocación nueva de Garzón?

Tal vez sería mejor comenzar enunciando cuál fue la primera.

Ya la expuse, de pasada, en el comentario que anoche colgué aquí con el nº, por ahora, ya que el filtro hace lo que quiere con los números de comentario, 115., eutiquio13/02/2010 @ 01:07, bajo el título de “El lastre de tener al frente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder judicial a un integrista católico”: primero, ir como nº2 en las listas del PSOE por Madrid, a las elecciones generales, y segundo, cuando comprobó que Felipe no lo hacía ministro de Justicia,  ir a su juzgado, desempolvar el sumario del Gal, y hacerle al partido con el que acababa de presentarse a unas elecciones el mayor daño que se le ha hecho en toda la historia.

Y ustedes preguntarán ¿y qué podía hacer un juez teniendo en el cajón de su mesa de despacho de la Audiencia Nacional la instrucción de unos hechos que podrían dar al traste con la vida, que no es sino consecuencia de su historia, del partido más importante de la izquierda en el ámbito nacional?

Claro que podía hacer y mucho. Abstenerse del conocimiento e instrucción del mismo para lo que le sobraban motivos según el artículo 219 de la LEY ORGANICA DEL PODER JUDICIAL (LOPJ), en cuyo nº 8 se establece que será causa de abstención y, en su caso, de recusación: “amistad íntima o enemistad manifiesta con cualquiera de las partes” y, en el 9: “tener interés directo o indirecto en el pleito o causa”.

Pero no lo hizo porque él lo que pretendía precisamente era vengarse de aquel partido político cuyo Secretario general, entonces,  Presidente de Gobierno, había defraudado sus expectativas de llegar a una de las cumbres de la carrera judicial, el Ministerio de Justicia y la Presidencia del Tribunal Supremo. Y su venganza fue terrible. Aún hoy, cuando se quiere oponer a la corrupción del PP un ejemplo que la compense, se echa mano invariablemente, de los Gal y Filesa. Y no se anduvo por las ramas el magistrado, que consiguió empurar ni mas ni menos que a un ministro y a un secretario de Estado, José Barrionuevo y Rafael Vera, pero que no se detuvo ahí sino que intentó también procesar a González, al que el juez designaba en todas sus comparecencias públicas con una X mayúscula.

La vida tiene estas extrañas paradojas, aquel juez que entonces mereció por los que ahora le atacan a muerte el calificativo de Juez Campeador, hoy está a punto de sentarse en el banquillo precisamente bajo la presión que realizan los que entonces lo ensalzaban sin medida, y que pare ahí la cosa.

Pero, retomemos el hijo, hablábamos de otro grave error de Garzón de ahora mismo, que no es otro que el de haber escogido para su defensa jurídica a un catedrático de Derecho penal.

En teoría, la elección es perfecta. ¿Puede alguien defender penalmente a un ciudadano mejor que un catedrático de la asignatura? Rotundamente, no. Porque, efectivamente, los jueces y magistrados son los que crean la llamada jurisprudencia que, como su mismo nombre indica, es la ciencia máxima del Derecho, pero....

Ahí, precisamente, le duele. A todos los jueces y magistrados les repatea el estómago que haya otra casta jurídica que le dispute la supremacía en el conocimiento del Derecho: los catedráticos de Universidad. Y son muy duros con ella cada vez que pueden. Es decir que si el tribunal que va a juzgar a Garzón puede hacer quedar en ridículo al catedrático de Derecho penal que lo defiende, lo hará con muchísimo gusto.

En fin, el otro día titulaba yo mi comentario sobre el juez: “Garzón, un intento de ser optimista”, aunque lo terminaba escribiendo: “Ostras, Pedrín, que no soy tan optimista como yo creía”.

Hoy, temo apesadumbrar aún más a los que ayer mostraban cierto optimismo con motivo de la lectura del escrito de defensa del juez, con cuya ocasión me enteré de que su autor era un catedrático.

Ya digo, creo que es un error más de Garzón, del cual espero ardientemente que no tenga que arrepentirse.

Buenos días y buena suerte, que Garzón, sobre todo, la va a necesitar.

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