domingo, 14 de febrero de 2010

Vae victis, ay de los vencidos

Ayer o antes de ayer, que ya no lo recuerdo, se clamaba desde aquí por la existencia de un Derecho penal internacional justo y efectivo y se hacía desde la noble indignación por lo que ocurre cotidianamente en el mundo.

Hay 2 clases esenciales de Derecho, el científico y el positivo. El 1º es el Derecho teórico, el que nos dice lo que debe de ser, el 2º, es el derecho práctico, el que realmente existe, el que  es, quizá por eso se le denomina también Derecho positivo.

Para que un Derecho sea tal realmente, para que tenga la capacidad de imponerse frente a todos, necesita el concurso indispensable de la fuerza, de la coerción, un Derecho que no puede imponerse no es más que un irrelevante desideratum.

Y aquí, así, hemos llegado al meollo del asunto: para que exista una auténtico Derecho penal internacional es absolutamente indispensable la existencia de una fuerza también internacional que lo imponga.

Esa fuerza coercitiva internacional ¿existe? A lo mejor, algún ingenuo dice que sí, pensando en los cascos azules de la Onu.

Pero mi pregunta va un poco más lejos, la Onu, como organización operativa de todas las naciones, ¿existe realmente o es un órgano más al servicio de los poderosos?

Esto sí que parece una auténtica ingenuidad por mi parte. Casi todos los días asistimos a actos en el anfiteatro del famoso edificio, magnificamente  publicitados, que parecen dar pruebas incluso visuales de su existencia, pero ¿es real lo que allí sucede, lo que allí se representa? Porque el título de la organización habla de un plural que parece omnicomprensivo pero no hay nada más lejano de la realidad, allí sólo existe realmente una fuerza operativa constituida por los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad, en el que se hallan comprendidas las 5 naciones que son las que realmente gobiernan el mundo ya que su derecho de veto hace totalmente imposible que se haga en este planeta algo que a ellos no les interese.

¿Entonces?

Sí, es imposible un Derecho penal internacional porque para  ello serían necesarios una serie de requisitos que ahora, actualmente, no sólo no concurren  sino que ni siquiera pueden existir:

1-un sistema de decisión de la Onu realmente democrático, lo que implicaría la desaparición de la posibilidad de que los componentes de su Consejo de Seguridad tengan la capacidad de vetar las resoluciones de la mayoría;

2-el establecimiento de un sistema de ejecución de sus resoluciones que fuera realmente efectivo.

Mientras estas condiciones no se cumplan, la Onu sólo será una institución al servicio de los más poderosos del mundo, que suelen actuar, por el ya varias veces referido derecho de veto, a favor de los intereses particularísimos de los miembros de su Consejo de Seguridad.

O sea que, en las actuales circunstancias, el Derecho penal internacional no es sino una ilusionante entelequia incapaz de alcanzar, un derecho con el que ni siquiera podemos soñar, y que sólo actúa, como el otro día se decía aquí, en el bolg, muy bien, contra los vencidos, de ahí el título de este comentario: Vae Victis, ay de los vencidos.

Una sola cosa más: hasta ahora, que nuestro Congreso ha aprobado las resoluciones necesarias para impedirlo, el Estado español utilizaba su capacidad de coerción para que nuestros jueces y magistrados pudieran actuar internacionalmente contra los autores de crímenes contra la Humanidad, que son inderogables e imprescriptibles. A partir de ahora, ya no habrá en nuestro país la posibilidad de que jueces como Garzón puedan incoar procesos penales contra gentes como Pinochet y otros. Es por eso que el fundamentadísimo lamento de Juan Gelman, el eximio poeta argentino, por la persecución que sufre Garzón sería aún más notable si pudiera tener en cuenta esta nueva normativa que nuestro Congreso ha aprobado para que nuestros magistrados tengan que respetar la impunidad de gentes como Bush, Blair y Aznar.

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