lunes, 31 de mayo de 2010

Marxismo, mi defensa frente a periclex

#9 Comentario por eutiquio1.= 31/05/2010 @ 08:08

Con el permiso, presunto desde luego, de Manolo, me voy a permitir contestar hoy a una serie de comentarios de periclex de ayer, en los que, creo yo, que se atacaba a la ideología que yo profeso: el marxismo.

Respuesta lo más amable que sea posible a Periclex

Creo que es ya la 3ª vez que salgo aquí en defensa del marxismo y sólo es la 3ª cuando podrían haber sido muchas más pero es que no lo hago sino cuando el ataque a la ideología que supone la más alta concepción socioeconómica de la vida humana merece la pena por los términos en los que se hace y por los argumentos que se utilizan.

Periclex acaba de formular ayer una crítica a las concreciones históricas del marxismo de una dureza difícilmente superable pero también casi correcta en sus términos. A ella yo voy a responder como lo he hecho hasta ahora: distinguiendo perfectamente entre las ideas válidas-porque también las hay inválidas dentro de él-del marxismos y sus concreciones históricas que ciertamente no han sido muy afortunadas.

Para mí, el marxismo no es sino la formulación de una serie de principios extraídos del estudio de la historia y que se constituyen como un cuerpo doctrinal del que expongo para simplificar los siguientes:

A) todo es economía: la filosofía, el arte, la política, la ciencia no son más que superestructuras económicas

B) el bienestar del hombre debe ser la finalidad esencial de ese “continuum” que es la evolución histórica en el que se produjera la más perfecta concreción de una máxima que sustituye o complementa al imperativo categórico kantiano en el sentido de conceder al hombre todo aquello que necesita exigiendo a los demás todo lo que puedan aportar a la sociedad de acuerdo con su capacidad.

Si bien se observa, toda actuación política que bien se precie de promover la felicidad del hombre, actúa sobre la base de ambos principios, otra cosa muy distinta es que lo reconozca o admita. Es por eso que yo, a veces, afirmo que todo el mundo es marxista sin admitirlo porque piensa que el marxismo es precisamente eso que con tanta justicia criticaba periclex, sus concreciones históricas.

Y, ahora, acudamos a la realidad actual de nuestra vida política cotidiana. A mí, personalmente, no me cabe duda alguna de que el ideal político de periclex es el mismo que el mío y que éste se concreta en lo que ha dado en llamarse el Estado del bienestar, en el que se intenta, una organización política que tiende a que el individuo que en ella se inserta produzca los bienes y servicios imprescindibles para obtener el mejor o mayor grado de satisfacción de nuestras necesidades mientras dura aquella parte de su vida que consideramos plenamente activa, al propio tiempo que se articula un sistema de retribuciones pasivas que lo protejan cuando pierda su capacidad de participar activamente en dicha producción.

Si elevamos suficientemente el punto de mira de nuestra observación, nos daremos cuenta de que la situación ideal que acabamos de describir no es sino la plasmación de los 2 principios que expusimos como la base del marxismo. Es por eso por lo que afirmamos que todos somos marxistas, incluso Rodrigo Rato y Montoro, sólo que nunca lo reconocerán.

El problema radica en comprobar hasta qué punto dicha ideología marxista impregna realmente las estructuras políticas actuales de nuestro país. Y la conclusión es francamente desoladora porque lo que “disfrutamos” hoy en España es la concreción más rampante de la ideología neocons liberal ultracapitalista, probablemente porque en el entorno en el que nos hemos insertado voluntariamente no es posible siquiera pensar en otro estado de cosas.

Pero dicha desolación es superable si intentamos, dentro de las normas sociopolíticas de convivencia actuales, una modificación de las leyes reguladoras de las elecciones al poder legislativo de tal moldo que se promueva la que debe ser la esencia de su funcionamiento: un hombre, un voto, y que el valor de todos los votos de los hombres y mujeres de nuestro país sea igual.

Sólo así puede pretenderse que nuestra democracia sea real y absolutamente representativa, de tal modo que si la izquierda es mayoritaria, gobierne realmente, es decir, sea capaz de promulgar las leyes necesarias para que las circunstancias socieconómicas de nuestro pueblo estén de acuerdo de una puñetera vez con los intereses no de la clase dominante sino del pueblo español en su auténtica mayoría.

Un saludo, periclex.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola eutiquio1:
Soy ALIENADO. Te agradezco la defensa del marxismo ante Periclex. A veces se dicen las cosas teniendo, no una opinión formada por uno mismo, sino, recibida por los medios, no seleccionada y no sometida a crítica. Creo que a Periclex le pasó algo de eso, porque yo sí note cierta tendenciosidad en su comentario. Una especie de asimilación del marxismo con la radicalidad y con la violencia, o peor, con el terror revolucionario en su versión propagandística.
Decía Marx que la violencia es la partera de la historia, en el sentido de que la revolución llegaría antes o después, pero que, son las fuerzas que se oponen al sentido histórico que tiene el proletariado las que al oponerse a los cambios engendran esa violencia. Como resultado de esa revolución violenta se produce el cambio histórico. Por ello, dice Marx, que la ayuda al parto de la revolución, ayuda al nacimiento de una nueva sociedad sin clases. Lógicamente, Marx, no entiende que la violencia sea el único medio por el cual se llegue a una revolución; pero, tampoco es un pacifista en el sentido filosófico y religioso del término. Marx se plantea la lucha consciente de que quien detenta privilegios no renunciará a ellos por vías pacíficas. Es más, en los artículos de la Nueva Gaceta Renana de 1848/1849, Marx apoya a determinados bandos de una contienda bélica cuando cree que el triunfo de uno de los bandos acelerará los cambios revolucionarios. Marx apoya cualquier revolución (violenta) burguesa que se produzca frente a la autocracía porque estará más cerca la llegada de la revolución socialista.
Engels, también se embarcó después en distintos episodios e intentos revolucionarios en Alemania que terminaron en fracaso.
Y todavía tendríamos que analizar la teoría de la revolución leninista que tuvo una impronta peculiar bajo los aspectos y circunstancias de Oriente y la ausencia de una tradición ilustrativa como la que tuvo Occidente. Sin embargo, la revolución bolchevique se cobra menos vidas (muchísimas menos) que cualquier cambio de monarca o guerra que haya tenido Occidente; es posteriormente, con el apoyo occidental a las fuerzas contrarrevolucionarias y la invasión de diversas potencias cuando la revolución se defiende parando la violencia con la violencia. Pero, hasta un diplomático y escritor británico como Edward Hallet Carr, nada sospechoso de comunismo, quien se ha aproximado a la revolución de una forma honesta y procurando ser objetivo. Carr siempre se aproximo a la figura de Lenin con un respeto y una admiración encomiable. Lenin convencía con la palabra, nunca empleo la violencia como método y tenía un carácter dialogante y tolerante ausentes en sus oponentes políticos e ideológicos, dentro y fuera del partido, y hasta con fino humorístico. Cosa que no se podía decir de los Romanov, de Kolchak o de Kornilov, Wrangel o Pinsuldsky cuyas tropas blancas y polacas eran temidas en todo el territorio.
En fin, se podría hablar largo y tendido sobre todo esto. Pero no es de recibo que se exija a un oprimido mayor exquisitez en la lucha y en el respeto a los DDHH que la que se le exige a su propio gobierno burgués en las llamadas "misiones de paz" a tiros, o en el trato que sufren los inmigrantes en comisaria y en los CIE por una mera irregularidad administrativa (con 60 días de detención sin delito) ¿Qué hacemos, según la lógica de Periclex, se los podemos imputar a Zapatero? Pienso que con más motivo. De esto, podríamos hablar tú y yo muy profusamente por compartir algo más que la ideología.
Un abrazo, estimado amigo.
ALIENADO

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