viernes, 11 de junio de 2010

El bien no existe

#15 Comentario por eutiquio1.=11/06/2010 @ 09:42

El pesimismo no es sino la concreción del espíritu crítico del hombre, que, si es realmente pesimista, no es que ve la botella semivacía es que ni siquiera ve la botella.

Es en esto en lo que estoy radicalmente en desacuerdo con mi maestro: Foucault afirma que el poder también sirve para hacer el bien, yo creo que el bien ni siquiera existe, no es más que una apariencia, una especie de caramelo envenenado que se le ofrece a los niños, a los hombres, para engañarlos, dominarlos y asesinarlos.

En algún lugar absolutamente ignorado, el hombre más poderoso del mundo piensa en el modo de incrementar aún más su inmenso poder.

Pero ¿qué es el poder? El poder es lo que hace que tú te levantes por la mañana y te acuestes por la noche sin más horizonte que seguir trabajando ¿para qué?, precisamente para eso, para adquirir y almacenar la energía suficiente para seguir trabajando, porque tú no eres sino una pieza más en esa inmensa maquinaria que es el mundo, tal como nos enseñara el genial Chaplín en “Tiempos modernos”.

Otra pregunta: trabajar ¿para qué? Para producir, he aquí, al fin, la palabra. La producción es el principio y el fin de todo. Y la producción no es sino la base de una ciencia que pretende ser el principio y el fin de la vida.

Acabamos de toparnos no con la Iglesia, Sancho, sino con algo mucho peor aún, la economía. Economía, creo, que se deriva del griego ekonomos, verbo que significa elegir. Nosotros, los humanos, en cada momento no hacemos otra cosa que elegir, entre sentarnos a descansar o ponernos a trabajar frenéticamente ¿para qué? Para sobrevivir. Y ¿para qué coño queremos sobrevivir? Precisamente para eso: para seguir viviendo. Y vivir no es sino un modo como cualquier otro de arrastrarse.

Pero, volviendo al bien, no es sino un trampantojo con el que aquel tipo del principio, que nadie sabe quién es ni dónde está, nos engaña.

Él sí que sabe de qué va todo esto. Ha leído atentamente a los 2 más grandes sabios que ha dado la humanidad: Adam Smith y Carlos Marx. Del 1º ha aprendido que es el ánimo de lucro el que mueve a la humanidad y del 2º que, en virtud de ese afán de producir y acumular riqueza, es la puñetera economía la que mueve al mundo.

El problema, el único problema que tiene ese tipo, al que nadie conoce y del que nadie sabe realmente dónde está, es que no ha descubierto todavía el principio, la idea, para que ese proceso interminable de crear y almacenar riqueza no se vea interrumpido cada cierto tiempo por una crisis económica de proporciones incalculables.

El día en que otro sabio judío de barba blanca descubra el procedimiento para que la creación y acumulación de riqueza sea interminable, el círculo se habrá cerrado y la felicidad del hombre desconocido será perfecta, porque no se trata de otra cosa de que la riqueza de las naciones no tenga fin y de que al hombre le vayan dando por donde amargan los pepinos.

Pero hubo otro judío que dijo una frase terrible para estos apóstoles indeclinables de la riqueza: no se ha hecho al hombre para el sábado sino al sábado para el hombre.

Es por todo esto por lo que afirmo solemnemente que el bien no existe realmente sino que es un estado fugazmente transitorio hacia el mal, la única realidad existente. Comemos sólo para adquirir la energía suficiente para trabajar y todo lo que ingerimos acaba de transformarse en puro excremento, fornicamos para alcanzar el más grande de los placeres que conoce el hombre y por ese camino vienen nuestros hijos que no son sino la soga que la sociedad ata a nuestro cuello y nos esclaviza para siempre; vida, ¿dónde está tu victoria?

En resumen, que el hombre desconocido en el lugar ignoto nos tiene cogidos no sólo por el estómago sino también por los cojones.

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