domingo, 20 de junio de 2010

Os presento a Gilberta, una gran mujer, donde las haya

#126 Comentario por eutiquio1.=20/06/2010 @ 08:17

“#125 Comentario por Gilberta 20/06/2010 @ 02:17

D. Eutiquio de la Mancha: Te voy a contar un cuento verdadero. Estaba yo de maestra en un pueblecito, tenía en la escuela 13 niños de entre 4 y 11 años. Teníamos un cuaderno blanco donde cada uno escribía lo que quería y cuando quería. Allí cada uno escribía o dibujaba canciones, cuentos, aventuras, sentimientos, proyectos, etc.. Un día vino el padre de un niño a verme, le enseñé el cuaderno y me recriminó que no hubiera nombres, que cómo podía yo “valorar” a cada niño si nadie ponía su firma. Le expliqué que mi intención era enseñarles que la expresión libre de la cultura, de los sentimientos, de lo imaginado y de lo real, de las vivencias, sirve para crear una historia colectiva, igual que la que se ha ido creando a través de la historia de la humanidad. Que lo importante no son los nombres de quiénes hacen las cosas, sino el valor colectivo de las mismas. Le expliqué que hasta la Edad Moderna, muchos artesanos, intelectuales, copistas, poetas, trovadores, pintores, escultores, científicos, trabajaban en grupos, y pocos nombres propios nos han llegado hasta la época actual, y, sin embargo ¡cuánto arte! ¡cuántas grandes obras!. Aún le expliqué (cosa que los niños habían entendido mucho antes que ese padre), que el problema de la sociedad actual al personalizar tanto todas las cosas en materia cultural sobre todo, es que ha primado el nombre en detrimento de la obra, hasta tal punto que en la mayoría de los casos lo único que importa es la firma (la aberración de los nombres, le llamo yo).
Quiero decir que si escribiéramos en este cuaderno como los niños de aquella escuelita, y no hiciésemos valoraciones, sería más rico el resultado. Por ejemplo: ellos enlazaban los textos y los comentarios, pero nunca decían de otro: muy bien, mal,.. entre otras cosas porque desconocían el nombre de quien lo había escrito, y porque no queríamos desperdiciar papel, con lo que se evitaba esa mediocre costumbre de “los pellizquitos” a los que te refieres, o las expresiones malintencionadas que no son más que pequeños desahogos de algún mal estado de ánimo, o desde luego se suprimiría el deseo horrible de la vanidad o la proyección de ésta. Yo, por ejemplo, obvio los comentarios en los que al comenzar a leer intuyo alguna pequeña malévola intención hacia alguien, no dedico un segundo, lo olvido, y así se ahorra uno vista y energía para poder captar los ricos contenidos que colectivamente se crean cada día en este hermoso cuaderno.
Saludos”.
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Decía yo ayer que eras una mujer maravillosa y tu comentario de hoy nos lo confirma. Desde que comenzaste a escribir aquí, en el blog de Saco, me admiró la enorme cultura que emanaba de tus comentarios, tu sentido crítico, tu ecuanimidad unida a una singular energía en la defensa de los valores en los que tú crees y, ayer, por ejemplo, item más, me asombraste al decirle a MB que habías estado buscando entre lo que tienes de Byron para ver si encontrabas el poema incompleto que había intentado recitarnos el duro comentarista inventor de la patada giratoria.

Voy a cumplir 81 años el mes que viene, a los 5, mi padre me enseñó a leer en “Prosas profanas” de Rubén Darío, y, desde entonces no he hecho otra cosa que leer cada momento que he podido y coleccionar los libros que me apasionan para leerlos y releerlos; releer un buen poema, deletrear su contenido, gustar de cada letra, de cada palabra, de cada frase, de cada verso, en poesía, o igualmente en la magnífica prosa de los grandes maestros de la literatura es, posiblemente, el mayor placer de que disfruto en esta vida, pero me he sentido empequeñecido ante vosotros dos, MB y tú, porque Byron no es uno de mis favoritos, seguramente porque no lo conozco suficientemente, de modo que me causó cierto asombro leerte que habías rebuscado entre lo que tenías del poeta inglés tratando de facilitarle a MB el poema completo que él había perdido. Byron fue indudablemente un gran hombre, que trató de llevar a la práctica lo que pensaba y sentía con plena honradez y por ello merece todo el respeto del mundo pero yo como poeta ni siquiera lo consideraba, de modo que, ahora, creo que he perdido la oportunidad de leer a alguien que si como poeta es siquiera la mitad que como persona es muy digno de leer.

En fin, una carencia más de las infinitas que tengo.

Un saludo,

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