domingo, 20 de junio de 2010

Rosanna y su sentido del humor. Martinico, me sigue distinguiendo con su afecto

#153 Comentario por eutiquio1.=20/06/2010 @ 20:24

“#135 Comentario por Rosanna20/06/2010 @ 13:58…..
Gilberta, me parece muy bien lo del cuaderno, o un lienzo, o una masa de plastilina, donde cada uno invente, cree y de rienda suelta a su expresividad y emoción.-Ahora, mi pregunta es, ¿hay lugar para el humor allí?, ¿o se arranca la página?, ¿ qué hacemos con las susceptibilidades exacerbadas ?, ¿ reprimimos al resto?.
Se me hace muy cansino andar midiendo todo lo que digo para no ofender a nadie y calculando las palabras para que entiendan lo que es una broma ( a pesar del emoticono), y se me hace muy pesado dejar de ser espontánea…………Si la madurez significa perder el sentido del humor y estar siempre con la mosca detrás de la oreja, dimito y me voy”.
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Todo lo contrario, Rosanna, la madurez es precisamente el imperio del humor, pero del humor verdadero no de ese humor falso hasta las entrañas y tan basto como la misma zafiedad que se ríe de las equivocaciones ajenas en lugar de hacerle un quiebro elegante a la realidad.

La madurez o no es nada o es la comprensión de la realidad de la vida, y ésta comprensión es imposible sin el humor de tal modo que la vida, sin la ayuda del humor, no es más que una insoportable tragedia.

Pero el humor no existe en absoluto si uno no ha aprendido a reírse de sí mismo.

Verás, irascible princesa, hablando una vez más indecorosamente de mí mismo, si yo no poseyera el humor en cantidades industriales no habría podido sobrevivir en un blog en el que los que carecen totalmente de él, y son precisamente muy amigos tuyos, me han llamado desde “loca maricona y travestí octogenario” hasta “sucia rata masoquista” o algo así.

Pon tu linda mano sobre tu delicado corazón y responde: si tú, que no sé si te he entendido bien, amenazas con irte porque alguien-¿yo?-ha protestado dulcemente, la dulzura es otra de las mejores expresiones del humor, porque en un blog, de miles de páginas y cientos de comentarios, no has tenido otro motivo de intervención y sólo has intervenido cuando el pobre viejo que suscribe ha insistido en un mismo enlace para traerlo a este blog, teniendo casi en tus lindísimas narices, por ejemplo, otro comentario en el que su autor sentencia que mi referencia al insistente enlace no es sino la más palmaria demostración de que yo, en mi indeclinable soberbia, en mi indisculpable vanidad, no leo nunca lo que escribís los demás sino tan sólo lo que digo yo y el cortejo de los que me alaban, -que ésa es otra, hay que ver lo mal que os sienta que haya alguien que me alabe-, teniendo como excusa una inteligencia tan sutil como la tuya la ocasión, a huevo, perdona la expresión, de zaherir al que comete la petición de principio de no leerle a él cuando no he dejado, hasta hora de comentar, más o menos adecuadamente, todas esas diarias intervenciones en las que martinico, que se mete conmigo, tan frecuentemente que está a punto de agotar las innumerables máximas de Rochefoucault-son, creo 461-, que éste sí que es, se me ocurre a mí, un buen pretexto para demostrar no sólo tu gran sentido del humor sino también tu reconocido ingenio.

Pero hay un comentario de martinico que todavía no he comentado convenientemente, es ése del otro día en que ponía en escena la visita que Antístenes le hacía a Platón , con motivo de una enfermedad, y tan finamente como él, martinico, se refiere siempre a mí, Antístenes le decía al autor del mito de la caverna:” he visto ahí, en la palangana, tu bilis, pero en ningún sitio tu vanidad”.

Por alusiones, como siempre actúan tus grandes amigos, martinico me estaba diciendo a mí que soy un gran vanidoso, lo que, por cierto, es una verdad como un templo, sólo que él todavía me gana a mí al respecto: cómo será su vanidad que no me ha perdonado y parece que nunca lo hará que yo, irónicamente, en uso de ese sentido del humor que tú tanto me niegas, le calificara con un 10 el hecho de que él le atribuyera a un personaje que entonces triunfaba en este blog dicha misma calificación, otro 10, insinuando yo de esta manera torpemente que él, martinico, le estaba haciendo la pelota a tan egregio personaje.

Dime tú, angelical Rosanna, sin levantar todavía tu mano de tu corazón, cuál de los 2 es más vanidoso o soberbio, él, martinico, que no me ha perdonado, que parece que nunca me va a perdonar aquella pequeña e inocente broma mía, que hirió de tal manera su monstruoso amor propio y que alimenta cotidianamente su animadversión hacia mí hasta el punto de dedicarme, todos los días, el mejor de sus comentarios, citando siempre como indiscutible autoridad al genio de la Rochefoucault, o un tipo como yo, al que se le olvida comentar tales intervenciones-ésta de Platón y de Antístenes hace ya varios días que nos la colocó-.

Espero ardientemente tu respuesta.

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