viernes, 30 de julio de 2010

Malditos Bastardos, antes indignado, historia triste de un hijo bohemio

Supongo que todos conocéis la historia de ese viejo chocho que tiene un hijo bohemio por el que, sin embargo, siente una especial debilidad, es la jugada que el jodido sentimiento le hace a esta pobre gente a la que tanto le gusta soñar.

Como no podía ser menos, esta jodida historia es también la mía.

Normalmente, la trama recogía la vida de lo que en otros tiempos se llamaba “un bala”, un tipo que no hacía sino beber y trasnochar, llevar lo que se decía una vida de crápula, o sea, que se trataba de una especie de señorito que no daba golpe y que intentaba vivir como un príncipe. Si a esto le añadimos un tinte de bohemia, el retrato de aquel hijo canalla queda completo.

Pero los tiempos cambian que es una barbaridad.

Ahora, los bohemios son o incendiarios de la ultraderecha o auténticos anarquistas de la ultraizquierda, todos ellos dicen que están dispuestos a dinamitar el mundo pero lo hacen por motivos no ya distintos sino totalmente opuestos, a mí, ahora, aquí, me importa el dinamitero de izquierdas.

Este retoño mío, que me ha salido rana, dice el tío que es de izquierdas y, para demostrarlo, escribe todos los días extensas proclamas en el blog más leído de ese periódico progresista que ha financiado Zp con su mano derecha.

Ojalá este puñetero hijo mío fuera realmente de izquierdas porque yo lo soy de verdad y para mí sería el mayor de los orgullos que él también lo fuera pero, desgraciadamente, no es cierto.

El caso es que el tío, si no profundizas, si no analizas todo lo que sucede en el entorno en el que ahora escribe, es capaz de darte el pego porque adopta la actitud más revolucionaria que puede imaginarse, incluso ha creado un lenguaje especial, demasiado simple y romo para mi gusto, en el que cada vez que quiere hablar de nuestra derecha oficial, mete las letras PP en medio del texto, sea el que fuere, con lo que lo único que logra es que la lectura de lo escrito no sólo sea difícil sino pretenciosa: es un intento demasiado fallido de ser, al propio, tiempo expresivo y original.

Pero este fallo respecto al lenguaje es lo de menos. Lo de más es la intención, la finalidad. Como decía antes, pretende ser el summum de la izquierda, una de sus puntas de flecha, ha leído a casi  todo el mundo en ese campo y ha escogido, para defenderlos e imitarlos, a lo mejores, cita con soltura a Marx y a Engels y a todos sus epígonos y dialécticamente no es malo del todo, o sea, que puede darle el pego a cualquiera que no se moleste en estudiar el entorno en el que su cotidiana tarea se produce.

Porque, ya lo he dicho, al final de su errabunda carrera ha recalado, parece que definitivamente, en el blog que Manuel Saco tiene en Público. Parece un buen escaparate para vender su mercancía: el diario más izquierdoso de España, y el blog más leído seguramente también del país. Pero no es así.

Afortunadamente, la izquierda verdadera es otra cosa y, como se canta en los cumpleaños, siempre lo será.

La izquierda es la auténtica lucha por implantar en  esta perra y asquerosa vida que entre todos los canallas del mundo nos están imponiendo, el imperio de la verdad y de la justicia.

La verdad para saber dónde reside la justicia y la justicia para luchar por imponer a toda costa la verdad.

O sea que no se puede en modo alguno, todo lo contrario es la mayor aberración, titularse de izquierdas y ser un mentiroso esencial, proteger a los mentirosos, darles pábulo, otorgarles carta de naturaleza, protegerlos al límite, darles auténtica licencia para matar, protegiendo a los embusteros de tal manera que éstos puedan atacar impunemente a todos los que se les antoje, normalmente a aquellas personas que luchan precisamente por la verdad y la justicia, y, cuando  los agredidos intentan defenderse, contestando en ese mismo medio, el blog de Saco, en el que se ha producido la cobarde agresión, censurar los textos y, si no son convenientes para su sucio y repugnante proposito de engañar a las gentes que acuden cotidianamente a leer allí lo que consideran comentarios de izquierda, no permitir su publicación. O sea, es practicar la misma política informativa que llevan a cabo El Mundo y Libertad Digital.

Es, como fácilmente se desprende, la mayor traición al principio que se ha considerado esencial en el programa de una izquierda que bien se precie: “odio lo que usted dice pero daría mi vida para que usted pudiera seguir diciéndolo”, sí, el viejo paradigma de la auténtica libertad de expresión, sin cuyo seguimiento, titularse a sí mismo de izquierda es una auténtica villanía.

Pero es que al propio tiempo, y lo que es aún peor, se lesiona insuperable e irreparablemente la justicia, al permitir como coautor de los delitos de la calumnia y de la injuria, que se lesione el bien más preciado que pueden tener los luchadores por la justicia y la verdad en el mundo, su propio prestigio, su propia legitimidad, su propio aprecio, su propia estima , su propio honor.

Esto que se hace , casi todos los días, en aquel blog es una de las mayores canalladas que pueden cometerse en el mundo del periodismo porque dañan para siempre, irreparablemente, el único capital que tenemos algunos de los que nos dedicamos a esto de crear opinión sobre lo que está sucediendo en este perro mundo, en el que se les otorga la facultad de informar precisamente a aquellos que no sólo no tienen la voluntad de hacerlo sino que luchan por todo lo contrario, lo mismo que el PP y sus voceros, tergiversar, manipular, desinformar, calumniar, injuriar, delinquir y es completamente absurdo y paradójico que los mayores críticos del PP usen la misma táctica que él, por mucho que se padezca el síndrome de Estocolmo.

Pues, bien, este muy amado hijo mío, del que he intentado hoy contar su historia, se ha empeñado ciegamente en perpetrar la mayor de las contradicciones: ser de izquierdas y escribir todos los días en un blog, en un diario, en el que se atenta tan gravemente, como he descrito, contra la esencia de la izquierda, que es la defensa de la verdad y de la justicia, a través del mas riguroso respeto a la libertad de expresión.

Ergo, lo mejor para este hijo mío es que no sea realmente de izquierdas, que todo lo que cotidianamente escribe allí no sea más que un simple simulacro, porque, si no, está cotidianamente también perpetrando, contra su propia ideología, la peor de las traiciones.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Eutiquio, cada día que pasa lo encuentro en mejores condiciones. No desfallezca, sus escritos son el mejor de los bálsamos para la izquierda incomprendida.

Salud camarada.

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