jueves, 8 de julio de 2010

Un dios con minúsculas

Dicen que lo que transformo a Luzbel en Lucifer fue el pecado de la soberbia, que aquel hermoso arcángel, Luz Bella, quisiera transformarse en lo más bello del universo, o sea, en Dios, que no es, entre otras cosas, sino la suprema belleza.

El pecado de la soberbia no es sino querer ser más de lo que realmente se es/es uno. Y no sólo es un pecado angélico sino también humano. Muy humano, o, como diría Niestzche, demasiado humano.

Y he aquí que tenemos a unos pequeños hombrecillos que quieren ser grandes hombres, que quieren suscitar la admiración de los demás. Son poca cosa, en realidad, nada, pero eso sólo lo saben ellos. 

Y, afuera, existe la posibilidad de que los otros, los demás, los admiren, los aplaudan, digan “pero, oye, qué grande es Fulanito, ¿has visto lo que ha hecho, lo que ha dicho, lo que ha escrito?”. Es aquel mismo pecado arcangélico reducido a la mínima expresión pero, en esencia, es el mismo pecado. ¿O sólo es un crimen? Porque el pecado no existe para esa clase de personas que no creen en Dios, si no se cree en Dios, todo el universo se perturba, tiembla sobre sus cimientos y, si no cae, es porque, por todas partes, aparecen esos pequeños dioses, casi ínfimos, que son los propios seres humanos que se han endiosado hasta el punto de creerse ellos mismos, en su terrible insignificancia, auténticos dioses.

Y, entonces, tienen que iniciar ellos esa tarea ciclópea de convertirse ellos mismos en dioses.

Y es una tarea difícil pero que ellos asumen con la mayor diligencia. Se trata de significarse de alguna manera. ¿Cómo? Opinando sobre todo lo divino y lo humano y que ellos, los demás, los escuchen, los lean.

Y, aquí, volvemos a la idea central del poder.

De pronto, en la vida de todos estos hombrecillos, de estos insignificantes aspirantes a dioses, aparece la enorme, la increible posibilidad de que lo que ellos piensan, lo que ellos sienten, lo que ellos imaginan, pueda ser conocido, sabido, por los otros, por todos esos otros que están ahí, afuera, y que así tendrán conocimiento de su existencia, de modo que todos ellos llegan a superar el principio cartesiano del pienso luego existo, para convertirse en una pieza de Dios mismo: escribo y me leen luego soy una especie de dios vivo, ¿puede concebirse una mayor grandeza?

Éste es el poder de Saco, su inmenso poder. Por eso resulta omnipotente, puede hacer mucho más que aquel otro Dios, que está, allá lejos, en el puñetero cielo, tan lejos que sólo nos acordamos de él cuando truena, cuando llueve, cuando el cielo plomizo nos dice: “ aquí estoy”.

Saco hace todos los días el prodigioso milagro de que unos cuantos hombres y mujeres toquen con sus dedos sobre el teclado la facultad divina de que los otros pobres seres humanos sepan que ellos no sólo existen sino que piensan y sienten así, que son así de bellos, de hermosos, pequeños Luz Bellos, que se transforman en aún más pequeños seres luciferinos cuando venden su prodigiosa capacidad de hacer el bien, la verdad y la justicia, fines esenciales de un mundo socialista, marxista, comunista, por un misérrimo plato de lentejas, que los demás sepan que ellos no sólo existen sino que además son así, como se muestra en esos comentarios que ellos escriben asombrados de su propia capacidad y excelencia.

Éste es el poder de Saco: hacer de todos estos pequeños hombrecillo y mujercillas que acuden a su blog como a un panal de miel, una especie de pequeñas Belenes Estebán, que se aúpan a través de sus ordenadores a la fama de que sus nombres aparezcan todos los días en las páginas de un diario que se llama Público.

Indudablemente es un poder diabólico. ¿O es divino? Es igual, da lo mismo.


3 comentarios:

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Algo extraño me está sucediendo porque parece que todo lo que antes sabía se está olvidando.

Por ejemplo, quería referirme a eso de que hay más alegría en la casa ¿de quién? por la vuelta del hijo pródigo que por....

Y es eso lo que quiero decir, que debería estar muy contento por tu aparición al fin, por aquí, que, desgraciadamente coincide con la ausencia de la persona que no me había dejado solo nunca, Fernando Mora, que no sé si es que se ha ido de vacaciones o es que está molesto conmigo porque me pidió que me pronunciara sobre las huelgas que se comentaban en China y sobre lo que yo comencé a trabajar, incluso escribí un pequeño borrador inicial, que, luego, me lié y no pude concluir, y, ahora, al fin, apareces tú y me dices que mi blog no se puede leer bien, lo que coincide con lo que ayer me dijo otro lector, y, en mis intentos por arreglar este problema lo que consigo es que desaparezca tu comentario, que, menos mal, recuerdo en lo esencial.

Sí, mi querida y tan añorada CarmenRM, algo, o todo, no funciona como yo querría y no sé muy bien por qué, quiero suponer que no será por mi forzada ausencia del blog de Saco y mi constatación de que todo lo que allí me había sido favorable era, en realidad, una mentira, ojalá no sea por eso porque la situación mía al respecto ya no tiene ninguna posibilidad de volver atrás. No sé.

En cuanto a lo de escribir sobre el marxismo, eso que me parece un cable que tú me echas para que me agarre a él, ¿qué puedo decir que no haya dicho ya? Y no me agrada repetirme.

En fin, si hiciera caso a mis sentimientos, dejaría de escribir un cierto tiempo, o volvería a hacerlo en todos aquellos viejos proyectos que abandoné cuando inicié mis participaciones en aquel blog, pero no sé, me debato entre una enorme desgana y el pensamiento de que 81 años que cumplo el próximo día 24, no es una edad para empezar nada nuevo porque, a pesar de que tengo muy avanzados 3 proyectos: uno de poesía, otro de ensayo y una novela absolutamente terminada, Ensayo sobre la justicia, no me veo con ganas de empezar a corregirla porque ¿par qué?

Creo que es el peor momento de mi vida y necesitaría la ayuda moral de todos cuantos sientan por mí el menor afecto, pero, como me decía el otro día ese monstruo que es Malditos Bastardos, lo malo de este mundo en el que ahora parece que reside toda mi vida es que es sólo virtual, que no hay nadie realmente físico, tangible, en el que puedas apoyarte, por ejemplo, hasta tu comentario que ha motivado éste ha desaparecido, quizá para siempre, sin que yo sepa bien por qué, de modo que tal vez, dentro de poco, incluso no tenga la certeza de si en realidad ha existido.

Y está, luego, la falta de auténtica intimidad, todo esto es muy duro de decir aquí, públicamente, porque alegrará notablemente a mis enemigos. En fin, esto es, más o menos, lo que hay.

En cualquier caso, mi querida Carmen, muchas gracias por tu nueva aparición que te aseguro que es providencial si es que tú y yo podemos utilizar esta palabra.

Un beso,

Anónimo dijo...

No se si sus enemigos se alegraran, D. Eutiquio, pero yo si que me alegro de que usted haya puesto este comentario, reconociendo la inexistencia real de lo “virtual”…La vida es otra cosa y “Está en otra parte” que diría Milan Kundera”… Hoy es tarde para mí, ya hablaremos.
Un abrazo
MB.

Anónimo dijo...

Desisto, D. José. No hay forma de leer el blog, sólo los comentarios.
Al menos no es mi ordenador, ya que a CarmenRM le pasa lo mismo.
corazon

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