viernes, 9 de julio de 2010

Un dios con minúsculas

 Dicen que lo que transformó a Luzbel en Lucifer fue el pecado de la soberbia, que aquel hermoso arcángel, Luz Bella, quisiera transformarse en lo más bello del universo, o sea, en Dios, que no es, entre otras cosas, sino la suprema belleza.

 El pecado de la soberbia no es sino querer ser más de lo que realmente se es. Y no sólo es un pecado angélico sino también humano. Muy humano, o, como diría Niestzche, demasiado humano.

 Y he aquí que tenemos a unos pequeños hombrecillos que quieren ser grandes hombres, que quieren suscitar la admiración de los demás. Son poca cosa, en realidad, nada, pero eso sólo lo saben ellos.

 Y, afuera, existe la posibilidad de que los otros, los demás, los admiren, los aplaudan, digan “pero, oye, qué grande es Fulanito, ¿has visto lo que ha hecho, lo que ha dicho, lo que ha escrito?”. Es aquel mismo pecado arcangélico reducido a la mínima expresión pero, en esencia, es el mismo pecado. ¿O sólo es un crimen? Porque el pecado no existe para esa clase de personas que no creen en Dios, si no se cree en Dios, todo el universo se perturba, tiembla sobre sus cimientos y, si no cae, es porque, por todas partes, aparecen esos pequeños dioses, casi ínfimos, que son los propios seres humanos que se han endiosado hasta el punto de creerse ellos mismos, en su terrible insignificancia, auténticos dioses.

 Y, entonces, tienen que iniciar ellos esa tarea ciclópea de convertirse ellos mismos en dioses.

 Y es una tarea difícil pero que ellos asumen con la mayor diligencia. Se trata de significarse de alguna manera. ¿Cómo? Opinando sobre todo lo divino y lo humano y que ellos, los demás, los escuchen, los lean.

 Y, aquí, volvemos a la idea central del poder.

 De pronto, en la vida de todos estos hombrecillos, de estos insignificantes aspirantes a dioses, aparece la enorme, la increible posibilidad de que lo que ellos piensan, lo que ellos sienten, lo que ellos imaginan, pueda ser conocido, sabido, por los otros, por todos esos otros que están ahí, afuera, y que así tendrán conocimiento de su existencia, de modo que todos ellos llegan a superar el principio cartesiano del pienso luego existo, para convertirse en una pieza de Dios mismo: escribo y me leen luego soy una especie de dios vivo, ¿puede concebirse una mayor grandeza?

 Éste es el poder de Saco, su inmenso poder. Por eso resulta omnipotente, puede hacer mucho más que aquel otro Dios, que está, allá lejos, en el puñetero cielo, tan lejos que sólo nos acordamos de él cuando truena, cuando llueve, cuando el cielo plomizo nos dice: “ aquí estoy”.

 Saco hace todos los días el prodigioso milagro de que unos cuantos hombres y mujeres toquen con sus dedos sobre el teclado la facultad divina de que los otros pobres seres humanos sepan que ellos no sólo existen sino que piensan y sienten así, que son así de bellos, de hermosos, pequeños Luz Bellos, que se transforman en aún más pequeños seres luciferinos cuando venden su prodigiosa capacidad de hacer el bien, la verdad y la justicia, fines esenciales de un mundo socialista, marxista, comunista, por un misérrimo plato de lentejas, que los demás sepan que ellos no sólo existen sino que además son así, como se muestra en esos comentarios que ellos escriben asombrados de su propia capacidad y excelencia.

 Éste es el poder de Saco: hacer de todos estos pequeños hombrecillo y mujercillas que acuden a su blog como a un panal de miel, una especie de pequeñas Belenes Estebán, que se aúpan a través de sus ordenadores a la fama de que sus nombres aparezcan todos los días en las páginas de un diario que se llama Público.

 Indudablemente es un poder diabólico. ¿O es divino? Es igual, da lo mismo.

2 comentarios:

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Bueno, mi querida corazón rojo insiste, como anónimo y CarmenRM, en que los textos de mis posts no son legibles plenamente y, entonces, me meto a informático y lo que consigo es que aparezca, otra vez, el post de marras en blanco y negro, pero sin comentarios, lo que me produce gran desolación puesto que no quiero que suceda con los comentarios de MB y de ella lo que sucedió con el de mi muy querida CarmenRm, que desapareció en mi intento anterior de resolver el problema.

Menos mal que, en este caso, el post anterior casi ilegible se ha mantenido también con sus comentarios, por lo que voy a estarme quieto y dejarlo así, para que dichos comentarios se conserven.

Decidme, por favor, si, ahora, con el texto en negro sobre blanco, se lee bien éste para dejarlo así o para seguir buscando soluciones.

Gracias anticipadas y besos,

Anónimo dijo...

Ahora sí, ya se puede leer.
Gracias.
corazon

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