miércoles, 11 de agosto de 2010

Caminando por una calle alegre, pero menos

Esto me sucede a mí algunas veces. Siento la necesidad de dejar de pensar polìticamente y entonces vuelvo a aquellos hermosos tiempos en que escribía poemas, malos, pero necesarios para quien quería descargar de algún modo la presión.

De modo que, para compensar el pesimismo del anterior trabajo, cuelgo éste ahora que no parece tan triste:

     Y saliste de alli a caminar
y la calle volvió a ser ese fluente arroyo
en el que todos parecemos gotas del mismo agua
y eran la luz y el aire y era también el sol
y el cielo y las casas, que parecían todas habitadas
por esa gente amable que siempre sonríe
y la vida te pareció tan hermosa que sentiste
ganas de bailar y bailaste, que no otra cosa
es andar por una calle jubilosa
donde todos se sienten como si realmente
fueran hijos de Dios y era como si ya no hubiese
hambre en el mundo, como si no existiera el dolor,
como si allí, donde todos sabemos, ninguno de nosotros
estuviera matando, ahora mismo, a otro.

                        Cartagena, 4-7-93

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