martes, 10 de agosto de 2010

El binomio maldito

Sin igualdad la libertad es imposible.

Si el obrero no se halla en igualdad de condiciones que el patrón, si no tiene asegurada su normal supervivencia aunque no firme el contrato, no es libre para contratar sus servicios sino que está ob ligado a ello. O sea que no tiene libertad porque no se halla en igualdad de condiciones contractuales.

Si se mantiene al proletariado en una condiciones pésimas, es decir si se mantiene a los obreros en las condiciones más precarias posibles, los empresarios no actúan en condiciones de igualdad en las contrataciones laborales sino que lo hacen en condiciones totalmente leoninas, ya se sabe: “todo para mí, yo tomo la 1ª porque me llamo león, la 2ª me la daréis a mí porque soy el más fuerte, la 3ª también, porque valgo más y un mal muy grave le sucederá al que toque la 4ª”.

Algo semejante ocurre cuando se trata de elegir entre varios para la ocupación de un puesto de trabajo o un cargo público: es absolutamente necesario que todos los que opten a éstos se hallen en igualdad de condiciones, pero esto, en las actuales circunstancias, ¿sucede así en algún caso?

Ah, la libertad, si ésta rige siempre, cualquiera que sea el caso, ésta, que se considera suprema conquista de las sociedades, puede convertirse en la base para la comisión de las mayores injusticias.

O sea que se opondrá radicalmente al máximo principio a defender por la auténtica izquierda, la consecución de la justicia, de modo que no acabamos de comprender la sorpresa que en uno de los máximos representantes del pensamiento liberal español del siglo pasado, el eminente Giner de los Ríos, preclaro fundador de la Institución Libre de Enseñanza, en la que se formaron gente de la talla de  Manuel AzañaJulián BesteiroJosé Ortega y Gasset,Federico García LorcaSalvador DalíAntonio MachadoJuan Ramón JiménezLuis BuñuelMiguel de UnamunoFernando de los Ríos  y otros, se asombrara tanto de la famosa respuesta de Lenin: “Libertad, ¿para que?”.

¿Para que los poderosos desiguales masacren a los débiles desiguales, para que los que mantienen y detentarán siempre el poder se rían en la cara de los que no tienen otro poder que el de morirse de hambre, en medio de su libre desigualdad?

Conmigo que no cuente nadie para situar la libertad por encima de la igualdad porque creo firmemente que sin ésta, aquélla sólo sirve para aumentar la opresión y el dominio que los poderosos ejercen sobre los débiles.

O sea ¿qué principio debe primar: el de igualdad de oportunidades o el de libre designación empresarial?, porque un empresario privado, dueño exclusivo de su empresa, es mucho más que un rey en todo lo que atañe a ésta.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Efectivamente, mejor explicado imposible. Es una pena que su artículo, entre otros, no los lean los socialistas que gobiernan este país, porque parecen que no se enteran de nada o no quieren enterarse.
De la única manera que tendría credulidad el fundamento en el que se sujeta el neo-liberalismo, sería si todos los recursos de la tierra se declarasen patrimonio de la humanidad. Si todas las empresas fuesen dirigidas por expertos pero todas las ganancias repartidas entre todos los ciudadanos que trabajan en ello.
Si a nadie se le diese la oportunidad de declararse propietario de un pozo de petróleo. O que un invento no se ponga al servicio de la humanidad con un bajo coste.
Que lo mismo pasa con ciertos artistas, que tienen patrimonios incontables, mientras otros, no tienen oportunidades. Precisamente por apropiarse de una creación que sin los demás participantes, incluidos consumidores, no llegarían a ninguna parte.
¿Libertad para qué...? Pues eso, para hacer grandes fortunas a costa de los demás y de apropiarse y beneficiarse de influencias políticas. Del desvío del dinero que defraudan a Hacienda Pública hacia los paraísos fiscales.

Es increíble que mucha gente no se de cuenta de que el mundo está dirigido por una gran empresa mafiosa y sin ningún tipo de escrúpulos hacia los derechos humanos. Todo son pantomimas.
El sentido de las empresas son para hacerse ricos, no es para enriquecer al conjunto de la humanidad y de la Tierra.
Hay un manipulación importante en cuanto al desarrollo de la libertad del hombre a través del liberalismo. Las personas no encontramos la libertad a través del consumo desproporcionado de todo lo que se fabrica. La libertad está en el conocimiento y en la confianza de que en la vida no nos faltará el alimento necesario para nuestra subsistencia.
Sigo más abajo por si se corta.
Carmen RM.

Anónimo dijo...

Ese alimento que justamente repartido tendría que llegar a todos.
Tendríamos que cuestionarnos, como humanos que somos, si no estamos perdidos en demasiadas perversiones.
Si consentimos lo que otros están haciendo para enriquecerse...¿Qué clase de personas somos?
Los gobiernos nos enfrentan a situaciones contradictorias. "Si consentimos a ciertos terroristas (ETA) somos sus cómplices". Pero si consentimos que el gobierno favorezca el enriquecimiento abusivo a unos y, por otro lado, que miles de familias no tengamos un trabajo o medio de vida para lo básico...¿Qué clase de personas somos?
¿Es matar la solución de algo?

Entonces, ¿Qué están haciendo los gobiernos empresariales...?

Carmen RM.

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Qué bárbaro, Carmen, parece que, por casualidad, he tocado el botón justo que tú esperabas. Luego, si tengo un poco más de tiempos, mi mujer está enferma y tengo que hacer de amo de casa, intentaré volver sobre todo esto.

Un beso,

Anónimo dijo...

Y lo más acuciante es que, ahora, los que se hacen llamar socialistas sin serlo proclaman la libertad de empresa y de explotación por encima del resto de derechos y libertades, incluso, de los derechos fundamentales.
Sin igualdad, no se puede hacer ejercicio de la libertad. El Estado social, en el que se basaba nuestra constitución, precisamente, en el artículo 9.2 prevé que los poderes públicos realicen una labor de conformación social, promoviendo condiciones reales y efectivas para la libertad e igualdad, removiendo los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitando la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.
No deja de sorprender, sin embargo, que la realización de esta función del estado social, como estado del bienestar o Welfare Stade ha quedado sepultada en el olvido de la voluntad política y del ideario de los socialistas del PSOE.
Es decir, no es que no estén dispuestos ya a cumplir un proyecto revolucionario de izquierda transformadora, es que ni siquiera existe la intención de cumplir con el Estado del Bienestar. Lejos quedan, pues, las proclamas y los deberes constitucionales cuando se trata de ofrecer prestaciones por las que los trabajadores pagan a lo largo de su vida y a las que tienen derecho.
El Estado, como forma de organización política histórica, mientras exista la forma de producción capitalista (generadora de tensiones de clase), se demuestra que es una superestructura dirigida a dirimir por la fuerza las tensiones de la lucha de clases; y siempre, en sentido favorable a la clase económicamente dominante, que también lo es políticamante, y no dejará de serlo nunca bajo esa forma de producción.
De tal modo, que el Estado en lugar de proteger a la clase más débil, protege a los propietarios de los medios de producción. El obrero lo único que posee es su fuerza de trabajo y para poder sobrevivir la vende al capitalista por un salario. Uno, vende para sobrevivir; el otro, compra para ser más rico. No existen igualdad de condiciones como pensaba el legislador decimonónico en el CC de 1889. Sin embargo, nuestros políticos, encabezados por los socialistas del PSOE, parecen retornar a un pensamiento caduco.
¿Libertad para qué? Libertad para ser libre, y obviamente esa libertad, o es para todos, o no es, y nadie puede ser libre completamente mientras existan desigualdades. Ahora, asestado el golpe al Estado del Bienestar por los mercados secundarios de valores con la connivencia de los renegados socialdemócratas, los trabajadores quedan desprotegidos y en desigualdad de condiciones frente al patrón.
Un Fuerte abrazo, compañero.

Alienado.

PD.- Ya te dije que opinaría en tu blog para hablar de política.

Anónimo dijo...

Y bien que has hablado Alienado.
El problema, además de lo que tu dices, también lo tiene el llamado patrón, o empresario, por estar metido en la misma espiral del juego del liberalismo con su principal fundamento de que ninguna empresa es rentable si no es para obtener grandes ganancias.
Cuando cualquier empresa, por muy pequeña o grande que sea, si rinde para mantener cierto número de puestos de trabajo, con unos horarios ajustados a su rendimiento, y con un reparto de ganancias equitativo...(el principio de equidad es un Principio General del Derecho) como José sabrá muy bien, es rentable siempre que lo que produzca sea necesario para el consumo, se entiende.
El caso es que llegados a este punto todo está por rehacer.
Está más que claro que tenemos que negar rotundamente seguir por esta senda del capitalismo neo-liberal.
Carmen RM.

Anónimo dijo...

Hola, Carmen RM,
El Estado del Bienestar nació como consecuencia del empuje de la lucha de clases y de la existencia del poderoso contrapeso de la URSS. Más, fundamentalemente, por este segundo factor que por el primero. La quimera del obrero occidental, en su soberbia, fue creer que todo lo que había conseguido era únicamente consecuencia de su lucha, cuando, realmente, si tuvo alguna influencia en este aspecto fue, más bien poca. Amplios sectores de los obreros occidentales fueron sobornados a cambio de renunciar a la transformación económico-social. Destruido el bloque del Este, claramente se observa cómo el Estado del Bienestar apenas sí se mantiene en Noruega (¿durante cuánto tiempo?). Y es que la revolución proletaria o acaba con el estado como forma de dominación o, siempre mantendrá resquicios y maneras del viejo orden burgués, por cuanto es una superestructura nacida para proteger la estructura tensionada por la lucha de clases. Para suprimir el Estado, la revolución se debe producir en todo el mundo, sino, el Estado Revolucionario, ahora, en manos obreras debe permanecer para impedir el ataque exterior. Los obreros occidentales comprados, el socialchovinismo del que hablara Rosa Luxemburgo, tienen una gran responsabilidad por haber retardado la revolución occidental a cambio de unas prendas hasta el punto de renegar de ella. Ahora ve como la espada de la exclusión, el desempleo y la desindustrialización se cierne sobre ellos. Todavía, la mayoría de los obreros occidentales tienen pensamiento socialchovinista.
Y esa es la principal lacra contra la que luchar.
Un fuerte abrazo!
Alienado.

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