domingo, 22 de agosto de 2010

La pesadilla de una noche de verano


Ahora resulta que los poetas le han ganado la partida a los sabios.

“Proletarios de todos los países, uníos”: Marx y Engels.

“La vida es una historia llena de ruido y de furia, narrada por un idiota”: Shakespeare

“Ésta es la aurora de nuestro desengaño”: Shakespeare.

Estoy escribiendo esto a las 5'19 horas de la mañana del domingo, 22 de Agosto, del 2.010.

He tenido una pesadilla de la que no he podido reponerme. He soñado que el PP ganaba con mayoría absoluta las próximas elecciones generales y el miedo y la rabia han llenado mi corazón.

¿Qué va a ser de nosotros? ¿Adónde iremos a pedir lo que la vida nos debe? ¿Qué defensor del pueblo tutelará nuestras demandas ante un poder político que ya sólo será el más servil de los lacayos de ese  poder económico que nos está empujando hacia el peor de los abismos, porque no es cierto que el mundo y la vida vayan a mejor, si una quinta parte de la humanidad vive en la peor de las miserias puesto que se muere en la calle de hambre, mientras en Nueva York y Londres, París, Berlín y Madrid, unos cuantos señores deciden en sus respectivas Bolsas de Valores, el destino de la humanidad de acuerdo con las leyes de una economía asesina?

Porque todos los que tienen auténticas facultades de decisión han dictaminado que el dinero, el Capital, ahora algunos lo llaman el Poder, es lo único que realmente merece la pena en el mundo, de modo que “el poderoso caballero es don dinero” se ha impuesto, al fin, definitivamente.

Pero ¿cómo es posible que haya sucedido esto, cómo lo hemos consentido, qué nube negra nos ha cubierto los ojos para siempre de tal manera que no hemos sido, que no somos, capaces de ver, que ésta que ahora se nos impone es la peor de todas las salidas, que este asqueroso pan para hoy no es, no puede ser, sino el hambre para mañana, cuando ellos afilen aún más sus garras y las máquinas acaben sustituyendo definitivamente a las personas y nadie pueda dar ya marcha atrás en este camino enloquecido que acabamos de emprender?

Los que alguien llamó, con el mayor de los aciertos, “tontos de los cojones” le habrán dado el triunfo definitivo a sus enemigos naturales, aquellos que no sólo los explotan ahora sino que impondrán las condiciones necesarias para que nunca puedan liberarse de esas cadenas con las que los están atando definitivamente.

Porque, si bien es cierto que ahora tienen coche y piso en propiedad, sus hijos, sus propios hijos ya ni siquiera tienen sitio donde trabajar y viven a costa de los padres pero ¿cuánto es posible que dure esto?

Y junto a ellos, colaborando decisivamente en la victoria de la regresión, están los que podríamos llamar paralelamente “listos de los cojones” porque éstos sí que saben de qué va la cosa.

Son los que se autotitulan de izquierda y que van del rosa pálido al rojo bermellón. 

Los primeros han decidido declarar como sus enemigos irreconciliables, mucho más aún que a los de la ultraderecha, a los llamados “rojos”, porque representan realmente el auténtico peligro para ellos, ya que suponen la otra posibilidad de votar a una izquierda auténtica que busque realmente la revolución, ésa que le daría la vuelta realmente a la tortilla, ésa que no tendría reparo alguno en afirmar que la revolución sería posible si todos los que se proclaman de izquierdas lo fueran de verdad y no pactaran turnarse en el gobierno del país con la peor de las ultraderechas que poco a poco les va ganando la partida desde las mayoría absolutas de Felipe González a la pírrica victoria de Zp, que tiene que limosnear, pagando lo que sea, para conseguirlos, unos cuantos votos para aprobar los presupuestos.

En realidad, ésta que se autotitula “izquierda rosa” no es tal izquierda sino una derecha que apenas si es civilizada.

Porque su pensamiento político esencial es el mismo que el de la ultraderecha: la libertad de los mercados es absolutamente innegociable: puesto que es la libertad del hombre que busca criminalmente su propio enriquecimiento el que compitiendo libremente con otros tan criminales como él promueve el progreso de las empresas, o sea, su exponencial crecimiento que repercute  indiscutiblemente en el crecimiento también exponencial no sólo de la riqueza de las naciones sino también de los ciudadanos que las habitan.

Es palabra de Dios y no queda sino decir aquello de “Te alabamos,  Señor, amén”.

Entonces, ante este nuevo dogma irrebatible, ¿que es lo que se puede hacer realmente?

Zp y sus menguadas legiones socialistas ya lo han dicho: “marchemos libremente y yo el primero por la senda neocons capitalista ultraliberal”.

Y el problema que esta canallesca sumisión a todos los principios ultraliberales ha planteado es realmente irresoluble porque:

1º) si no se vota esta opción, que podríamos llamar derechista pero civilizada puesto que se resiste en cierto modo a actuar de acuerdo con los principios maximalistas de la derecha más ultramontana que preconiza la total sumisión al capital puro y duro de tal modo que todo lo que favorece la acumulación de éste es algo sagrado y, por lo tanto, totalmente indiscutible,

2º) es absolutamente inevitable la victoria de esa otra derecha implacable que acabará pisoteando hasta el último reducto del Estado del bienestar, por lo que

3º) sólo le queda a la izquierda, ir a votar, con una pinza en la nariz, al menor de los males posibles, esa derecha vergonzante y vergonzosa: esto es lo que se ha dado en llamar posibilismo, una decisión tan asquerosa como absolutamente inevitable ya que, si no, daremos el triunfo a la peor de todas las derechas posibles, ésa que aplastará con su bota claveteada y fascista las pocas libertades que nos quedan.

O sea que tenía razón, hace ya tantos años, el cisne de Avon cuando escribió aquello de que “la vida es una asquerosa y repugnante  historia llena de ruido y de furia, narrada por un idiota”, que somos todos nosotros, porque lo consentimos, lo estamos consintiendo y lo consentiremos por siempre y para siempre, por eso esta aurora, son ahora las 6'16 de la mañana, es “la aurora de nuestro desencanto”, y por eso decía yo, al principio, que los poetas, el poeta, le había ganado la partida a los sabios, a los filósofos, Marx, Engels, Lenin y otros, cuando soñaban que los proletarios de todos los países, unidos, le iban a ganar la partida a los poderosos de la Tierra, porque ellos no conocían a fondo, como sí lo hacen los poetas, la verdadera naturaleza del hombre, que no es sino una puñetera mierda.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Otras opciones del abanico electoral? o estamos atrapados para siempre en la teoría equivocada del voto útil?

Anónimo dijo...

Eutiquio,
Te lo traigo con retraso. Este vídeo descubre cómo, periodistas de Tele 5, manipulan.
http://www.marxismo.org/?q=node/1847
Alienado.

Anónimo dijo...

LA REALIDAD
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Ya lo dice bien alto y claro el refranero español : Gobierno de Rojos = Hambre y piojos

Anónimo dijo...

Otro pensamiento de Shakespeare: "Dueños de sus destinos son los hombres. La culpa, querido Bruto, no está en las estrellas, sino en nuestros vicios".
Una forma de colaborar con la revolución para la mejora del mundo, es denunciar los vicios de los que ponen freno a tal obra.
¡Salud!

Fernando Mora dijo...

Un poco O.T. ..., o no.

http://www.attac.es/ignorancia-de-los-mercados/

Anónimo dijo...

D. Eutiquio, no espere ninguna revolución por elecciones bajo el viejo régimen de dictadura del capital; es imposible. Sólo una revolución de los desposeídos puede ser eficaz. Decía Lenin: "Sólo los bribones o los tontos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el Poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo Poder." (Lenin en “Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes”, Obras Completas, t. XXX.).
En cuanto a lo de la naturaleza del hombre, decía un día un buen amigo mío, que el hombre es estúpido por naturaleza y que contra eso poco se puede hacer. Bueno, ya veremos a ver si el memo (el hombre, no mi amigo)espabila a patadas...
Alienado.

Anónimo dijo...

De todas formas, Eutiquio, al hilo de ésta, tu pesadilla y la de muchos, ponte en el mundo de lo imaginable. Lo que venga, tiene que venir barriendo, porque todas las transformaciones sociales y económicas de la historia se han producido en un huracán de explosión social. Es imposible que una victoria electoral de un partido de izquierda verdadera transformara nada, porque se estaría comprometiendo con el sistema; y los Jueces, el Constitucional, los poderes fácticos económicos y financieros, medios de comunicación, etcétera, etcétera, no lo iban a consentir (tragan con los cambios civiles, pero no les toque usted la economía que le pueden ahorcar). Los cambios que se produzcan, tienen que ser como un huracán que arrample con los potentados sin contemplaciones y con una fuerza brutal que les sea imposible levantar cabeza. Y eso, sólo se puede conseguir con la revolución.
Salud,
Alienado.

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