viernes, 20 de agosto de 2010

Periodistas

Son las 5'25 de la mañana, mi familia duerme y yo estoy despierto, ahora creo, ALIENADO, que ya puedo escribir.

El tema que voy a tratar hoy es quizá el más importante que me haya planteado nunca en mi vida, por eso me gustaría gozar de esa inspiración que Cela decía que cuando nos llegue debe de cogernos trabajando.

Se trata, ni más ni menos, que de la total demoralización que invade el mundo, de sus causas y de sus posible remedios.

Todos, absolutamente todos, deberíamos estar de acuerdo en que el mundo que hemos conformado, iba a escribir que es una puñetera mierda, pero lo obvio porque me parece poco científico, y escribo en su lugar que es manifiestamente mejorable, pero esto me parece tan tibio que temo que Dios me escupirá de su boca.

En fin, todos sabemos que el mundo que nos rodea, que nos envuelve, que nos comprende es un mundo totalmente inaceptable, que debemos de rechazar con todas nuestras fuerzas porque en él imperan de un modo intolerable la mentira y la injusticia, ante el silencio de todos nosotros, la inmensa y despreciable mayoría.

¿Quién tiene la culpa de esto?

Julien Benda, hace ya muchos años, le echó la culpa a los intelectuales, en su obra “La traición de los clérigos”.

Pero yo considero que se equivocaba, los clérigos, los intelectuales sólo son culpables de abulia, de cobardía, de pereza, de falta de testosterona.

Se han vendido, sí, algunos, se han acobardado los más, se han desanimado todos porque piensan que intentar levantar la moral del pueblo es una tarea no ya gigantesca sino completamente imposible si se tiene en contra lo que se ha dado en llamar el 4º poder pero que todos los que sepan realmente de qué va la cosa saben ciertamente que es el 1º.

Pedro J. Ramírez, Luis María Anson y todos aquellos otros que formaron parte de lo que se llamó el sindicato del crimen, y que se cargaron el gobierno de González, cuando éste estaba enrachado y ganaba elecciones tras elecciones, saben muy bien a qué me refiero.

Como también lo saben aquellos 2 redactores del Washington Post que ellos 2 solitos se cargaron al Presidente de los EE:UU. de América.

El poder de la prensa es infinito si es que hay algo humano que lo sea.

Y estamos hablando de la prensa escrita, pero no digamos nada de ésa otra que constituye la auténtica palanca de Arquímedes, la televisión. “Darme un punto de apoyo, darme una pantalla y moveré el mundo”.

Si a una persona como Belén Esteban o a un tipo como Julián Muñoz se les puede hacer el centro de la vida de un país sólo porque así lo han querido unos infectos programas de televisión, ¿qué es lo que puede suceder si varias emisoras de Tv y varios diarios importantes deciden hacer algo?

El problema es el más importante del mundo, tal como apuntábamos al principio, porque para lanzar una Tv o publicar un periódico son necesarios muchos, muchisimos millones de euros o de dólares.

Ergo, sólo pueden ser lanzados al aire o a los kioskos por los auténticos dueños del capital, por los más poderosos del mundo, los que tienen el máximo interés en que todo parezca que está cambiando todos los días para que, en realidad, todo siga por siempre y para siempre igual.

Y el segundo paso en nuestro análisis es hallar al verdadero culpable de esta canallesca conspiración que está abocando al mundo a un auténtico desastre porque nosotros, los de este lado del muro, porque hay y habrá siempre otros muros infames además de aquel de Berlín, tan felizmente derribado, sólo vemos la parte del mundo que a ellos, los de las Tvs y los diarios, le conviene que veamos, el mundo feliz, la Arcadia, pero el auténtico mundo de verdad ése que constituye el  único infierno que realmente existe no está en los Campos Elíseos de París, ni en la Gran Vía de Madrid, ni en  Vía Veneto de Milán, ni en la Quinta Avenida de N. York, ni en Piccadilly de Londres, etc., sino en los hambrientos y mortales barrios bajos e improvisados campamentos para refugiados de todo el mundo, en los comedores de Cáritas y otras instituciones afines, ahí está realmente el corazón sufriente del hombre, el delito, el pecado de lesa, de insuperable humanidad de todos los asquerosos y repugnantes, cobardes y asesinos que somos lo que estamos a este lado del mundo en el que brillan refulgentes las luces de neón. Hijos de puta todos, qué hijos de puta.

Y los peores de todos son los que se autodenominan periodistas.

Periodista, dice el DRAL, que es: “2. com. Persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión”.

O sea que los culpables directos del crimen que representa la creación y el mantenimiento de un estado de opinión que permite la existencia de un orden mundial semejante son los malditos, los canallescos periodistas que, en lugar de dedicarse a la información, se constituyen como correas de transmisión de la propaganda de los sucios intereses de aquellos supremos canallas que les pagan.

O sea que si a mí me quedaran el tiempo, la fuerza y los conocimientos necesarios para ello debería empeñar los últimos días de mi vida en escribir un libro que se titulara “La traición de los periodistas”.

Como no los tengo me limitaré a denunciar aquí el que considero que es el problema radical, esencial de nuestro tiempo: que estos canallas que prostituyen la más alta de las profesiones modernas sean esos pacíficos perros ahítos que entre todos se protegen de tal modo que parece como si el famoso dicho de “perro no come perro” se hubiera escrito sólo para ellos.

Porque aquí, en España, sucede algo parecido a lo que ocurre en el mundo, un periodista tipo, Pedro J. Ramírez, como allí, Murdoch, han decidido prostituir su profesión hasta el último extremo. 

La libertad de prensa se concibió como la mejor manera para combatir el poder. Denunciar  los excesos de los poderosos era la mejor manera de mantenerlo a raya, pero el poder comprendió enseguida la enorme capacidad de este peligro y decidió coger el toro por los cuernos y se apoderó absolutamente de este incipiente poder. Orson Welles lo denunció con todas sus fuerzas en aquella maravillosa película en la que un tal  ciudadano Kane, fiel trasunto del magnate periodístico Hears, creaba falsos genios artísticos y pergeñaba guerras entre distintos continentes.

Hoy Murdoch, ayudado eficientemente por Aznar, condena a muerte a Irak y a Afganistán y prepara la desaparición de Irán por las bombas atómicas de Israel, bajo la protección de la Onu, ese organismo que, en teoría, se creó para evitar las guerras y, hasta ahora, sólo ha servido para promoverlas o justificarlas.

El materialismo dialéctico funciona a toda marcha, pero en sentido contrario al que imaginaron sus formuladores: el mal, el dinero, el capital, el poder están ganando ampliamente la partida al legítimo interés de la humanidad de lograr pacíficamente el bienestar de todos los que habitamos la Tierra.

Pedro J. Ramírez ha dedicado toda la fuerza de uno de los dos grandes diarios españoles a afirmar rotundamente que la falsa izquierda que hoy nos gobierna ganó las elecciones gracias a una terrible matanza organizada y perpetrada sólo con ese fin.

Murdoch alerta del enorme peligro que representa, para la paz mundial, que sus esbirros destrozan cotidianamente,  que algunos de los pueblos más pobres y desamparados de la Tierra posean los elementos básicos para la industria mundial actual y señala con su dedo gigantesco la necesidad de invadirlos para hacerse dueños de tales materias.

Y, mientras, el resto de los periodistas del mundo, callan como esas viejas prostitutas que ya sólo quieren que las dejen fumar y beber porque consideran que ya no pueden hacer otra cosa.

Y una inmensa conspiración de silencio prepara la auto destrucción del universo con la total impunidad apoyándose en el viejo aforismo que seguramente se escribió para la prensa: “perro no come perro”.

Que se mueran, que revienten, que se jodan porque no merecen vivir.

3 comentarios:

Un periodista que pasaba. dijo...

Pocas veces en mi vida me he quedado estupefacto, pero lo de hoy ha sido insuperable. El mal del mundo es culpa de los periodistas que informan, los ciudadanos se interesan por Belén Esteban porque se les encañona con una pistola y no son capaces de poner los documentales de la 2, o darle al botón rojo del mando y leer un sano y saludable libro, el periodista es culpable de la caída de gobiernos por revelar información de investigación que el ciudadano tiene derecho a saber pero no es culpable el gobierno corrupto. Una visión demasiado simplista de los males del mundo y una muy fácil critica contra el “cuarto poder”.

La culpa de la caída de González la tuvo González, sin el Gal ni los desfalcos de dinero no hay noticia que utilizar, la noticia la creo ese gobierno haciendo lo que no debía, Pedro J, tan solo destapo los trapos sucios…, pides justicia al parecer, pero según te interese por lo que veo.

Al leer estos insultos hacia la profesión he querido leer otras entradas y he sacado algunos datos: tienes 81 años, fuiste procurador y te declaras marxista. Esto me hace pensar por tu edad y tú trabajo que has sido cómplice de la mayor injusticia que haya podido darse en este país, que has contribuido a que este mundo fuera una puta mierda, (palabras tuyas), y que cuando eras joven, (te lamentas de ser anciano y no poder cambiar las cosas), no hiciste otra cosa que emponzoñar más el mundo. Hablo, en efecto, de cuando eras procurador con el régimen fascista, dictatorial y asesino de Franco. Bien, los había que entraban en la cárcel por defender la libertad y los que metían en la cárcel como tú caso por seguir unas leyes fascistas.

A los 81 años ya puedes declararte marxista y hasta el Dalai Lama, locos en todos lados y a millares, pero has sido en tú juventud, cuando se pueden cambiar las cosas peor que el más nefasto periodista. En fin, que con lo malo que soy ahora cuando cumpla 81 me hago marxista y se me perdona todo.

Eres un farsante.

Anónimo dijo...

Pues me has leído el pensamiento, Eutiquio, porque en los primeros párrafos ya andaba yo mascullando en el pensamiento el nombre de William Randolph Hearts y el personaje de Kane, trasunto del propietario de los medios de comunicación aquel, que llegó a amenazar con males, y nunca sabremos hasta qué punto, a Orson Welles si estrenaba esa película.
"El carácter de clase en la ideología viene representado y transmitido en la comunicación mediante diversos medios, estos pueden ser preferentemente combinados para ejercer una mayor influencia sobre el receptor, y crear una idea positiva o negativa según se quiera sobre un tema en específico." (Documentos de análisis: Los medios de comunicación bajo el capitalismo). Tan nítida se nos representa esta afirmación en el mundo actual que no podemos abstraernos de ella. Representa la propaganda del Régimen, de la dictadura capitalista que, bajo las más sutiles formas del eufemismo oculta su verdadero origen o función en el sistema dictatorial del capitalismo. Pocas cosas de las que ocurren en los medios de comunicación escapan a esta idea propagandística.

Alienado.

Anónimo dijo...

Estos dos últimos días se ha podido ver/leer en los medios el cierre en falso de la salida de las tropas yanquis de Irak (¡dejando 56.000 hombres!, medio ejército en el lugar) o los intentos del gobierno británico de trasladar a la opinión publica británica y europea una demagógica visión acerca del fraude en el cobro de los subsidios, cuando el mayor fraude lo comete la clase capitalista a diario con la apropiación de la plusvalía (o parte no retribuida del trabajador por la fuerza de trabajo empleada) o el mismo Estado, a la hora de avalar las arriesgadas operaciones asumidas por los financieros, o bien, a través de los mismos impuestos que sujetan las rentas de trabajo (y que son una continuación de la apropiación de la plusvalía del trabajador, según Marx). Rara es la excepción a esta propaganda mediática, y casi siempre, por medios alternativos sin ánimo de lucro.
Pienso, Eutiquio, que si la prensa libre está en algún sitio es en Internet. Creo que si los políticos de hoy en día tuvieran que tomar la decisión de cerrar internet o poner muros, lo harían, como parte del programa oculto; no en vano fue el extraño interés que ha suscitado en la Casa Blanca este tema, y que no va referido a las descargas como se nos ha informado en los medios, estableciendo un "estado de seguridad cibernético".
Por supuesto, Eutiquio, la labor de abogado no es la de Juez; éste, sí puede estar, y de hecho así es en la mayoría de los casos, por su posición y por su abstracción del mundo real y su sujeción a leyes de clase, una pieza más de ese aparato represor. Mientras, la labor del abogado es, muchas veces, una labor de lucha contra el sistema. Si usted se paso gran parte de su vida de ejercicio profesional cuando existía la dictadura franquista, eso le honra, porque buena parte de su vida la dedicó a enfrentarse al muro que suponía y supone el sistema capitalista, sus leyes y su aparato represivo. Siempre se honrará en la memoria a los abogados de Atocha, a los abogados que defendieron a los últimos fusilados del franquismo y que denunciaron la farsa del juicio militar y la falta de garantías. Si usted, Eutiquio, se pasó la vida de esta manera, merece ser reconocido, lo mismo que los muchos periodistas que ejercen con honradez su profesión; se me ocurre ahora, John Reed o Eugenio García Gascón, Javier Ortiz, Rafael Reig,... Como magistrados como Martín Pallín...
Lo cierto es que la dictadura capitalista busca las vías y los instrumentos con los que poder sujetar al periodista, al Juez o al policía díscolo en el cumplimiento de su función, para ponernos a cada uno donde no queremos estar. Sólo el abogado, en su ejercicio, "tiene una cierta libertad" a la hora de desenvolverse, a pesar de ser consciente del muro con el que choca a diario. Eso lo sabían bien los defensores de los cinco fusilados por el franquismo.
Como último aporte, sí creo que la liberación, la emancipación del trabajo ha de llegar, porque el capitalismo va a imponer un clima irrespirable en el mundo, y pienso que cuanto más complicado es el entramado que hace de sujeción de esta dictadura más fácil es su ruptura. Sólo hay que tener el coraje y la voluntad política de hacerlo.
Un saludo, compañero y camarada.
Alienado.

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