lunes, 8 de noviembre de 2010

La aporía del comunista






Les contaba yo, el otro día, lo que me había ocurrido cuando llevé a mi mujer a sendos hospitales, porque la pobre tiente aún peor salud que yo, y cómo me habían dicho dos personas educadísimas que nosotros debíamos de hacer como los testigos de Jehová, que dejan que los suyos se mueran, porque se niegan a que les hagan transfusiones de sangre, nosotros nos deberíamos negar a todo, incluso a comer, lo que me llevó de la mano a algo que me hará famoso, sin duda, a formular la aporía del comunista, que es un tipo que lucha duramente toda su vida para que todo el mundo tenga algo para comer, todo el mundo, claro, menos él, porque él sólo tiene derecho a morirse. 

Pero ahora, que repaso esto que he escrito, compruebo que me he quedado corto, muy corto, los comunistas no sólo no tenemos derecho a vivir sino tan siquiera a respirar porque el aire es algo que también necesitan los otros

Pero entonces ¿a qué tenemos derecho nosotros?

Aunque estoy seguro de que ustedes lo van a negar enseguida, nosotros no tenemos siquiera derecho a votar, 1º, porque no tenemos siquiera, en casi todas las naciones del mundo, derecho de existencia, y, porque, en el caso de aquéllas en las que se nos admite, al menos nominalmente tal derecho, las dificultades que se nos imponen son de tal naturaleza que resulta realmente imposible hacerlo.

Tomemos, por ejemplo, a España. Teóricamente, aquí sí que podemos votar y elegir a nuestros representantes pero, mientras a un señor terrateniente de Soria, por poner un ejemplo, sólo se le exigen 40 o 50 mil votos para ser diputado, a mí, también por ejemplo, se me exigen 500 mil para la misma función.

500 mil personas, no creo que haya, en todo el mundo, tanta gente que admita el derecho de existencia a los comunistas, de modo que mal pueden votarle para ser diputado.

Pero, como les contaba, a mí lo que realmente me molesta no es que no me vote la gente cuando me presento a diputado, que no lo he hecho nunca en toda mi puñetera vida, lo que me irrita un poco es que la gente proteste porque lleve a mi mujer, gravemente enferma, a un determinado hospital, porque me dicen, poco más o menos, que, allí, unos tipos como nosotros, que pensamos realmente que todos somos iguales estamos, sin duda, estorbando, y estorbar es algo que prohíbe la buena educación, de modo que donde nosotros deberíamos estar, cuando nos ponemos enfermos, es debajo de un puente que no esté demasiado transitado.

Pero mucho me temo que, a lo peor, tampoco nos dejaban estar allí, los que suelen refugiarse por esos sitios. Porque ya me parece que les he contado alguna vez, por ejemplo, que mi santa madre creía que los comunistas éramos algo mucho peor que los demonios, porque unos comunistas, me contaba ella, habían atado gruesas cuerdas de cáñamo al cuello de los santos de su iglesia y los habían estrellado contra el suelo de tal modo que, luego, costó mucho dinero reponer las imágenes.

Y si hasta mi santa madre reniega de mí, ¿adonde puedo ir?

Creo que ya lo dicho antes, a ningún sitio, porque no se nos admitirá de buen grado ni debajo de los puentes, porque hasta en estos sitios parece que también hay clases.

De modo que ésta es, si me lo permiten, la que yo me atrevo a llamar la aporía del comunista, un tipo que no tiene siquiera derecho a vivir, de tal modo que ni siquiera se merece el aire que respira.



3 comentarios:

El flamenco es poesía dijo...

Psoe y PP se niegan a cambiar la ley electoral (porque les beneficia), PNV Y CIU, por supuesto, que también se niegan... En caso de que PSOE necesite a IU para gobernar en las próximas elecciones autonómicas de Andalucía, por ejemplo, si IU accede y hace un pacto de gobierno, suponiendo que éstos son los culpables de que nuestro voto no exista, ¿cómo deberíamos responder el electorado de IU?

Anónimo dijo...

D. José, es que algunos confunden ser comunista con una especie de santo que ha de inmolarse en pro de la justicia social. Es una visión muy cristiana de la que no se puede desprender la derecha nazional. No ven al comunista como un luchador por la igualdad de los derechos sociales, entiéndase éstos en su sentido amplio e igualando por arriba, no por abajo.
Y como los nazionales son extremadamente envidiosos y poco altruistas, en el sentido más hobbesiano posible, no pueden entender que alguien pretenda igualar por arriba y no por abajo; pues es condición de envidiosos rastreros -y de esto la derecha tiene un huevo- querer para los demás el mismo mal que ellos padecen. Nunca pretenderán el bien ajeno, sino, el mal ajeno. Es la diferencia entre la mala y la buena envidia, y como por las condiciones y circunstancias sociales en las que ha crecido y educado el fascista, no puede por más, sino pretender el mal ajeno.
Tampoco parecen entender, o bueno, sí que lo entienden, pero pretenden desinformar, como buenos propagandistas, que la condición de obrero asalariado no es una condición libremente elegida, sino impuesta. Que el obrero concienciado, el obrero comunista, pretende vivir como un burgués pero sin explotar a nadie en beneficio propio. O lo que es lo mismo, que si existe algún beneficio derivado del trabajo, éste revierta en toda la comunidad, y no en un explotador, y todos puedan disfrutar de las mismas prestaciones a las que tienen acceso los más pudientes.
Y como, por suerte o desgracia, hay que trabajar, el comunista lo que pretende es que se hagan en las condiciones más dignas posibles, con arreglo a la técnica existente en cada momento y con el mayor tiempo libre posible para disfrutarlo en cultivarse como Ser Humano, y con las prestaciones de la comunidad (a las que él, y todos, contribuyen con su trabajo) a las que todo Ser Humano debe tener acceso sin restricción y en el más amplio sentido posible según sus necesidades.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Muy bueno el anónimo de hoy.

Debería estar en primera página, como otras veces, para que lo vean más personas por su interés.

Saludos al artista. Le visitaremos.

Un abrazo para todos.

camarada

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