miércoles, 3 de noviembre de 2010

Rajoy, un inmenso suicidio colectivo (I)





A lo largo de ésta mi nueva faceta de periodista aficionado, llevo ya varios artículos dedicados a Zp y ni uno sólo a Rajoy y creo que ya se lo merece.

¿Quién y cómo es Rajoy?

Apartando obviedades, Rajoy es esencialmente un político conservador cuya auténtica profesión es la de Registrador de la Propiedad.

Qué poco se comenta esta faceta de su complejísima personalidad.

Un Registrador de la propiedad es un funcionario estatal cuya misión consiste en administrar o dirigir aquella institución del Estado que tiene por objeto salvaguardar la propiedad mobiliaria e inmobiliaria de todos los españoles.

Nunca nadie, en este país, ha tenido una profesión más de acuerdo con sus características personales.

A Rajoy lo dibuja todos los días, Peridis, en sus viñetas de El País, acostado, relajado, fumándose un cohiba y esperando que la deriva natural de las cosas le lleve a la Presidencia de nuestro Gobierno.

Los caricaturistas son unos individuos tan geniales que sintetizan en uno o dos dibujos toda la historia de sus personajes.

Rajoy es un político conservador lo que significa que cree profundamente que el mundo está tan bien hecho que no necesita ninguna clase de retoques, es más, piensa, y así nos lo ha dicho, obligado por un tiempo que no cesa de correr aunque él trate de pararlo con su total inactividad, que lo único de activo que va a hacer es derogar todas esas leyes que Zp ha hecho que implican cualquier clase de novedad en el status de la sociedad española.

Aparte esto, no piensa hacer nada más, simplemente porque no lo considera necesario ya que esto es lo que dice su ideario no sólo político sino también económico, es preciso que todo parezca que está cambiando para que todo, en realidad, siga igual.

En realidad es la tesis genuina del padre de este liberalismo que no es ya que nos invade sino que nos sobrepasa, Adam Smith, cuando afirma que es el mercado, son los mercados, los que lo van a hacer todo por nosotros, porque Dios, en su infinita sabiduría, lo ha querido así.

De modo que nosotros a “laissez faire, laissez passer”, que significa «dejad hacer, dejad pasar», o sea que debemos dejarlo todo en manos de la más completa libertad en la economía: libre mercado, libre manufactura, nada de impuestos, libre mercado laboral, y nula intervención de los gobiernos.

O sea, que el Estado debe limitarse únicamente a registrar adecuadamente la propiedad ya sea mobiliaria, Registro Mercantil, función que realizan también los Registradores de la Propiedad, o inmobiliaria  que es su función de siempre. Propiedades que, como todo el mundo sabe, después de esa inmensa gestión llevada  tan sabiamente a cabo por Aznar "et alteri",  descansan  ya en las mejores manos que pudieran imaginarse, o sea, en las de todos los Bancos o Cajas de Ahorro españoles, que es, desde luego, en donde mejor pueden estar.

O sea que nunca ha habido un porvenir mejor para nuestra patria, [creo que he escrito esta “hermosa” palabra por primera vez pero es que la ocasión lo merece], que un Registrador de la Propiedad se haga cargo supremo de sus destinos pues es evidente que, en este caso, se da el más perfecto cumplimiento de la frase “una función para un hombre”.

Y es que los pronósticos históricos de Adam Smith y sus secuaces, ¿por qué habré escrito yo esta palabra?, se están cumpliendo inexorablemente al pie de la letra: el mundo entero se constituye como un inmenso Registro de la Propiedad privada, todo lo contrario, como fácilmente se comprende, de lo que soñaran aquellos tipos tan locos de Marx y Engels.

De modo que nosotros, los afortunados ciudadanos españoles, hemos logrado, al fin, superar a todo el mundo puesto que tenemos ya, sin duda alguna, para gobernar nuestro futuro, al hombre más adecuado de la Tierra, el Registrador de la Propiedad de Santa Pola, por cierto, una de esas ciudades que podría representar muy dignamente el paradigma que motivó lo que se ha dado en llamar la burbuja española, una ciudad costera.

Y basta ya por hoy, que, como siempre, nos hemos extendido demasiado, creo que mañana, continuará.

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