domingo, 14 de noviembre de 2010

Sahara, y todavía, aún, otra más.





 "Anónimo dijo...
"Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de TRANSFORMARLO."
K. Marx "Tesis sobre Feuerbach", 1845.
Lo siento, D. José, pero sus tesis de hoy nos llevarían a posiciones deterministas, entendiendo por tal determinismo como, aquella corriente de pensamiento que asigna a las regularidades de la sociedad un carácter ineluctable, necesario y apodíctico. Tiende a asimilar las leyes históricas con las leyes naturales.
Interpreta las leyes que estudia El Capital —leyes de tendencia— como si fueran “leyes de hierro”,
que se cumplen sí o sí, independientemente de la lucha de clases.
Quiere decir que, con sus palabras de hoy, u. nos conmina a abandonar la lucha de clases, la lucha liberadora de la opresión de los pueblos y de las naciones.
Me quedo con la consigna de Guevara "Crear uno, dos, tres,... mil Vietnam".
No se puede renunciar a la lucha de clases. O se está con ella, o contra ella. Volviendo a Guevara "Son moderados todos los que tienen miedo o todos los que piensan traicionar de alguna forma."
Un saludo, y espero que reflexione y cambie de opinión porque, últimamente le veo defendiendo mucho a la socialdemocracia, y a la socialdemocracia como al conservadurismo hay que derrotarlos.

13 de noviembre de 2010 22:17".

Pienso que lo que le falta a este mi blog es personas como tú, que entren valientemente a combatir mis tesis porque es la oposición dialéctica lo que nos fuerza a todos a afinar nuestros razonamientos.

Yo no soy socialdemócrata porque no puedo serlo. La socialdemocracia abjura del marxismo y yo no puedo dar un sólo paso sin apoyarme en él, lo que sucede es que, como decía al principio del post que tú has comentado con tanto acierto, en mi mundo no hay ninguna clase de dogmas ni siquiera los marxistas.

Nuestro mundo, el mundo de hoy, en casi todas las coordenadas geográficas, ya no permite montar una serie de Vietnames, si acaso en las selvas de América del Sur o en esas inexpugnables montañas de Afganistán y es precisamente allí, donde nuestro Guevara tendría hoy algo que hacer.

Pero, en el resto del mundo, la lucha ya no es cuerpo a cuerpo ni a base de balas o de bombas, ahora, nuestra artillería tiene que ser ideológica. Estoy completamente seguro de que, hoy, Marx cambiaría casi todas sus predicciones porque ni un genio como él, ni ningún otro, podía imaginarse un mundo como el que nos rodea, en el que las batallas se libran hoy dentro de las cabezas de los hombres.

A ti y a mí nos encerrarían rápidamente en un seguro manicomio si fuéramos por ahí pretendiendo montar uno de esos Vietnames, en cualquier de nuestros depauperados bosques. El maquis tuvo su oportunidad y la aprovechó. Y ahora, Eta se debate en los estertores de una lucha que ha resultado completamente inútil.

Lo único que tú y yo podemos hacer, hoy y aquí, si realmente queremos favorecer la implantación en nuestra sociedad de lo que queda vigente del marxismo es precisamente lo que yo intento hacer, escribir, hablar, pensar y comunicar nuestra visión marxista del mundo y de la vida y eso, créelo, ya no se puede hacer por aquí empleando la menor clase de violencia sino razonando más y mejor que todos esos que luchan por imponer sus ideas políticas.

No te dejes engañar por las apariencias. Cuando propugno una actitud pacífica, por ejemplo, ante lo que las potencias dominantes están haciendo en el Sahara no es ni mucho menos porque esté de acuerdo con su táctica, que me parece criminal, de hecho yo la comparaba, ayer, con lo que ocurre en Palestina, lo que pretendo con esa postura, que a ti te parece demasiado moderada, es hacer lo único que yo considero posible en orden a beneficiar máximamente al pueblo saharaui, que sólo sufrirá palos y sangre si persiste en hacer, contra Marruecos, acciones guerrilleras o de simple agitación política.

 El desierto no son las selvas impenetrables de Vietnam y ellos, los saharauis, pueden ser abatidos por sus enemigos, si éstos lo consideran necesario, sin derramar una sola gota de sangre de sus cipayos, mediante los aviones sin tripulación usanianos, por poner un ejemplo.

No tienen nada que hacer, en absoluto, como tampoco lo tienen los palestinos, sino  servir para que las potencias criminales de occidente prueben, en carne tan ajena como inocente, sus nuevas armas de agresión masiva.

No puedo, en la constreñida brevedad que me impone un post, en un blog como éste, exponer detalladamente qué es lo que se pude hacer en una situación semejante, pero, desde luego, no creo que la mejor táctica sea dar coces contra el aguijón ni mucho menos.

En el mundo totalmente imperializado en el que ahora se incardinan Palestina y el Sahara, hay que intentar la revolución a través no sólo mediante medios pacíficos sino también aparentemente democráticos, simplemente porque a nadie le van a dejar hacer otra cosa, ya que el Tío Sam le dijo terminantemente a la Urss, y ésta lo entendió perfectamente, que estaba dispuesto a utilizar a discreción el arma atómica cuantas veces lo considerara necesario, usando como advertencia aquellas 2 ciudades japonesas que hoy encabezan la lista de las generaciones  mártires.

De modo que todo lo que hagamos por estas latitudes tiene que someterse forzosamente al ominoso trámite de las urnas, en las que vencen siempre no los que tienen la razón sino los mejores medios de propaganda. Pero esto es lo que hay y, por ahora,  hay que aprender a vivir así, como están haciendo esas emergentes naciones progresistas de Suramérica, en las que la izquierda llega al poder a través de un medio en el que ellas, como yo, no acabamos de creer.

Pero no debemos olvidar lo que sucedió en Chile. Si la auténtica izquierda, la marxista, la auténticamente revolucionaria, llega directamente, y demasiado pronto, al poder, los Usa harán todo lo que sea necesario para abortar la situación y supongo que a estas alturas de la película no tendrás duda alguna de lo que esto significa.

De modo que no tenemos más remedio que aceptar, inicialmente y por ahora, sus reglas de juego, es lo mismo que predica Lampedusa sólo que al revés: es preciso que parezca que  nada está cambiando para que nos dejen trabajar en lo que poco a poco puede cambiarse.



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