domingo, 26 de diciembre de 2010

Cercas y la historia




Ultimamente, no estoy teniendo suerte con Javier Cercas (Soldados de Salamina) y eso me preocupa mucho porque su visión de un pasaje de nuestra guerra civil me encantó.

Su defensa de Vargas Llosa me pareció detestable y su crítica, hoy, El País Semanal, de la visión de los acontecimientos históricos por los testigos de los mismos (El chantaje del testigo), una pieza magnífica de escritura y documentación, me parece francamente errónea.

Sostiene Cercas que el testigo directo de los acontecimientos históricos debe callar ante la labor del historiador, lo que a mí me parece sencillamente aberrante. 

Una teoría así parte de la base de que el historiador es infalible, o sea, que su tarea siempre obtiene el mejor de los resultados, que después de investigar y encontrar las fuentes y de analizarlas con arreglo a los métodos de su ciencia, el resultado es la verdad, éste es el vocablo que utiliza Cercas, si bien lo atempera un poco diciendo que, claro, se trata de una verdad meramente humana y, por ende, relativa pero muy, muy cercana a la verdad absoluta que, dice él, no sería sino la suma de todas las verdades relativas de todos los hombres del mundo. 

Ya digo que es, sin duda, un muy buen texto, perfectamente defendible desde cualquier óptica, pero no, desde luego, desde la mía.

Mi problema es, sin duda, que todo lo que leo, todo lo que me dicen, tengo la mala costumbre de pasarlo por el tamiz de mi propia experiencia, de todo lo que yo he visto y, luego, he leído cómo lo han visto los que constan como intérpretes oficiales, sean o no historiadores reconocidos.

Y mi visión ni siquiera se acerca a la de todos esos señores que, éstos, sí, firmando como historiadores oficiales, ejemplo: Ricardo de la Cierva, han pontificado sobre lo que fue nuestra guerra civil.

Lo que yo viví, tengo 82 años, tenía 7 cuando empezó y 10 cuando terminó, y el hambre y la miseria avivan mucho el sentido, repito, no tienen nada que ver con lo que estos señores cuentan. Si la historia es algo más que la mera relación aséptica de los acontecimientos singulares, quiero decir importantes. El hambre infinita que yo pasé,  los piojos y otras miserias que sufrí, no tienen nada que ver con la asepsia con la que unos señores se pusieron, luego, a enjuiciar la tarea que realizaron unos canallas de entonces, muy parecidos, si no iguales, a la que, ahora, han realizado respecto a Irak esos 3 tipos, Bush, Blair y Aznar.

¿O es que las motivaciones que mueven a sus grandes actores no tienen nada que ver con la historia?

Para mí es una cuestión esencial. Bush, Blair y Aznar y algunos otros más, claro, son los verdaderos protagonistas de la historia en lo que se refiere a la masacre canallesca de Irak, igual como  March, Franco y sus generales, son los verdaderos protagonistas de la guerra civil española, yo también, por supuesto, lo fui, sufriendo un hambre interminable, quitándome los piojos, rascándome la sarna, mirando asombrado a través de unos ojos casi cegados por las legañas cómo unos lascivos soldados violaban de una u otra manera a las muchachas de mi pueblo que estaban de buen ver.

De modo que, para mí, la historia no sólo es un general pequeño y con bigote, dirigiendo desde una lejana e inaccesible cima la batalla del Ebro, sino también mis padres y mis hermanos muriéndose de hambre  y de miseria junto a mí.

Admito paladinamente que lo que hacía Franco era mucho más importante que lo que hacíamos nosotros, los que sufríamos las consecuencia de su “gran aventura”, pero, en modo alguno, puede compararse lo que el sufrió, si es que sufrió algo, con aquella horrorosa tragedia que padeció casi todo el pueblo español para que, luego, él y los suyos vivieran 40 años de extraordinaria placidez, dice Mayor Oreja, que no sé si tiene la categoría de historiador o sólo es un maldito comentarista.

O sea, Cercas, que, para mí, el testimonio de los internos en los campos de concentración tiene mucho más valor que lo que cuentan los historiadores que, ahora, narran aquella parte de la historia porque hay un distancia infinita entre los que la sufren y los que, después, la narran, porque el puñetero papel es mucho más aséptico que la jodida y asquerosa carne.

 Nos cuenta Cercas que “Elie Wiesel, superviviente de Auschwitz y Buchenwald, lo ha dicho con un ejemplo: para él, los supervivientes de los campos de concentración nazis “tienen que decir sobre lo que allí pasó más que todos los historiadores juntos”, porque “sólo los que estuvieron allí saben lo que fue aquello; los demás nunca lo sabrán”.

Para mí, Wiesel, tiene toda la razón del mundo, para Cercas su argumento sólo es “el chantaje del testigo”. 


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