jueves, 9 de diciembre de 2010

Contrarréplica a ese comentarista sobre los controladores




 “ Anónimo dijo...

A mí me importan los controladores lo mismo que a usted...
Es posible que Rajoy estuviera con el hacha dispuesto a hacer leña, pero es también posible que el gobierno haya estado premeditadamente esperando esta ocasión para que, con alevosía, es decir, sorpresiva e inopinadamente y sin dar tiempo a la defensa y reacción del contrario, asegurar un resultado que no sólo descabelle a los controladores, sino también a toda la clase trabajadora por extensión al utilizar un peligroso precedente con un sector tan denostado por sus emolumentos (previamente creados por PP$xE). Porque le recuerdo que nuestro ordenamiento jurídico no distingue a los trabajadores por los emolumentos sino por la ajenidad de la prestación”.

Respuesta:

A) Que sí, que sí, que sí, que Zp y Pepiño, ahora, toca, que sean 2 maquiavelos de vía estrecha que se han echando encima a los controladores y están preparando la revuelta de los pilotos para el próximo año, a fin de que nadie se dé cuenta del supremo giro a la derecha que están realizando, sólo porque a ellos les sale de sus malditos cojones; pero qué jodidos tipos son y qué bien escondido que han tenido hasta ahora que son unos puñeteros derechistas, ultraliberales capitalistas neocons, hasta ahora que todo el mundo mundial, incluidos unos que se pretenden izquierdistas, le presionan por ambos lados, por la derecha y por la izquierda, para que si no le coge el toro de la bancarrota provocada por los mercados y adláteres, les coja igualmente por sus sucios cojones, esa izquierda ¿auténtica o cómplice de la ultraderecha que, otra vez, quiere hacerle la pinza a lo  único viable que teníamos, eh, teníamos, un poco más acá de la peor de las ultradrechas?, y que pretende que Zp y su fiel escudero, Pepiño, se suiciden de una puñetera vez, porque digame v., si no, mi querido y talentoso anónimo, ¿qué es realmente lo que vdes., los exigentes caballeros de la ultraizquierda, quieren que hagan estos 2 perversos y maquiavélicos burros políticos?, porque, si se dejan derrotar llegando incluso a una dimisión sin elecciones por las fuerzas de los malditos mercados y sus afines, serán unos canallas vendidos al capital, pero todavía se habrán vendido aún más si luchan como cosacos contra las arremetidas de una izquierda que les exige que hagan lo imposible.

Todo esto, pero de otra manera menos violenta, es lo que yo le decía a v. cuando escribía en mi post de ayer “respondiendo a un comentarista que me remite a kaos en la red y a lahaine”:

“Por supuesto que todo trabajador tiene todo el derecho del mundo a lo que las grandes declaraciones de los derechos del hombre, del ciudadano y del trabajador, vienen recogiendo invariablemente, recurrir a las huelgas más o menos salvajes, e incluso saltándose los requisitos que la literatura y la legislación “ad hoc” establecen para el caso, pero a lo que no tiene derecho ningún trabajador, ningún colectivo de trabajadores, es a haber accedido a una situación de absoluto privilegio mediante pactos especialísimos con un determinado partido político que les ha hecho prácticamente dueños del espacio aéreo de un país, como también ha hecho a los jueces, como colectivo, dueños y propietarios de la justicia, a los médicos de la sanidad y a los intelectuales orgánicos de la más retrógrada de las derechas, dueños igualmente de la cultura. Porque lo que está haciendo descaradamente esta derecha sin vergüenza que padecemos, Aznar dice que sin complejos, es privatizarlo todo, hasta el aire que respiramos y en el que, si podemos, volamos. De modo que dicho aire es ya de los controladores y de sus hermanos gemelos, los pilotos”.


Sigue diciendo v., mi estimado y anónimo señor: B) “Estaría bien que esa distinción que usted plantea por los emolumentos la consideraran también los jueces y tribunales a la hora de no considerar extensible la legalidad de la medida adoptada para este caso, a los trabajadores del metro, por ej., pero lo cierto es que, mañana, el gobierno puede hacer lo mismo con ellos, y los jueces aceptarían la legalidad de la medida porque su prestación del trabajo es tan ajena como la de los controladores y usted ¿estaría aplaudiéndoles con las orejas igualmente?
Esa distinción que usted plantea, como le digo, es propia del ciego jurídico. La "ceguera jurídica" es propia de aquéllos que no reconocen el Derecho existente, y creen que lo que rige es su pensamiento, escala de valores, etc,... Pero es que, resulta que, por más que nos gustaría que la realidad fuera bien distinta, el recuerdo que vivimos en un sistema capitalista, con leyes capitalistas, y que esa distinción que usted plantea no la recogen los tribunales, y que mañana, la pueden hacer extensible a sus pelotas, pudiendo militarizarlas llegado el caso.
Ese es el verdadero peligro de la medida y el "quid" de la cuestión que yo planteo. Y además, el hecho de que usted y yo, y camarada, y todos los demás, estemos hablando de los controladores, de su salario, elude y pasa por alto las medidas regresivas y privatizadoras adoptadas, la supresión de la ayuda de 426 euros, y todo lo demás de lo que no se ha hablado en todo el puente. Y que, sin duda, se habló, y de esto fue de lo que más se habló en ese largo consejo de ministros de los 39 empresarios más poderosos del país, con los que bambi se reunió una semana antes. Y de lo que nos queda por experimentar... en futuras medidas. Y, a buen seguro que, de lo que menos se habló fueron de los emolumentos que perciben los controladores".

Respuesta que ya le escribía ayer yo:

“A mí no me va a convencer nadie, por mucho que venga con todos los textos científicos de derecho laboral del mundo, con todas las declaraciones de derechos proclamadas por la Humanidad, con todas las sentencias de todos los tribunales del mundo competentes en la materia, de que unos privilegiados señores que no son trabajadores por cuenta ajena, como tampoco lo son los notarios, los registradores o los farmacéuticos, por poner sólo 3 ejemplos de señores que cobran cantidades supermultimillonarias  por la prestación de sus servicios y con una legislación laboral específica, que se ha preocupado, sobre todo, de evitar la libre competencia profesional, y de establecer el principio de absoluta intangibilidad de su situación laboral, porque al igual que en derecho civil se da esa cuasi equivalencia entre la posesión y la propiedad, aquí también, en derecho laboral, social o del trabajo, puede darse igualmente una cuasi equivalencia entre asalariado y profesional libre que me resisto a que me cuelen de mala manera”.

Pero v. replica:
C) “Eso de que hay una izquierda dispuesta a que todo vaya a peor para ganar... supongo que lo dirá por Zapatero. Y es verdad que con esa falsa izquierda, la gente sufre y lo pasa mal.
Y no se sulfure cuando no lleva razón. Un saludo.
Es más, le digo una cosa: tiene una visión estrecha de las cosas, muy española y poco alemana o global. No ve el peligro ni el movimiento general de los cambios.
Usted sigue instalado en que Zp y Rajoyer libran una verdadera batalla, cuando es teatrillo de don Pin-pon, una grandiosa escenificación de las diferencias que no existen, porque si usted quiere ver el manual oculto de Rajoy, lo encontrará debajo de la mesa de bambi Zapatero. Por tanto, no hace falta ya que aquél lo muestre, pues hace tiempo que el trapisondista de la Moncloa está tirando con él a la cabeza de los trabajadores.
Si usted no es capaz de ver esta situación y este gran engaño a la sociedad, eso significa que, no es que sea un ciego jurídico, sino un ciego social, que es peor.
Un saludo.

9 de diciembre de 2010 00:11

 Anónimo dijo...
La izquierda real, los socialistas y comunistas y hasta los anarquistas mismos, no desean que las cosas vayan a peor, sino a mejor y por eso luchan y pelean. Pero también somos realistas a la hora de decir y vaticinar que con el capitalismo todo irá a peor porque es un sistema cruel basado en el egoísmo que condena a muerte y asesina a millones de seres humanos en todo el mundo
¿Y a usted no le parece que la muerte diaria de 25.000 niños en el mundo de hambre y enfermedades curables no es de por sí, ya, una situación lo bastante mala e insufrible y creada y/o sostenida, entre otros, por su amigo Zapatero? ¿No cree que esto justifica de por sí, ya, una revolución?
El que al parecer quiere que todo vaya a peor es Zapatero, y su amigo, Rajoy.9 de diciembre de 2010 02:27".

Respuesta:

 Lo que menos esperaba de un izquierdista de pro, como parece que es v., es que se dedicara hacer pura demagogia: ¿quién, si  yo gritara, no me respondería como v., entre las jerarquías de los ángeles? Pero, coño, es que Rilke continúa diciendo eso de que “todo ángel es horroroso”, de modo que apliquese la lección: es absolutamente horroroso que v. nos venga ahora a todos nosotros, los que no pensamos como v., atribuyéndonos todas esas miserias sociales y políticas que ha enumerado.  Mire, soy comunista hasta el tuétano, y por ello, he sufrido y sufro, todos los días, represalias, creo que Zp es un político de derechas pero entre él y Rajoy, elijo decididamente a Zp por algo que me enseñó en la universidad uno de mis mas queridos maestros, la doctrina del mal menor, mire, lo quiera v. o no, no tenemos más remedio que elegir entre uno y otro, y v., protestando su izquierdismo, ha elegido ya a Rajoy, a esto se reduce toda su faramalla, pero, oiga, conmigo, déjese v. de todos esos cuentos, que ya me los se, no porque sea sabio sino porque soy ya muy viejo y he debatido con gente como v., en aquellos mis lejanos tiempos universitarios, así que a otro perro con esos huesos.

 Que v. lo pase bien.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy alevoso y malicioso por su parte, poner la foto de Anguita y Aznar juntas... ¿No será usted de los de la teoría de la pinza cuando la pinza siempre la han hecho PP-P$XE?
¡Lo que hay qué ver!

Anónimo dijo...

¡dios mío lo que he descubierto! Que un día se levanta usted de la cama creyéndose Assange y teniendo la información del oráculo de Delfos, y al otro, siendo un manipulador de cojones (al menos, así lo indica su tendenciosidad con las fotos). Sin duda, todos esos suscritos a la hoja parroquial de Prisa, no han pasado sin dejar en usted la semilla sembrada de la mentira y la manipulación de los Falsimedia.
Hale, hale,... no se dé de baja de la hoja parroquial y siga con las manipulaciones informativas. Luego no me extraña que piense que "Público" es un periódico de marxistas, o un nido de rojos. Ni me atrevo a preguntar qué piensa usted de los que leen Kaosenlared o la Red Voltaire... ¿el diablo de siete colas, quizá?
No se preocupe, que yo lo paso bien, y hasta me parecen divertidas sus meteduras de pata y sus miedos a que le toquen la pensión... es capaz de ponerse de rodillas rezando el rosario ante el mismísimo dictador para que eso no ocurra. Luego no me venga con que usted no tiene miedo a nada por su edad... Malditos chaqueteros clasistas

Anónimo dijo...

Muchos saludos, muy interesante el post, espero que sigas actualizandolo!

Anónimo dijo...

La palabra "peste" acababa de ser pronunciada por primera vez. En este punto de la narración que deja a Bernard Rieux detrás de una ventana se permitirá al narrador que justifique la incertidumbre y la sorpresa del doctor puesto que, con pequeños matices, su reacción fue la misma que la de la mayor parte de nuestros conciudadanos. Las plagas, en efecto, son una cosa común pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas. El doctor Rieux estaba desprevenido como lo estaban nuestros ciudadanos y por esto hay que comprender sus dudas. Por esto hay que comprender también que se callara, indeciso entre la inquietud y la confianza. Cuando estalla una guerra las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido." Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La
estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. Nuestros conciudadanos no eran más culpables que otros, se olvidaban de ser
modestos, eso es todo, y pensaban que todavía todo era posible para
ellos, lo cual daba por supuesto que las plagas eran imposibles.
Continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones. ¿Cómo hubieran podido pensar en la peste que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones? Se creían libres y nadie será libre mientras haya plagas.

Anónimo dijo...

A partir de ese momento, se puede decir que la peste fue nuestro único asunto. Hasta entonces, a pesar de la sorpresa y la inquietud que habían causado aquellos acontecimientos singulares, cada uno de nuestros conciudadanos había continuado sus ocupaciones, como había podido, en su puesto habitual. Y, sin duda, esto debía continuar. Pero una vez cerradas las puertas, se dieron cuenta de que estaban, y el narrador también, cogidos en la misma red y que había que arreglárselas. Así fue que, por ejemplo, un sentimiento tan individual como es el de la separación de un ser querido se convirtió de pronto, desde las primeras semanas, mezclado a aquel miedo, en el sufrimiento principal de todo un pueblo durante aquel largo exilio.
Una de las consecuencias más notables de la clausura de las puertas fue, en efecto, la súbita separación en que quedaron algunos seres que no estaban preparados para ello. Madres e hijos, esposos, amantes que habían creído aceptar días antes una separación temporal, que se habían abrazado en la estación sin más que dos o tres
recomendaciones, seguros de volverse a ver pocos días o pocas
semanas más tarde, sumidos en la estúpida confianza humana, apenas
distraídos por la partida de sus preocupaciones habituales, se vieron de pronto separados, sin recursos, impedidos de reunirse o de comunicarse. Pues la clausura se había efectuado horas antes de
publicarse la orden de la prefectura y, naturalmente, era imposible tomar en consideración los casos particulares. Se puede decir que esta invasión brutal de la enfermedad tuvo como primer efecto el obligar a nuestros conciudadanos a obrar como si no tuvieran sentimientos individuales. Desde las primeras horas del día en que la orden entró en vigor, la prefectura fue asaltada por una multitud de demandantes que por teléfono o ante los funcionarios exponían situaciones, todas igualmente interesantes y, al mismo tiempo, igualmente imposibles de examinar. En realidad, fueron necesarios muchos días para que nos diésemos cuenta de que nos encontrábamos en una situación sin compromisos posibles y que las palabras "transigir", "favor", "excepción"
ya no tenían sentido. Hasta la pequeña satisfacción de escribir nos fue negada.

Anónimo dijo...

El sufrimiento profundo que experimentaban era el de todos los
prisioneros y el de todos los exiliados, el sufrimiento de vivir con un recuerdo inútil. Ese pasado mismo en el que pensaban continuamente sólo tenía el sabor de la nostalgia. Hubieran querido poder añadirle todo lo que sentían no haber hecho cuando podían hacerlo, con aquel o aquellas que esperaban, e igualmente mezclaban a todas las circunstancias relativamente dichosas de sus vidas de prisioneros la imagen del ausente, no pudiendo satisfacerse con lo que en la realidad
vivían. Impacientados por el presente, enemigos del pasado y privados del porvenir, éramos semejantes a aquellos que la justicia o el odio de los hombres tienen entre rejas. Al fin, el único medio de escapar a este
insoportable vagar, era hacer marchar los trenes con la imaginación y llenar las horas con las vibraciones de un timbre que, sin embargo, permanecía obstinadamente silencioso.
Pero si esto era el exilio, para la mayoría era el exilio en su casa. Y aunque el cronista no haya conocido el exilio más que como todo el mundo, no debe olvidar a aquellos, como el periodista Rambert y otros, para los cuales las penas de la separación se agrandaban por el hecho de que habiendo sido sorprendidos por la peste en medio de su viaje, se
encontraban alejados del ser que querían y de su país.

ALBERT CAMUS, "LA PESTE"
NB.- Para el lector no avisado, basta que sustituya el término "peste" por "nazismo".

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

No sé qué coño tiene que ver el libro de Camus, por cierto, yo soy más partidario de Sartre y La náusea, con lo que estamos tratando, mi estimado anónimo.

Insisto, precisamente porque nos hallamos en una situación de emergencia total, en la que todo el mundo parece haberse confabulado contra nosotros, dentro y fuera del país, no valen los teóricos escapismos de refugiarse en los libros sagrados sino que hay que tomar decisiones concretas, todos los días, y elegir entre aquello entre lo que podemos realmente elegir.

Si v., estimado anónimo, siguiera todo lo que yo pienso, y que, por supuesto, he expuesto en estos blogs ya muchas veces, mi Estado ideal, a lo mejor también me zurra por ello, es Cuba, porque yo deseo ardientemente que se imponga un orden social en el que todos, absolutamente todos, sean iguales, y no puedan existir tipos que cobran más que el jefe del gobierno.

En fin, amigo, de verdad que entiendo perfectamente su postura, lo que me confunde un poco es que v. no entienda la mìa.

Un saludo,

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