domingo, 12 de diciembre de 2010

El fascismo que viene





Hoy, voy a realizar una de las tareas más desagradables que existen, voy a intentar desenmascarar a la inmensa mayoría de un país, que no se conoce a sí mismo suficientemente.

 Voy a intentar demostrar que España es un país con claro predominio de fascistas.

Fascista, fascismo, viene de “fascio” que no es sino un haz de leña que los pretores romanos tenían en sus despachos como muestra, enseña o título  de su poder, de su fuerza, bajo aquellos tiempos tan ominosos de dominio del Imperio romano.

El fascismo, que históricamente, agrupó a los 2 grandes movimientos italiano y alemán, el fascismo propiamente dicho y el nazismo, se caracteriza, sobre todo, por la idea matriz de que existen países determinados históricamente para hacerse con el control y la dirección de la Humanidad, gracias a la concreción en ellos de un tipo de ser humano que supera, con mucho, al coetáneo en el resto de países.

Es por ello que todos los fascismos, entre ellos, el nuestro o sea el falangismo, profesan, como fe indiscutible e indestructible, el dogma de que en ellos se concentra el destino de la Humanidad: “España como unidad de destino en lo Universal”, “el hombre como portador de valores eternos”, “español, una de las pocas serias que se puede ser en el mundo”, frases todas ellas acuñadas por el protofalangista español, José Antonio Primo de Rivera,  o sea, la presencia inatacable de un racismo tan feroz que siempre acaba cayendo en la más terrible de las xenofobias.

También concurre en todos ellos la aspiración a constituirse como partido único, porque no puede ser sino única la total aspiración de toda la gente de bien (Rajoy dixit) a hacerse con el poder político, como sea, por medios pacíficos, cuando no haya otro remedio, o preferentemente por medios violentos que preconizan el exterminio total de los disidentes, como en los campos de concentración nazis.

No es por casualidad que el invicto caudillo instaurara un sólo partido de raíz profundamente falangista-nostálgico de aquellas invictas legiones romanas que se apoderaron de todo el mundo-, el nacionalsocialista, que lo dominó todo con mano de hierro durante 40 interminables años y que, ahora, trata de volver con la misma fuerza pero con el disfraz absurdo de un ropaje democrático que no engaña a nadie para así cumplir con el dogma lampedusiano que aconseja el disimulo, la trampa, la ficción de que todo parezca que cambia para que, en realidad, todo siga por siempre y para siempre igual.

Y en eso estamos:

A) sobrenadando por encima del agua como una inextinguible mancha de aceite, un partido que sostiene el origen divino del poder para los buenos cristianos, de tal modo que una gran parte del presupuesto del Estado se dirige a la conservación o mejoramiento del credo católico, ése que llevó a sus cardenales a bendecir los cañones que se sublevaron contra un régimen republicano legalmente establecido, mientras sus ideólogos propugnan las tesis de que es imposible la igualdad siquiera teórica de todos los ciudadanos puesto que ni siquiera la naturaleza la practica ya que todos nacemos esencialmente desiguales: Rajoy, en dos artículos publicados en El Faro de Vigo;

 B) como consecuencia de este pensamiento esencial, el mundo y la vida se encargan de establecer, mediante el más darwinista de los procedimientos, una selección natural de los mejor dotados, o, si no, de los mejor preparados precisamente por su extracción social absolutamente elitista, de tal modo que la política debe ser dirigida necesariamente por esas élites aristocráticas de la sociedad que se constituyen natural y espontáneamente dentro, como es lógico, natural y obligado, de la clase dirigente, que, como es lógico también, debe consagrar las normas legales más adecuadas para que todo siga así, consecuentemente;

C) ésta es la sociedad final a la que debemos dirigirnos y para ello:
a) habrá que cuidar especialmente que no se roce siquiera la legalidad vigente a fin de que sean dichas clases dirigentes las que establezcan la normativa más adecuada para que el “statu quo” se mantenga para siempre, cuidando especialmente de que las leyes no sólo sean claramente discriminatorias sino totalmente excluyentes con todo lo que suponga la menor diferencia a fin de que se conserve intacto el macizo central de la raza-título, por cierto, de una película de la que fue guionista ni más ni menos que el invicto- de modo que pueda perseguirse incluso legalmente la irrupción en este panorama de inmigrantes o de cualesquiera otros elementos que alteren la idílica situación actual del país como son los catalanistas, galleguistas o vascongados, a los que habrá que condenar y perseguir con toda la fuerza del Estado central.

Y, luego, para facilitar la aglutinación de la nación en torno a un mito que tenga la fuerza suficiente para ello, se propugna un superequipo de fútbol, que encarne todas las virtudes de la raza, el Franco Madrid, realizando para ello todo lo que fuere necesario, incluso poniendo parte de la economía nacional a su servicio. El nazismo estuvo a punto de cambiar para siempre el rumbo de la historia con el grito estentóreo de sus fanáticos seguidores: “Deutschland, Deutschland über alles”: Alemania, Alemania, sobre todo, que, hoy y aquí, podíamos traducir en: “España, España, sobre todo”, como indica ya ese grito tan significativo de: “Soy español, español, español”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ramiro. Pues acabemos con el fútbol español, racista y fascista.

Arroes dijo...

Como me extendido mucho en mi opinión le dejo el link de mi paginilla de desahogos por si lo estima oportuno.
http://confrecuenciaenlaluna.blogspot.com/2010/12/comentario-hecho-en-el-blog-arcangeles.html

Un saludo.

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