domingo, 19 de diciembre de 2010

Elogio de la desesperación, una nueva forma de la locura


    El acorazado Potemkin


Por si no lo sabían, además de cartesiano y hobbesiano, soy también erasmista.

La verdad es la verdad la proclame Agamenón o su porquero y, ahora, yo soy el porquero, lo menos poderoso del mundo, y mi verdad sólo es la aritmética, 2+2=4.

 Creo firmemente que la democracia o no es nada o es el imperio de la aritmética.

Porque no se puede afirmar que es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo y, luego, ignorar al pueblo sólo porque sea necio.

La necedad se cura con la educación o la instrucción, como quieran ustedes llamarla. Pero la injusticia ¿con qué se cura?

Y la injusticia ¿qué es? Si atendemos a Ulpiano, el padre de todo eso que hemos dado en llamar Derecho, es el arte de dar a cada uno lo suyo, pero ¿qué es lo suyo, lo mío, lo tuyo?, lo suyo es aquello que le pertenece por el mero hecho de estar aquí, en este puñetero mundo, en la Tierra o como quiera que se llame esto.

El Derecho se sube a la parra y grita a los 4 vientos una serie de Declaraciones en las que se afirma contundentemente que todos nacemos libres e iguales, pero no se lo creen ni ellos, los autores de las Declaraciones, porque, luego, ellos mismos dicen también que tururú, o sea que si no te consideras objeto de un trato igual, para remediarlo tienes que acudir a los tribunales y éstos ¿qué son?, un tinglado montado por los poderosos para someter a los débiles, o sea, a ti, que no tienes donde caerte muerto por muy igual que seas, lo que, según Rajoy, ni siquiera eres.

De tal modo que, antes, cuando los hombres eran hombres, tenían sentido de su propia dignidad y no se dejaban lavar el cerebro con ninguna clase de distracciones, entonces, no había radio, ni cine, ni televisión porque no habían circos suficientes, un hombre si se sentía despreciado en su mismidad, en su profunda dignidad, en su integridad como tal hombre, cogía al que lo oprimía por el cuello y apretaba hasta que el tipo aquel dejaba de respirar.

Pero aquéllos eran otros tiempos gloriosos, en los que hasta el más humilde de los esclavos agrícolas le daba un buen golpe al señorito cuando este lo pisaba, pero ahora nos han hecho creer que todos somos señoritos porque nos hemos comprado a plazos un piso y un coche, que, luego, nos han quitado de mala manera, al propio tiempo que nos declaraban endeudados, o sea, esclavos, para toda nuestra puñetera vida: "de sus obligaciones responde el deudor con todos sus bienes, presentes y futuros", sí, sí, esto es lo que dice nuestro Código Civil.

O sea que la cosa está como al principio, sólo que peor. Entonces, fueras grande o chico, tenías la opción de luchar, incluso la de juntarte con otros como tú y revolveros contra el o los que os oprimían, pero ahora ¿dónde se puede hacer una revolución, si, allá, arriba en el Olimpo, está el Tío Sam, con su garrote atómico?

El bueno de El Che lo intentó hasta su puta muerte, pero ya sabemos como acabó, asesinado por uno de los que él intentaba redimir, porque ésa es otra, han conseguido que los oprimidos sean el puñetero martillo pilón de sus propios hermanos, de tal modo que sus cipayos no ganan lo suficiente para comer pero le pegan todo lo duro que pueden a esos hermanos suyos que tratan de redimirlos.

Pero, coño ¿qué es lo que está pasando para que los hermanos persigan hasta la muerte y maten a sus propios hermanos?

Simplemente, les han lavado el cerebro hasta convencerles de que 2+2 ya no son 4, y 2 más, 6, y que, siguiendo sumando así, si lo hicieran, si pudieran hacerlo, si los enseñaran a hacerlo, como son muchos más, podrían imponer la ley de las mayorías, de las verdaderas mayorías que dicta la aritmética, o sea, el total de los habitantes mayores de edad de un país dividido por 2, o sea, supongamos que hablo de España, 46 millones, divididos por 2, 23, o sea una simple mayoría absoluta.

Pero resulta que esa otra falsa ciencia, la sociología, dice que no, que la mayoría de los españoles va a votar a la más cerrada de todas las derechas del mundo, simplemente porque las cosas van mal, porque hay una crisis precisamente provocada por ellos, por esa derecha criminal y alevosa que no se resigna a que sus esclavos tengan siquiera para comer 2 veces para sobrevivir, si, fisiológicamente, se ha demostrado que pueden hacerlo con sólo una.

Y SUS televisiones, SUS radios, SUS  periódicos, les han infiltrado en las pobres y obtusas mentes de los que apenas si saben leer ni escribir, que la culpa de lo que ELLOS han hecho la tienen precisamente los que han luchado por todo lo contrario, de modo que las encuestas dicen que TODOS, O CASI TODOS, les van a votar a ellos, los culpables, precisamente, de la situación.

Es demencial, claro que sí, pero es así, porque ELLOS han maniobrado desde siempre para que así sea, porque quien gobierna el mundo es el que domina los instrumentos que llaman de formación de la opinión, los Murdoch, los Lara, los Berlusconi, los Tena, los Godó, el Opus y toda esa otra gentuza.

De modo que los esclavos no sólo están contentos con su esclavitud sino que van a luchar duramente para que ésta se mantenga, más de 18 puntos en intención de voto le saca la ultraderecha a la derecha pura y simple, ¿hay quién dé màs?

Pero otra situación es posible, no en todos sitios ocurre lo mismo, tomemos por ejemplo, Cuba, Venezuela y China. Allí, sí, allí, 2+2=4, o sea que la gente va a las urnas, dicen que allí no hay urnas porque no son las mismas que las de aquí, y vota de tal modo que no es más de la mitad, son casi todos, los que votan por la revolución, que no es otra cosa que todos seamos tan iguales como piden, o establecen en sus nuevas Tablas de la Ley, las Declaraciones de Derechos del hombre y del ciudadano, esas falsarias instituciones que siguen al pie de la letra la canallesca consigna de Lampedusa: “debemos de hacer lo posible para simular que todo está cambiando a fin de que todo pueda seguir por siempre y para siempre igual”.

Y, así, a esta parte del mundo, vemos cómo los culpables del hambre y la miseria de la gente obtienen en  las encuestas, demencialmente, el voto favorable de aquellos a quienes están esclavizando de la peor de las maneras porque, como decía uno de los ideólogos de lo que, ahora, impera en España, el inefable Fraga, en aquel famoso chiste en el que un viajante de comercio seguía la misma ruta que él, en su gira para las elecciones, y afirmaba públicamente que todo lo que Fraga decía era falso, “oiga, usted lo que tiene que hacer es viajar menos, para comprobar que todo lo que yo digo es mentira, Y LEER MAS LA PRENSA”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sr Palazon. hay un escrito de Amadeo Martinez Ingles, en Insurgente.org, que me ha puesto los pelos de punta.

Me gustaria saber que opina v. sobre esto.

Gracias.

Camarada.

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