lunes, 27 de diciembre de 2010

La Repu, ese santo laíco


El gravísimo inconveniente que tiene expulsar a la gente de los sitios sólo porque es vieja es que ésta, en lugar de dedicarse a vestir santos, le dé por desnudarlos.

Una advertencia previa pero inexcusable: Yo realizo respecto al chat de Saco una labor semejante a la que ellos hacen respecto al PP, intento poner de manifiesto las sangrantes contradicciones en las que incurren.

Estas Navidades, tenía que ser, claro, en las Navidades, cuando se ha producido lo que podríamos llamar la elevación a los altares del que es, sin duda, el más famoso de los santones laicos de aquel chat: La Repu.

Yo, desde la profunda modestia de mi condición de innombrable, voy a permitirme hacer unas pequeñas consideraciones sobre la extraña personalidad de este nuevo santo marxista, sabiendo ciertamente que voy a ser no sólo odiado sino severamente reprimido por ello.

De este extraño personaje, La Repu, se ha llegado a escribir allí que es la mejor persona del mundo. Discrepo. Indudablemente es una buena persona, pero de eso a la mejor del mundo hay un gran  trecho, que sus amigos y admiradores se han saltado con un optimismo realmente irrefrenable.

Veamos, a vuela teclado, algunas de las especiales condiciones que  concurren en este caso:

A) La Repu es un sexista, es decir, distingue clara y contundentemente entre el hombre y la mujer. Para él, la exclusión de la mujer del mundo masculino tiene lugar por su propia condición, que puede llevar a que se produzcan en su género ejemplos de individuos sublimes como es su esposa pero radicalmente distintos o sea diferentes al hombre, a los que se le puede perdonar cualquier cosa en virtud de su propia condición subalterna: lo prueban estos dos argumentos:

1) que, él mismo, La Repu,  para hacerse perdonar cualquier error o desliz  que él pudiera cometer, se esconde bajo el seudónimo femenino, como diciendo “bueno, sí, esto no está del todo bien pero tienen que perdonarmelo udes. porque soy una pobre mujer”;

2) y, luego, cuando recapacita suficientemente, entona un singular “mea culpa” que, si cabe, es todavía peor: “bueno, he de confesar que, a pesar del nick que he elegido para mi actuación aquí, yo soy un hombre”, lo que no hace sino reforzar extraordinariamente nuestra teoría de que, en su interior, late una profunda convicción no sólo de una total diferencia entre el hombre y la mujer sino también de que  ésta, por su propia naturaleza, es un ser inferior;

B) y no sólo es sexista sino también homófobo, defecto que, por supuesto, es casi general en aquel chat: no tiene inconveniente en repetir una y otra vez, machaconamente, cuando se refiere a Rajoy, un apelativo que remite a su supuesta condición de homosexual: la trotona de Pontevedra;

C) también es antidemócrata: para él no todos los hombres somos iguales: por ejemplo, aitor y yo no tenemos derecho a expresarnos en cualquier foro porque constituimos claros exponentes de la maldad esencial de tal modo que advierte a su jerifalte Saco, que si permite que aitor o yo actuemos en su chat, él, La Repu, se va. O sea, que él se opone rotundamente a esa máxima quintaesenciada de la libertad de expresión: aborrezco todo lo que v. dice pero estoy dispuesto a dar mi vida para que v. pueda seguir diciéndolo, que él, como Sergio Zawinadul en el caso de la presunción de inocencia, erige en un principio totalmente contrario: aborrezco de tal manera todo lo que v. dice que estoy dispuesto a hacer todo lo que sea necesario para que no pueda seguir diciéndolo;

D) yo creo que, en realidad, este hombre, en el fondo, es el ejemplo contrario al arquetipo griego: “Nosce te ipsum”, es decir, el pobre hombre es el ejemplo perfecto del tipo que no tiene la menor idea de cómo és él realmente: anda por el chat como si fuera el marxismo, la progresía con  piernas, cuando realmente es un ejemplo considerable de todo lo contrario, así no es nada extraño que incluso se atreva a hacer una defensa sutil del tirano Franco, afirmando que éste no era otra cosa que un militar, lo que, a “contrario sensu”, significa que no sólo no era tan malo como parece sino que incluso podría muy bien aplicársele, si no la eximente completa, sí la atenuante, que suele considerarse en estos casos, de haber cometido todos sus crímenes en virtud del inexorable principio militar de la obediencia debida;

E) pero, sobre todo, su francomadridismo, su pasión por el Franco Madrid, que él se guarda muy mucho de no manifestar porque es plenamente consciente de que es su auténtico talón de Aquiles: que un exacerbado paladín del más riguroso marxismo sea, al propio tiempo, francomadridista es, sin duda, la mayor de las contradicciones políticas que yo haya visto: porque es metafísicamente imposible encender una vela a Carlos Marx y otra a Florentino, defender con uñas y dientes el derecho de todos los desheredados de la Tierra a una vida mejor y, al propio tiempo, comulgar con la tarea del supremo mistificador, del tipo que, siguiendo los dictados de sus amos, los March, aquellos que cuando fue necesario nos trajeron a Franco, está cumpliendo ahora, de la mejor manera, la función que éstos le han encomendado de dar, no ya sólo a todos los españoles sino al mundo entero, el supremo opiáceo que constituye ELMEJOR EQUIPO DE FUTBOL DEL MUNDO Y DE LA HISTORIA, para que no piensen ni un sólo momento en la asquerosa manera en que él, Florentino y sus amos, los March no sólo se están apoderando de toda la economía española sino  que también lo intentan con la mundial. Y, si no, que se lo pregunten a los alemanes socios de la mayor de sus constructoras.

Si, señores, éste es La Repu, el mejor santón laico del chat de Saco.


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