miércoles, 1 de diciembre de 2010

Todo no es más que una gran mentira




Como decía ayer, soy cartesiano hasta el tuétano, o sea, que vivo en medio de una duda constante por eso ahora mismo no se si ponerme a escribir sobre todas esas interpelaciones que se me han hecho en mi blog por mis últimos trabajos o tratar el tema de la mentira universal, por su extensión, y total, por su profundidad, en la que apenas si sobrevivimos, porque es verdad que todo es mentira, vaya juego de palabras que me acaba de salir.

He leído hace una hora aproximadamente 2 noticias que, 1º, me han llamado la atención y que, después, me han suscitado la idea de que ambas se refieren al mismo asunto aunque, a 1ª vista, no lo parezca.

Una de ellas es la de una cena habida en Barcelona, la víspera del celebérrimo partido entre Barça y Madrid, y otra es la del escándalo de Wikileaks.

El interés de la cena reside en que a ella han asistido los 2 presidentes de los  2 grandes equipos del fútbol español, el del Madrid y el del Barça, junto a una serie de personajes, a algunos de los cuales se les presenta como típicos lobbistas de lo más variopinto, dándose la sorprendente certeza de que todos ellos trabajan al propio tiempo para los respectivos  presidentes de estos 2 equipos que, teóricamente, son enemigos no sólo mortales sino también irreconciliables, de lo que se deducela 1ª de las 2 verdades no ya repugnantes sino también escandalosas: Rosell y Florentino no sólo son amigos, son mucho más, son socios desde y para siempre en importantísimas empresas que están muy por encima, por supuesto, de esos 2 trampantojos que son sus respectivos equipos de fútbol, ¿hay quién dé más?

O sea que la rivalidad ciega, el odio mortal, la carne y la sangre, la enemistad sempiterna, más allá de la vida y de la muerte, entre las 2 grandes aficiones no sólo de España sino de todo el mundo, se apoya en la más grande de todas las mentiras deportivas: en el fondo, o en la cúspide, como ustedes prefieran, Barça y Madrid, no sólo no son enemigos sino que son la misma y única cosa, una empresa multinacional cuya finalidad es engañar a todos esos gilipollas que todos los días de partido se enfrentan a muerte, siguiendo a sus respectivos equipos, y la pregunta es:

¿Si ya no podemos creer ni siquiera en la mortal rivalidad del Madrid y del Barça, en qué podemos creer entonces, todos estos gilipollas que vivimos en este país en el que todo, absolutamente todo es mentira, incluso que Zp y Rajoy se odien también a muerte?

Y vamos con la 2ª noticia, Wikileaks. 

Ésta ya no nos sorprende tanto a los que ya llevamos tantos años como yo, 82 tacos, siguiendo de cerca las evoluciones de estos degenerados individuos que se dedican a la política práctica si es que esta expresión no es más que una palmaria redundancia.

Lo que han puesto de manifiesto las revelaciones de Wiklleaks es algo que todos intuíamos si no lo sabíamos ya perfectamente: que una cosa es lo que los políticos nos cuentan y otra muy distinta es lo que realmente hacen.

-Oiga, se me dirá, me parece que v. está confundiendo la política con la diplomacia.

Y yo responderé:

-Ah, pero ¿no son en realidad la misma y puñetera cosa?

-En absoluto, no tienen nada que ver una cosa con la otra. La política es el arte de lo posible dentro de la administración de la cosa pública,  la diplomacia es lo que hay que decir que es. Por ejemplo, si tomamos el caso del conflicto de Marruecos con el Frente Polisario, nosotros,  internamente, bajo capa, le decimos al sátrapa marroquí que no se preocupe, que estamos de acuerdo no sólo con él sino también con Francia y los Usa en que ellos masacren al pueblo saharaui que se ha empeñado en una lucha absurda de tan estéril, pero, diplomáticamente, nosotros mantendremos, ante el mundo entero, que estamos con el pueblo saharaui en todo lo que éste defiende y propugna. O sea, la realidad práctica, o sea, la política, frente a la verdad diplomática.

Y, entonces, llega Wikileaks y se hace con una serie de documentos que prueban palmariamente que somos unos perfectos hipócritas que desean que los saharauis acaben ya, de una vez, de crearnos problemas que, además, son irresolubles.

Y los publica. Y nosotros, si ya no lo estábamos, quedamos con el culo al aire.

O sea, que todo no es más que una puñetera mentira, como se trataba de demostrar.

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