domingo, 9 de enero de 2011

Comentario sobre la libertad


En el mundo que nos han construido, que nos construyen, que nos están construyendo, la realidad, o sea, la verdad brilla por su ausencia.

Pero ¿qué es la verdad, es acaso sinónimo de la realidad? 

La realidad es lo que existe, lo que es, lo que está ahí fuera, esas cosas, esas personas con las que tropezamos continuamente.

Y la verdad parece que es la adecuación, la conformidad de lo que nosotros pensamos con la realidad, con lo que es.

Pero el instrumento, y el camino, que nosotros utilizamos para llegar a la verdad es la palabra. Cada cosa tiene su nombre. Y es relacionándolas unas con otras, unos nombres con otros, cómo llegamos, o por lo menos lo intentamos, a la verdad.

Pero resulta que la palabra, las palabras no sólo son el árbol sino también el bosque. Y como acostumbra a decirse: a veces, el árbol nos impide ver el bosque.

Uno de los árboles, una de las palabras es la de libertad. Es una palabra hermosa, demasiado hermosa, para ser verdad.

Así, a vuela teclado, podríamos definirla como la facultad que tiene el hombre para hacer lo que quiere. El concepto es casi tan hermoso como la palabra.

Pero ¿existe realmente la libertad, hay alguien en este mundo tan ancho y tan ajeno que haga realmente lo que quiere?

Yo, por lo menos, no, porque ahora estoy jubilado, cobro una pensión y no tengo más obligaciones ineludibles que atender a mi mujer y a mis hijos. Pero aquí, precisamente, en esta obligación de atender a mi mujer, enferma de gravedad, y a dos de mis tres hijos, pobres de solemnidad, comienzan mis limitaciones, serias limitaciones.

En abstracto, en el cumplimiento de estas obligaciones voluntariamente reside precisamente mi libertad puesto que si yo no quiero no las cumpliría.

Acabo de escribir esto y veo que no es verdad. Yo soy abogado no ejerciente pero abogado, al fin, y esos 2 hijos míos, sin empleo, lo son también y, por lo tanto sabemos que el Código Civil establece la obligación ineludible de los padres de mantener a sus hijos siempre que se pruebe la existencia de capacidad económica de aquéllos y el estado de necesidad irremediable de éstos.

Entonces, mi libertad no existe realmente puesto que he de mantener a mi costa a una mujer y dos hijos. Teóricamente puedo no hacerlo pero ellos entonces acudirán a un juez y éste ordenará a la SS que retenga a disposición de ellos la parte embargable de mi pensión y sacará a subasta el piso en que vivo y el coche que tengo y prevendrá lo necesario para que yo no malbarate estos bienes en perjuicio de mis familiares.

Luego, libertad, lo que se dice libertad parece que yo no tengo mucha. ¿Y ustedes?

Libertad, lo que se dice libertad, tal como la hemos definido antes, como la facultad de hacer lo que uno quiere, en realidad, la tienen muy pocos, casi ninguno, porque supone disponer del dinero suficiente para proveer las necesidades de los que dependen de nosotros sin que esto altere en modo alguno nuestra libre disposición vital.

Entonces, ¿qué, existe la libertad realmente fuera de esos casos excepcionalisimos de los que disponen del dinero suficiente para soportar la carga de mantener a su familia sin que la posibilidad de hacer lo que quieran se vea afectada por ello?

La respuesta necesariamente es que no. Sólo los poderosos son realmente libres.

Entonces, ¿por qué se nos dice tan alegremente, todos los días, desde todos los sitios, que somos libres, que tenemos la facultad de hacer lo que queremos si esto no es así, si nosotros, los no poderosos, no podemos hacer otras cosas que las que nos exigen las leyes que gobiernan nuestra conducta, de tal modo que la libertad real es verdaderamente inexistente?

Es por eso que, antes, decíamos que eso de la libertad no era más que una hermosa palabra, uno de esos trampantojos con los que nos engañan los de arriba. Sólo somos libres para hacer las más pequeñas e insignificantes de las cosas: respirar, excrementar, rascarnos si nos pica y tomar el sol, si lo hace.

Para todo lo demás, la sociedad, este mundo que nos han construido, que nos construyen, que nos están construyendo, nos exige que trabajemos a destajo, porque, si no, no podremos siquiera ni comer ni beber.

Entonces, ¿qué puñetera libertad es la nuestra? Sólo la de tirarnos desde un puente para acabar de una vez con todo. Pero esto ¿puede considerarse realmente libertad?

Pero cuánta razón tenía Lenin cuando le preguntaba a nuestro filósofo: libertad, ¿para qué?

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Eutiquio, hoy se te puede leer, pues empleas tu intelecto para pensar, no para vomitar contra alguien.
Incluso cuando describes parte de tu situación personal y familiar pareces humano, como casi todo quisqui.
Pero hombre, si toda la vida en tu profesión de picapleitos, has utilizado la palabra, como ahora, para desde premisas inexactas llegar a conclusiones falsas de toda falsedad, vamos jodidos.
La verdad única es teórica y no existe. En cambio sí existen verdades parciales, intuiciones, falsedades, y opiniones de González Pons. Recuerda el cuento de aquel príncipe indio que interrogaba a los ciegos acerca de cómo era el elefante. Como un cuchillo, como una cuerda, como una columna, como una pared...y todos tenían razón, o su razón se ajustaba perfectamente a la realidad que tocaban.
La libertad siempre ha sido relativa, limitada a los derechos de los otros.
La libertad, teniendo en cuenta lo anterior, depende de un acto volitivo propio. En ese terreno creo que tú puedes actuar de formas diferentes en las cuestiones que planteas, sin que se te obligue por sentencias ni a punta de pistola, como a ciertas controladoras de ánimo inestable. Ahí tienes el ejemplo de Diógenes en su tonel, más libre que el propio Alejandro.
Un tonel, un huertecito y unas lechugas, que para abogado no sirves.

Anónimo dijo...

No es posible la libertad, o por lo menos, un grado de libertad aceptable, sino en el seno de una sociedad igualitaria en bienes materiales.
En principio, el estado del bienestar salido de la IIª GM debía de realizar una labor de conformación social, por parte de los poderes públicos, que removiera aquellos obstáculos que la impidieran o limitaran a aquellas clases sociales y personas más desprotegidas. Derrotado el Estado Socialista más grande de la Historia por las fuerzas contrarrevolucionarias, principalmente... el estado del bienestar desaparece (como quitarle a un niño "los chuches" de D. Marihuano) y la libertad adquiere su sentido más mezquino de poder, de poder económico; el hombre se convierte en un lobo para el hombre y es una carrera desenfrenada para la consecución de la mejor posición social a través del dinero y de lamerle el "rulé" al poderoso de turno, al cacique de pueblo, de ciudad y de Estado (en nuestro caso, la reala, pero también los políticos y banqueros, los curas y capitalistas, el tonto del pueblo con cargo de alcalde o concejal o colocado de funcionario a dedo, etc,...). Los palanganeros ya tienen su corte ahí. Una carrera que la gran mayoría tiene perdida de antemano, pues son muchos los galgos y pocos los puestos.
La perversión, el egoismo y la mezquindad; una libertad, una extraña libertad en la que veamos a los otros como enemigos a batir y en la que nos tengamos que proteger de todo el mundo, encerrados en una habitación con un palo en la mano desconfiando de todos, neuróticos perdidos.
Y el sistema diseñado falla, comienza a fallar desde el momento en que en el mundo hay alguien que decide emprender una acción solidaria y de cooperación... Ahí la has cagado, F. von Hayek.

Anónimo dijo...

Se me olvidó firmar mi post anterior.
ALIENADO

Fernando Mora dijo...

En mi opinión, en los tiempos que corren en este país y acaso en todos, la verdad viene determinada por el resultado que las encuestas de opinión, sondeos electorales, prospecciones de mercado etc. se hagan para el tema que sea menester. Una vez que se haya, mediante tales herramientas, fijado la premisa triunfante, esa será la que sea aceptada como tal por la gran masa. Y la premisa triunfante será la que previamente hayan marcado los poderosos con todos los resortes que les da su inmenso poder. Y el asno, ese de millones de cabezas, pasará a adoptar tales verdades aunque estas puedan ser, y de hecho muchas lo son, contraproducentes para su propia pervivencia. ¿Cómo es posible si no que el ultraliberalismo este que nos ataca sin descanso, sea la ideología que se está imponiendo, lenta, pero inexorablemente en cada vez más estratos de la sociedad?

Las corporaciones empresariales, los mass media, la casta política etc. nos bombardean continuamente con la bella palabra de la libertad y nunca creo que ha estado tan prostituido dicho concepto pues lo que quieren en realidad, a mi juicio, es que prime el salvese quién pueda, el individualismo, que no haya el menos atisbo de asociacionismo y en definitiva de respuesta colectiva y las, por poner un ejemplo muy de actualidad, "refomas necesarias e inaplazables" sean aceptadas sin discusión y poco menos que como un mal menor.
Divide y vencerás ¿no?. Idiotiza y amedrenta que además, lo harás "democráticamente" ¿no?

Abrazos,

neutrino dijo...

Yo te digo si quieres cómo no tener que mantener a ningún vago de siete suelas, si ese fuera el caso, que no lo sé. Como hombre libre, que eres, para decidirlo por ti mismo. Como tantas otras cosas...

Anónimo dijo...

Me deja un poco preocupado que la posibilidad sugerida por neutrino pueda ser cierta...
Un abrazo.

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Amigo ALIENADO:

Perfecta tu intervención, como siempre y dentro del más ortodoxo de los marxismos.

Tu presencia aquí es absolutamente necesaria para poner orden en estos desordenados apuntes que, entre todos, vamos escribiendo.

Un abrazo,

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Amigo Fernando:

Ya te echaba yo de menos por aquí, pues son imprescindibles comentarios como el que hoy nos traes llenos del menos común de los sentidos.

Todo lo que has escrito no es sino la pura realidad de lo que está sucediendo a nuestro alrededor expuesto con la precisión del pulso de un cirujano.

Pero no debes ausentarte tanto tiempo de aquí, entre otras cosas porque tus amigos nos preocupamos.

Un abrazo,

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Amigo neutrino:

No tomes lo que yo exponía sobre mi situación familiar como una queja, por lo menos, ante mis propios hijos.

En el fondo, estoy orgulloso o, por lo menos, satisfecho de poder ayudarles ahora que lo necesitan. Mi hija, por ejemplo, durante unos años fue letrada del BCHA y se defendió muy bien hasta que enfermó.

Son cosas de la vida que hay que aceptar tal como vienen.

De cualquier manera, te agradezco infinitamente tu ofrecimiento.

Un abrazo,

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Anónimo de las 23:54 del 9 de enero de 2011:

Si neutrino dice algo ten por seguro que es verdad lo que dice.

Como también pienso, como tú, que es preocupante la existencia de un mecanismo que exonere a un hombre de la obligación de atender sus cargas familiares.

Aunque, claro, él se refiere a los que abusan de estos beneficios legales.

Un abrazo,

neutrino dijo...

Eutiquio, me alegro ad infinitum que este caso que nos ocupa en nuestros comentarios no sea ese otro que yo creí atisbar, equivocadamente, entre tus líneas. Pocas cosas hay más tristes en la vida que ver a un hijo, ya hecho y derecho, aprovechándose consciente y abusivamente de sus propios padres, que además de la propia vida, le han dado y le siguen dando su fraternal amor (pues si no fuera así, no sería posible el abuso).

En efecto, para esos desdichados casos siempre caben resquicios que poder aprovechar, justificado el hecho de hacerlo en la filosofía que ya comenté aquí de la reacción inevitable a la acción ejercida a priori sobre los sujetos que hayan sufrido de tales abusos.

Como en esos otros casos de las rupturas de parejas tradicionales en los que, por orden judicial, el hombre debe asumir económicamente el sostenimiento de la vivienda que un día fue común, la cual pasa a ser de uso privativo de la mujer y puede compartirla libremente con otras personas, incluida la alcoba y lo que allí se encuentra. O sea, que según cual fue el motivo del divorcio, llega a cristalizar el dicho de que, además de cornudo, apaleado.

Pues bien, para todos estos casos y sin que la sangre llegue al río -lo que no deja de ser también una opción-, existen formas de no tener que mantener a quien ya es mayorcito para mantenerse por sí mismo. Pero claro, hay que hacerlo dentro de lo posible ANTES de que su Señoría le dé a la maza, porque luego es más difícil...

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