sábado, 22 de enero de 2011

Cuando los genios son demasiado frecuentes



El genio es una monstruosidad, quiero decir que los genios lo son porque hacen algo monstruoso que está por encima de las posibilidades de los hombres.

Como quiero llegar, como siempre que escribo, al mayor número posible de lectores, elijo para escribir de la genialidad a un tipo de genio demasiado frecuente, los genios del fútbol.

Si hablara de la genialidad en la poesía, por ejemplo de Rilke, el tema quizá interesaría a uno entre un millón de personas, pero si hablo teóricamente del balompié, que no es lo que voy a hacer, el tema interesará a muchos más.

Maradona, Messi y Guardiola. Tres genios indiscutibles en la materia, los tres han llegado adonde ningunos otros volverán a estar, porque la monstruosidad en tales grados, afortunadamente, no se da con tanta frecuencia.

Porque la genialidad también es un exceso y si se prodigara tal vez haría la vida realmente insoportable.

Porque ¿qué es un genio? Un genio es aquella persona que tiene, para  la actividad que desarrolla, una capacidad tan extraordinaria, quizá fuera mejor decir única, que supera la excelencia de tal modo que la hace virtualmente irrepetible.

Nadie ha tenido, seguramente nadie volverá a tener, esa capacidad que tuvo Maradona, primero, para golpear la pelota con una técnica insuperablemente insuperable y, después, para ver el juego con una visión total todavía más monstruosa.

Messi nació para jugar al futbol, seguramente no posee otra capacidad, pero ésta la tiene en tan alto grado que es, sin duda alguna, monstruosa, es por eso que nadie es capaz de predecir lo que va a hacer cuando tiene el balón en los pies. No posee la depurada técnica de Maradona,  su golpeo de la pelota se halla a años luz del afamado yonqui, pero su conocimiento instintivo del arte del regate supera a éste en millones de milisegundos, el milisegundo es la medida de los regates. Cuando Messi enfrenta a un contrario, ni siquiera él mismo sabe lo que va a hacer, por eso es un genio, porque es la actitud que ve en el antagonista lo que motiva su reacción genial contraria, y es genial porque la historia de sus regates se repite una y otra vez hasta el infinito, por eso es precisamente monstruosa, porque está fuera realmente de la capacidad humana.

Guardiola ha inventado una nueva manera de jugar al fútbol que contraría directamente una de las nociones básicas de la geometría: la distancia más corta entre dos puntos ya no es la línea recta. No es que parezca evidente, es que lo es, que la manera más rápida de llegar con el balón a la portería contraria es lanzar la pelota hacia ella lo más perpendicularmente que sea posible, pero Guardiola nos ha demostrado que eso, con el Barça, no es verdad. Cuando éste hace lo que todo el mundo se convierte en un equipo corriente, en un equipo vulgar, y no es que supere las leyes de la excelencia es que ni siquiera llega a golear.

Pero Maradona quiso ser más de lo que ha sido, de lo que representa. Pensó, como seleccionador argentino, que podría hacer lo que hizo como jugador, abrir un camino inexplorado hacia la genialidad, que si reunía a los 5 mejores atacantes del mundo y a los mejores 5 defensores, su equipo sería indudablemente el mejor del mundo. Los alemanes lo barrieron del mundial con un contundente 5 a 0, creo.

Guardiola está tan convencido de su excelencia que, a veces, piensa que con ella basta y sobra para ganar, como Maradona se equivoca porque su oficio se basa en el colectivo y éste tiene unas reglas tan inmutables que, si se vulneran, llega inevitablemente el fracaso. Alineó a 7 no titulares contra el Sevilla y perdió 3 a 1, volvió a hacerlo contra el Betis y se repitió el mismo resultado.

Y, ahora, quiero escribir un poco sobre los motivos que causan la desaparición de la genialidad. Maradona, el gran yonqui, al que algunos llaman desecho de la humanidad, en el último mundial de fútbol fue un hombre honrado, creyó, que con lo que hacía, iba a deslumbrar al mundo otra vez, se equivocó totalmente, ahora ya lo sabe, pero lo hizo con el altruista motivo de lograr de nuevo la gloria futbolística para su país, no su propia gloria.

Guardiola se sitúa en el otro extremo. No es un hombre honrado. Es mucho más soberbio que su actual oponente, el maleducado Mourinho, cree que el milagro del fútbol actual no son Messi, Xavi, Iniesta, Villa y Busquet, sino que, como Aznar, cree inmodestamente que el milagro es él, y cuando alineaba a los reservas en Sevilla lo que trataba desesperadamente de hacer es demostrar lo que es realmente una de las más grandes superchería del fútbol, él, Guardiola, es evidentemente un genio, pero no puede interpretar la sinfonía sin su stradivarius.

Nos queda el pequeño, humilde e infantil Messi. Él ni siquiera se preocupa de si es un genio y tampoco le preocuparía nada si alguien demostrara que no lo es, porque él lo que quiere es simplemente que lo dejen jugar siempre al fútbol, porque para eso, y él lo sabe, es para lo que ha nacido.

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