lunes, 31 de enero de 2011

Los revolucionarios de pacotilla (III)


Libertad versus igualdad

Ahora, que han descubierto los Mediterráneos, estos nuevos sabios no saben qué hacer con ellos.

Uno de estos Mediterráneos se llama Aristóteles, otro, Lenin, y el último, el más chiquitito de todos, es Hugo Chávez.

Descubrir a estas alturas a Aristóteles, tiene mucho, muchísimo mérito, lo reconozco, porque apenas hace unos día se habían cargado su lógica por mor de otra que llamaban quántica.

Seguir a Lenin por aquello que le dijo a otro “sabio” español de “libertad, ¿para qué?”, todavía tiene más.

Y que la igualdad, sí, coño, eso que están pidiendo ahora desde todas las esquinas de los mejores foros, ellos quizá todavía no lo saben pero no es la libertad que, sin la igualdad previa, no sirve absolutamente para nada, es, lógicamente, la igualdad.

Es más, si me apuran un poco, me atrevería a decir que la libertad no es sino una subespecie de la igualdad. Porque si yo fuera igual que Rockfeller, o que Florentino, por no irme tan lejos, estos 2 perfectos tipos no podrían joderme tanto como lo hacen. ¿O no?

Porque, ésa es otra, libertad, libertad, libertad, de la buena, de la íntegra, no la hay porque yo nunca seré libre para dejar de comer, o de dormir, o de guarecerme del frío y de la lluvia, de modo que siempre estaré obligado por quien sea o como sea a hacer algo para comer, dormir o guarecerme de la intemperie.

O sea que por mi puñetera naturaleza humana soy un puñetero ser de necesidades y por ahí es por donde los otros me tienen pero que muy bien cogido por los mismos cojones.

El problema estriba en que hay una serie de señores, repartidos por todo el mundo, que son los que gobiernan los cojones de los demás. Y solucionar este problema no debe de ser tan fácil cuando no lo solucionaron, siquiera teóricamente, gente tan sabia como Aristóteles, Hegel, Platón y Marx, por eso suscitaron la ira de Popper.

El muy cabrón de Popper decía que la sociedad abierta, o sea la sociedad esencialmente liberal, tenía muchos, muchísimos enemigos pero que los peores eran estos 4 individuos porque en ellos se basan todas las ideas totalitarias, que tienden, también por esencia, a perseguir la libertad.

Y esto es lo que yo no acabo de entender bien de estos revolucionarios de pacotilla, ¿acaso no saben que lo que ellos propugnan es precisamente lo que quería Popper, el ídolo de Aznar y todos sus secuaces, el predominio absoluto de la libertad, que todo no sea otra cosa que libertad porque, así, ellos que lo tienen todo, tendrían también la facultad libérrima de hacer con todos los demás lo que les salga de los cojones?  Perdón que hoy hable tan mal pero es que me está saliendo del fondo del alma.

Penetra uno en cualquiera de los profundísimos blog de la prensa de izquierdas y ¿qué es lo que encuentra?: un canto, o una elegía, por la libertad, sin darse cuenta, éstos también cabrones, de la inconsciencia de que la libertad no es sino el reino de la canallada porque los pobres no tienen no ya libertad, como decíamos antes, para comer, dormir o guarecerse, coño, no, ni siquiera la tienen para morirse de hambre o de frío porque los declararán vagos o maleantes y los encerrarán en campos de concentración como Guantánamo, en nombre precisamente de la libertad.

Porque lo más cercano a ese ideal de la ultraderecha que existe en este puñetero mundo son los Estados Unidos de América, en todas cuyas universidades, hay una cátedra dedicada a Popper, porque, allí, casi existe, nada humano alcanzará nunca la plenitud, la perfección, la libertad, la libertad para que si tu hijo enferma gravemente de cáncer y tú no tienes dinero para operarle, tu hijo se muera libremente de cáncer, porque allí no se puede hablar siquiera de seguridad social porque eso no es sino una de las señales del peor de los comunismos y entonces, coño, es que van ellos, los pioneros de la libertad en el mundo, a admitir una se las señas de identidad de la auténtica izquierda, allí no se puede obligar a nadie a nada que no sea a que tenga la sacrosanta libertad de morirse de hambre o de enfermedad si no ha sido tan listo, tan fuerte o tan cabrón como para enriquecerse suficientemente como un buen representante del “self made man”.

Pues eso, mis queridos amigos nuevos descubridores de los Mediterráneos, es lo que propugnan ustedes cuando persiguen tan ciegamente la libertad, no el desaparecido paraíso soviético, que nunca lo hubo, que nunca lo habrá, sino el indestructible paraíso usaniano, que siempre lo ha habido, que siempre lo habrá porque se basa en eso que todo el mundo busca, que todo el mundo quiere desesperadamente, la libertad, la jodida, la puñetera, la puta libertad.

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