sábado, 29 de enero de 2011

Machismo y feminismo



De vez en cuando, uno tiene suerte y recibe, alborozado, la atención si no de los dioses, de los semidioses. 

Acaba de visitarme Skhadi y me ha dicho:

“Skhadi dijo...
Jo, y yo que todavía estoy esperando que se sienta profundamente ofendido usted con la gente que se siente con derecho de calificar de prostitutas, no-mujeres, pervertidas o guiadas únicamente por el instinto sexual a las mujeres con quien no está de acuerdo.
O que se sienta profundamente avergonzado con los que consideran que si una mujer se comporta de forma diferente a los roles tradicionales de género tiene que ser una lesbiana machorra...
O que crea que aquellos que consideran que las mujeres solo pueden ser dulces, cariñosas, sutiles y quedarse en casa fregando (uy no, como se me ocurre), son reductos del machismo que deberían replantearse sus ideas.
Lo que dice usted no lo veo en otros blogs... ahora bien, lo que digo yo si que lo he visto, perfectamente, en tierras nada lejanas.

27 de enero de 2011 15:31

 Skhadi dijo...
Por cierto, el perro de la foto solo está jugando. Que usted lo vea rabioso es solo un problema de visión.
Planteese que igual le pasa en otras cosas.

27 de enero de 2011 15:33

 Anónimo dijo...
Skhadi,
Sí hombre, jugando, con las pelotas de todos los sáquidas, que más quisiera Palazón.

27 de enero de 2011 16:44".

Pues resulta, Skhadi, que el mundo es como es y no como nosotros quisiéramos que fuera. Ayer, escribía yo de revoluciones y mencionaba, de pasada, la que se denominó “conservadora”. Lo digo porque yo, en lo sexual, soy profundamente conservador. Leí, hace miles de años, El libro negro, de Giovanni Papini, y recuerdo, porque se me grabó a sangre y fuego, su idea de que igual que nos ocultamos cuidadosamente para defecar deberíamos hacer lo mismo para su contrario, comer, porque ambos actos suponen un residuo de nuestra inicial y natural animalidad.

De la misma manera, el mundo y la vida nos imponen roles naturales que no podemos vulnerar, como tú, cuando te uniste a Njörðr, sólo pudiste soportar la proximidad del mar durante cierto tiempo y abandonaste de hecho tu coyunda por mor de dicha insoportabilidad.

He de darte, pues, la razón, soy empedernidamente machista, si lo es el hecho de que considere esencialmente distintos a la mujer y al hombre, de tal manera que ahora puede decirse que vivo sólo para mi mujer a la que adoro por encima de todas las cosas. Sufre de alzheimer y cada día se aleja un poco más de la realidad y yo trato de defenderla de ese feroz ataque de la puñetera vida con todas mis fuerzas. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que ella, que era la mujer más inteligente que nunca he conocido, me disputaba, con pleno éxito para ella, palmo a palmo la hegemonía de nuestro hogar y hoy no puede hacer casi nada.

En mi círculo de conocidos, he visto como otros, en el mismo caso, han internado a la mujer en esos centros que los neurólogos llaman “de demencias” y están intentando rehacer su vida con otras mujeres. Yo, no. Porque, como te digo, soy un machista: creo, seguro que erróneamente, que la mujer es el arca sagrada de la vida, que todo en la familia, porque también creo en la familia, de tan antiguo que soy, gira a su alrededor, que es ese nexo misterioso que une a los padres con los hijos y a los hermanos entre sí también.

 De modo que toda la familia,  ese lugar de calor y de apoyo, en el que todos reposamos cuando llega la noche, ni siquiera existe cuando no hay una mujer que lo sostenga, fíjate tú si soy machista. Qué le voy a hacer.

Pero, paralelamente creo también que ese papel excelso que la mujer realiza implica determinadas restricciones que sólo son teóricas y de asunción plenamente voluntaria, sin ninguna clase de obligatoriedad, de tal modo que cualquier mujer puede renunciar a este rol y asumir el de directora de orquesta, si es que le place.

Lo que ocurre es que, paralelamente también, esa asunción de un rol, que es naturalmente masculino, quiero decir que viene impuesto por la propia naturaleza, masculiniza consiguientemente a todo el que realiza esa determinada misión, si no por otra cosa, por ese principio determinante de raigambre natural de que la función crea el órgano, o sea que si la mujer elige voluntariamente masculinizarse, se viriliza y, entonces, se convierte en eso que tú, yo, no, has denominado una lesbiana machorra porque no es por casualidad que estas mujeres, que asumen una función masculina, acaban por masculinizarse en todos los órdenes por esa misma ley biológica que antes citaba.

Nos queda por referirnos a eso que tú dices que yo digo que ocurre en el chat de Saco. Tal vez, también sea una cuestión de roles. Como decía antes, Papini, en El libro negro, nos enseñó que ciertas funciones naturales que son en sí mismas inevitables, si queremos sobrevivir, también son esencialmente repugnantes para el que las observa si no es un "voyeur", tal sucede con el sexo. Yo no soporto el cine pornográfico, seguramente porque soy, en esto, también muy conservador, me parece que degrada al ser humano a ese nivel del que, a veces, tanto se habla, al de los meros objetos, al de las cosas y para mí el hombre, y la mujer, claro, son más, mucho más.

Pero igualmente creo que la amistad, la pura y exquisita amistad no es posible porque lo impide precisamente la puñetera naturaleza, entre el hombre y la mujer, a no ser que sean realmente repugnantes, porque eso contraría también  la naturaleza de las cosas. El hombre y la mujer normales, cuando conviven, sienten inevitablemente el atractivo del otro, a no ser que sufran algún trastorno emocional. 

De modo que en el chat de Saco, no existe, por mucho que quiera aparentarse, esa hipócrita insensibilidad ante el atractivo del otro sexo, o sea que, cuando ellos se reúnen, yo no sé, no puedo asegurarlo, que además del vino y de las rosas se compartan también otras cosas, como el lecho, cuando llega la noche.

Esto es, seguramente dicho de otra manera, desde luego peor por como tú lo has entendido, lo que yo trataba de expresar cuando decía que todos vosotros, en aquel maldito chat, como en cualquier otro, vais buscando más el sexo que el debate político. Nada más.

1 comentario:

Skhadi dijo...

Si, desde luego es machista, el problema es que es de esos paternalistas que creen que la mujer es débil, maternal y dulce y debe ser protegida. Milenios de eso han mantenido a la mujer lejos de la política, del debate y de la educación.
Enhorabuena.
Ahora si que he perdido todo el interés. Ni un poco de visión de la mujer como un igual. Ni un poco de replanteamiento de las cosas. Ni un poco de visión de lo que se ha dicho.
Lástima. Pero no se de que me extraño.

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