sábado, 26 de febrero de 2011

Gadafi y los otros





En las fotos, el yerno de Aznar y su íntimo amigo el hijo de Gadafi, la espada del Islam



Cuando los dioses quieren perder, hundir a alguien, primero, lo emborrachan de poder, lo ciegan con un exceso de autoridad.

Esta sería la desgarradora lectura de los últimos acontecimiento en el Norte de Africa.

Pero ¿hay dioses verdaderamente o son ellos, precisamente, estos pequeños homúnculos los que se han creido que eran dioses?

Porque lo tremendo de todos ellos, si nos detenemos a pensarlo, es que los tres empezaron a aproximarse al poder por la izquierda, dos incluso llegaron a presidir, o casi, internacionales socialistas y el otro llegó a realizar, o inspirar, atentados furibundos contra la omnipresente derecha, Lokerbie, pero, entonces, ¿qué es lo que pasa con la izquierda, cuando llega al poder?

Y ya estoy leyendo a esos magníficos comentaristas de la izquierda diciendo que no es izquierda todo lo que reluce, no son de izquierdas todos los que lo dicen, y es verdad, si lo sabré yo.

Gamal abdel Nasser fue un atractivo señuelo para los que querían realizar una revolución socialista panarábica. Ahí es nada, extraer a unos pueblos, a unas tribus, perdidas esntre las arenas de los desiertos, sumidas en la incultura y en una fe tan irracional como apocaliptica y llevarlos en volandas hasta el socialismo por la potencia de las armas.

N-1, todos estos caudillos árabes intentaron una revolución armada iniciada y desarrollada desde el ejército pero no supieron comprender que el ejercito es la antítesis del socialismo, el socialismo, en el fondo es el más feroz de los ataques contra el poder, pero esto no es más que una simple teoría, porque, en la práctica, al socialismo, puro y duro, no se puede llegar sino es a través del más estricto de los poderes puesto que ataca de raíz las bases de una organización social que hace miles de años que adquirió carta de naturaleza.

Para abolir la propiedad privada y derogar las leyes sucesorias hay que tener el más omnimodo de los poderes porque el instinto posesivo y el de familia, el de la sangre, son los más poderosos porque no son sino emanación del instinto de conservación.

De modo que estos hombres iniciaron su andadura política tratando sinceramente de hacer mucho mejor la situación de sus pueblos y acabaron todos ellos, sin exclusión, convertidos en auténticos tiranos y practicando, a muerte, lo que en principio quisieron combatir, la codicia y el nepotismo.

Resulta incluso ridículo de tan significativo que todos ellos hayan intentado crear sus propias dinastías. Al propio tiempo que invertían sus más acendrados instintos, el antisionismo, y mitificaban su propia personalidad, intentando alcanzar un status  casi divino.

El más representativo, en este aspecto, es, sin duda, Gadafi, al que ser jefe de gobierno le pareció tan poco que se situó por encima incluso del poder político, adoptando un lugar cuasi estratosférico porque, como ha dicho él mismo, contra él no pueden haber revueltas porque él no manda, se halla fuera del Estado y, por tanto, lejos de las querellas políticas, dígase si es posible una posición más cercana a la divivinidad.

Pero estos dioses africanos han resultado ser demasiado carnales.Se hallaban, o se hallan, poseídos por la más feroz sensualidad, no sólo querían mandar sino también poseer, éste de la posesión es probablemente el instinto supremo puesto que lleva implícito también el instinto de la destrucción, ya no sólo la ajena sino también la propia, de modo que todos ellos han sentido la irresistible tentación de destruir lo que pensaban que habían creado, un Estado socialista, cuando era fundamentalmente autocrático.

Gadafi, singularmente, incluso creó una guardia de corps femenina constituida por 200 mujeres que además de ir insuperablemente armadas ¡eran, o son, porque todavía deben de andar por ahí, vírgenes! Y aquí interviene la curiosidad insobornable de Jardiel que preguntaba, con toda la razón del mundo, si alguna vez ha habido realmente mujeres vírgenes.

 Pero el hecho ineluctable es que Gadafi, todavía, está ahí. Es el más dictador de todos los dictadores, recuerda incluso a Hitler y no sólo por su ralo bigote, sino además por esa su insuperable manía de disfrazarse.

Ahora, se ha disfrazado de Dios y ha declarado la guerra a muerte a su propio pueblo, pero ¿se puede luchar realmente contra el pueblo, sea propio o ajeno?

El pueblo es el pueblo es el pueblo es. Y todo lo demás son puñetas.

Si el pueblo quiere realmente una cosa, la hace.

5 comentarios:

Fernando Mora dijo...

attac.es/las-rebeliones-populares-frente-al-neoliberalismo-desde-egipto-a-wisconsin-eeuu/

Saludos,

Fernando Mora dijo...

attac.es/las-rebeliones-populares-frente-al-neoliberalismo-desde-egipto-a-wisconsin-eeuu/

Saludos,

Anónimo dijo...

Sinceramente, me parece un análisis un poco simple de los acontecimientos ocurridos en este último medio siglo en la zona. Cabría esperar un análisis más profundo porque, ni las sociedades árabes son culturalmente atrasadas como usted se cree ni enfoca el problema con la suficiente luz para ver que lo que se esconde detrás de esas luchas no es sino, la lucha de clases. Pero allá usted. Un saludo.

Anónimo dijo...

Soy el mismo de antes.
Hay un párrafo en el que dice: "Para abolir la propiedad privada y derogar las leyes sucesorias hay que tener el más omnimodo de los poderes porque el instinto posesivo y el de familia, el de la sangre, son los más poderosos porque no son sino emanación del instinto de conservación." Eso que dice es no ver la realidad de las cosas; decir que la propiedad privada y las leyes sucesorias dimanan de la sangre o del instinto de conservación es ser un idealista e ir contra la historia. No ver que la propiedad y las leyes sucesorias provienen de unos determinados sistemas políticos, económicos y sociales; que existe una mutua relación entre ellos y que todos esos aspectos interactúan en una diléctica histórica, que no pertenecen a ningún instinto de conservación ni son naturales. Y usted traslada conceptos de origen social a inserciones de la naturaleza humana, tal cual hacen los capitalistas. Como rezaba la constitución francesa de 1791, en su artículo 17, considera la pripiedad como un derecho inviolable y sagrado, como dimanante de la naturaleza humana. Y esa es la mayor declaración de idealismo que he visto, capaz de convertir la palabra (idea) en carne (materia, historia, realidad). Por eso le dije una vez que usted es un cura y que no ha acabado de comprender el marxismo como guía, la dialéctica como método, y el materialismo histórico como interpretación de la realidad de los hechos que esconden los acontecimientos históricos actuales y pasados. No comprende el marxismo y se ve incapaz de operar alejándose de las instituciones jurídicas a las que todavía les tiene apego y de las que bebió largos años. Esas instituciones y normas que conforman el ordenamiento jurídico con el que usted opera y trasplanta a la realidad no es sino, o, no responde sino a una sociedad organizada de forma clasista bajo el dominio del liberalismo y la forma de producción a la que este sirve ideológicamente de base y justificación.
Y así, podría seguir con otros párrafos de su exordio que parece querer decir todo lo contrario de lo que usted dice ser... De verdad, se lo digo desde el mejor de los consejos y sin ninguna animosidad personal hacia usted pero sí hacia lo que escribe, que queda ahí, para confusión de todo el que lo lea. Reformule su escrito desde la óptica del materialismo histórico, si es capaz... Un saludo.

Anónimo dijo...

Ah, otra cosa, esas categorías históricas ya fueron desentrañas por Engels en su "Origen de la familia, de la propiedad privada y el estado", pero si le menciono el libro luego no me diga que soy dogmático. Allí podrá leer como en base a los estudios de Morgan se podía ver como la familia y los vínculos de sangre son anteriores a la familia actual y a las leyes sucesorias; por tanto, no me venga diciendo que son inherentes a la naturaleza humana. Son instituciones históricas producto de la lucha de clases. Un saludo.

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