lunes, 21 de febrero de 2011

La prensa canallesca, otra vez más




Prensa=periodismo=1. m. Captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades.
Información= Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada.= adquisición de conocimientos=saber=conocimiento de la verdad=verdad=concordancia de la idea que tenemos o se nos transmite con la realidad de las cosas.

 O sea que la prensa es uno de los medios que los ciudadanos utilizamos para llegar al conocimiento de la verdad, de la realidad de las cosas.

Este concepto no es sino la expresión sucesiva de los diversos conceptos que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, DRAL, expone de los significados de cada una de los términos que componen la definición de la palabra “prensa”.

Lo que hemos hecho, pues, no ha sido sino una especie de razonamiento o deducción matemática de un concepto básico, esencial, para el trabajo que nos proponemos.

De él deducimos que la prensa es el testigo cotidiano al que acudimos para enterarnos de lo que sucede en el mundo en que vivimos.

Y otra vez no tenemos más remedio que acudir al DRAL: testigo=1. com. Persona que da testimonio de algo, o lo atestigua. 2. com. Persona que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de algo.3. m. Cosa, aunque sea inanimada, por la cual se arguye o infiere la verdad de un hecho.

O sea, resumiendo, que la prensa es aquella institución social que tiene como función informarnos de la verdad, en calidad de testigo. Ni más ni menos que eso.

O sea que la prensa y nuestro propio entendimiento, nuestra inteligencia, son los encargados de tenernos al corriente de lo que realmente sucede en el mundo.

De modo que la necesidad de que la prensa sea veraz es condición indispensable de su verdadera esencia, de tal modo que puede afirmarse radicalmente que la prensa que no es veraz no es prensa.

-Bueno-dirá Relaño Goebbels, director del diario deportivo As-a mí, plin, yo duermo en pikolín.

O dicho de otra manera a este rey del cinismo desinformativo le da igual el concepto que de él se tenga, para él, para un desaprensivo como él, lo importante es que le dejen seguir cazando ratones, los ratones que a él y a su empresa, Prisa, que se lo consiente, le interesan.

Y lo que a él y a su empresa, Prisa, le interesa es vender el mayor número de ejemplares de su  periódico, como sea, si, para ello, tiene que mentir descaradamente, le da igual, porque él lo que hace es dirigir un negocio, en modo alguno un medio de información legal y veraz. Si las estadísticas dicen que, en España, la mayoría de los aficionados al fútbol son madridistas, la cosa estriba en decirles a esos aficionados lo que ellos quieren leer, que es, en este momento en que vivimos, que el Barça no es, ni mucho menos, superior al Madrid.

El problema, el gravísimo problema, el problema que está infectando decisiva y definitivamente la convivencia nacional hasta el punto de que la está haciendo imposible es que esto del As y la información deportiva no es sino una concreción específica de todo lo que está ocurriendo en la prensa nacional.

En España, no existe realmente prensa, en el concepto que expusimos al inicio de este trabajo, sino una serie de panfletos periódicos que se dirigen precisamente a una labor concienzuda de desinformación de la sociedad.

Dice una frase que se ha hecho célebre a pesar de su radical falsedad: la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

El hombre de la calle, el ciudadano medio, ése que trabaja cotidianamente para lograr su sustento, no tiene tiempo ni medios de asomarse a la Red de redes, internet, y cotejar todo lo que se dice en los diversos medios de comunicación del mundo y comparándolos unos con otros intentar aproximarse a lo que realmente es la verdad.

Tiene forzosamente que asomarse al mundo por medio de los instrumentos que una sociedad, radicalmente falsaria, absolutamente podrida, pone a su alcance, de tal modo que concluye padeciendo la peor de las desinformaciones. Y este hecho, tan extendido como lamentable, se halla fundamentalmente agravado por lo que se ha dado en denominar el prestigio de la letra impresa, ahora incrementado por el de las imágenes de televisión, de tal modo que es un verdadero milagro si el hombre de la calle, el ciudadano normal, acaba bien informado.

Aparte otros influjos, muy consistentes, como la concurrencia en cada caso de los espurios intereses personales, ésta es la causa principal de que el voto de la mayoría de los españoles, por poner un ejemplo, se incline decididamente a favor de aquellos que son precisamente los culpables de su lamentable situación.

Y, entonces, me dirán ustedes ¿qué es lo que se puede hacer? Y estoy tentado de responderles: nada, pero no lo hago, porque sí que se puede hacer algo.

En los procedimientos judiciales, al testigo falso, se le denuncia como tal, se prueba su falsedad y se solicita de los órganos judiciales las penas que castigan el falso testimonio, que son realmente graves.

En el periodismo, juega a favor de la prensa canallesca, que es prácticamente toda, porque en esa disputa por la venta diaria de ejemplares el que no se prostituye totalmente acaba desapareciendo, el principio universal de los derechos humanos de la libertad de expresión, que estos venales profesionales se pasan cotidianamente por el forro de sus atributos, como hoy precisamente hemos visto en el referido As, que ha recurrido a borrar, mediante, el photoshot u otro procedimiento semejante, la imagen física del jugador del Bilbao que evitaba que el del Barça, que centraba en el primer gol de éste, se hallase en fuera de juego, y lo ha hecho, y no es la 1ª vez, con el mayor de los descaros, la solución contra este fraude quizá fuera que todos, absolutamente todos los partidarios del equipo así estafado por un medio de información se dirigieran al órgano ministerial correspondiente solicitando la apertura del pertinente expediente administrativo para sancionar a un medio de comunicación que no cumple con la 1ª de las reglas del juego, dar una información veraz.

 Pero no lo harán. Y lo que ha hecho ese canallesco libelo que es As quedará impune. Como quedarán también impunes todos esos otros como La Razón, Abc, El Mundo, La Gaceta, etc., incluyendo, claro está a El País, que pertenece a la misma empresa que el susodicho As y que contempla impasible como su hijo, otrora menor, falta a la verdad continua y habitualmente.

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