viernes, 18 de febrero de 2011

La sociedad podrida




Ultimamente, he escrito una serie de posts que mucho me temo que hayan podido transmitir una idea de mi pensamiento político esencial que no está en absoluto de acuerdo con la realidad. Para deshacer ese equívoco, si lo hubiere, me permito la libertad de traer a aquí un comentario que escribí  hace ya algún tiempo y que publiqué en el chat de Saco y que no sé si también lo incluí aquí.


#156 Comentario por eutiquio1.=12/06/2010 @ 10:18

La sociedad podrida

Siempre he creído que la figura de Felipe González estaba esencialmente sobrevalorada, a pesar de que, después de su derrocamiento, ha gozado de una intangibilidad tan unánime que resultaba altamente sospechosa.

Vuelvo, una vez más, a la terrible frase de Lampedusa: es preciso que todo cambie para que todo siga igual, es el culmen del pragmatismo de la ultraderecha y consagra la que es inteligentísima táctica del pensamiento reaccionario que parece que va a imperar ya para siempre en el mundo: la historia de la humanidad se concreta en períodos de regresismo seguidos de otros de progresismo siendo éstos últimos cada vez más breves y menos intensos porque el pensamiento reaccionario ha conseguido la primacía en las élites gracias a lo que se ha dado en llamar la traición de los intelectuales.

Por su nacimiento, dentro de una familia esencialmente burguesa, propietaria de una vaquería en Sevilla, por su formación universitaria, estudios de Derecho en aquella universidad, por su profesión, abogado laboralista, por su concepción del mundo y de la vida heredada de los que fueron sus maestros en la Facultad, Felipe es el típico producto de las élites falsamente progresistas de una derecha inteligente que se preocupaba, sobre todo, de cumplir la máxima de Lampedusa: con la extensión inevitable de la cultura de masas, gracias a la imposición de la instrucción pública, la derecha tenía que irse acomodando a las exigencias de una mayor apertura social, acomodación que se concretaba en la aparición de falsos partidos de izquierda que lo primero que hacían era abjurar del maxismo.

El marxismo, acabamos de decirlo hace unos días, es, sobre todo, un sistema, un método de análisis de la realidad y trata de comprender los acontecimientos históricos a la luz de las circunstancias económicas que concurren en cada caso, partiendo de lo que, para él, es una premisa indiscutible: la economía es el substrato esencial de toda actividad humana, de tal manera que todo lo demás no son sino superestructuras económicas.

Esta verdad elemental e indiscutible fue echada a un lado por González, en su famosa abjuración del marxismo y en ella se halla el principio del fin de todo lo que la izquierda ha intentado desde entonces, porque fue y es esencialmente definitivo preferir morir apuñalado en el metro de Nueva York que de hambre en Moscú, o sea, preferir la libertad mafiosa representada esencialmente por la facilidad liberal para todo incluso para el crimen a la disciplina social que implican todos los procesos auténticamente revolucionarios en orden a la consecución de la igualdad social, que no puede conseguirse nunca sin una lucha cerrada en la que es indispensable no sólo la complicidad del Estado sino su participación activa, todo lo contrario de lo que preconizaban esos 2 baluartes históricos de la auténtica libertad, Reagan y Tatcher, cuando afirmaron la que se considera máxima esencial de todo auténtico liberalismo: el Estado no es la solución, es el problema. Y así de aquellos polvos hemos llegado a estos lodos, de modo que no hay por qué quejarse.

No se puede adoptar el apotegma de Mao: gato negro, gato blanco es igual, lo importantes es que cace ratones porque, entonces, se está desmoralizando toda la actividad política y éste es el principio esencial de la ultraderecha y su asunción por cualquier ideología izquierdista implica, por consiguiente, su propia desnaturalización.

De ahí que, desde entonces, la lucha por el poder en nuestra desdichada sociedad no se dé entre izquierda y derecha sino entre facciones inasumidas de una misma derecha que esgrime ante cualquier intento de progreso efectivo de la sociedad ese arma irrebatible de que es el más radical ultraliberalismo del mercado el faro indiscutible para la navegación política.

Porque es hora ya de que nos despojemos de las máscaras. Una ideología que admita como principio inalienable de su actuación política que el mercado es el tótem y tabú de toda su actuación política es esencialmente de derechas y todas ésas medidas que suponen la moderación de dicho principio no son sino parches o remiendos de una mentalidad esencialmente regresiva.

Es por eso que se ha impuesto sin ninguna clase de trabas la sociedad que propugnaba Popper pero que yo no me atrevería nunca a llamar abierta sino íntegramente podrida porque supone que los valores humanos se han supeditado de tal manera a los puramente instrumentales del mercado que el mundo entero se manifiesta como un ente podrido en el que los valores que antaño fueron esencia de la humanidad ahora no es que no sean admitidos sino que son perseguidos con verdadera saña.

De aquí los golpes de muerte que la revolución conservadora está asestando a los últimos vestigios que restan en el mundo a lo que se denominó Welfare State, Estado de bienestar, y que, según Wikipedia, es un gobierno donde el Estado desempeña un papel clave en la protección y promoción de los derechos económicos y el bienestar social de sus ciudadanos. Se basa en los principios de igualdad de oportunidades, la distribución equitativa de la riqueza, y la responsabilidad pública para quienes no pueden acogerse a las normas mínimas para disponer de lo necesario para una vida que merezca realmente este nombre.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

En Badajoz esperamos ansiosos hablar contigo, llámanos.

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Sí, yo también estoy ansioso de hablar con vosotros pero ¿a qué número he de llamar?

Trasladarmelo por email a jlpalazon0@hotmail.com

Espero vuestras noticias,

Saludos,

Anónimo dijo...

Fe de erratas: La cita correcta de González era que prefería ser atracado y morir apuñalado en el metro de Nueva York que vivir sin libertad en Moscú.
Un saludo.

A. Garcia Portela dijo...

Lo de que el gato sea blanco o negro, no lo dijo Mao, fue Den Xao Ping y lo suscribió Felipe González. Saludos

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