jueves, 10 de febrero de 2011

Rato, Rodrigo, según el PP, el mejor ministro de Economía que nunca tuvo España




Hay algo que me maravilla de la especie humana mucho más que cualquier otra cosa: su capacidad de estupidez.

Como el que no quiere la cosa, la derecha ha logrado convencer al mundo mundial  de que son ellos, precisamente ellos, los que provocan cíclicamente el hundimiento de la economía global, los que realmente entienden de economía.

Y escribo esto a propósito de Rato. Se trata de un economista aficionado, de un puñetero diletante, que no ha tenido mucho tiempo y ninguna gana de estudiar la economía de verdad y que, sin embargo,  le ha sacado a su casi total ignorancia de la materia un partido increíble.

Su familia era dueña de una de esas industrias provincianas de medio pelo que sobrevivía gracias a unas amistades nada peligrosas, ninguno de los hermanos tenía el talento suficiente para hacerla prosperar pero todos gozaban de influencia en su medio para obtener las necesarias, o imprescindibles, ayuditas  que les permitían subsistir, hasta que la tarea resultó realmente imposible y, entonces, el más listo de ellos se dedicó a la política, utilizando lo único que ya les quedaba como único activo, el apellido.

Y este hombre de aspecto zafio y poco relamido, como digno descendiente de quien era,  comenzó a prosperar en un partido que lo tiene todo menos talento.

Yo, que sólo estudié 2 cursos de Economía política y otros 2 de Hacienda pública, dirigí, durante 30 años, un centro de trabajo de la más importante de las empresas españolas, en un cargo al que accedí por oposición desde el más riguroso de los anonimatos.

La empresa, cuando yo accedí a ella era todavía casi usaniana, una especie de delegación de la ITT, International Telephone and Telegraph, de tal modo que sus Instrucciones y Rutinas, que así se llamaban las normas mediante las que funcionaba, estaban firmadas todas ellas con apellidos anglosajones: Morgan, Freeman, Taylor, etc.

Los usanianos, en los aspectos no decisivos de sus negocios, como no tienen pelo de tontos, tratan de elegir para los mandos intermedios, para que realicen los trabajos técnicos, a unos individuos elegidos mediante rigurosos procedimientos que aseguren la designación de los mejores.

Pero, para los grandes puestos decisivos, para los que toman las grandes decisiones, eligen siempre con un marcado carácter político.

Es por eso que se equivocaron decisivamente cuando eligieron para dirigir al FONDO MONETARIO INTERNACIONAL (FMI) a un hombre que les dio totalmente el pego, un auténtico fraude, Rodrigo Rato, basándose, como única razón en que era “el genio económico” del gobierno de Aznar, creador de lo que ellos mismos no tuvieron el menor empacho en denominar “su milagro económico”, la burbuja inmobiliaria, que nos ha llevado directamente a la ruina en la que ahora nos hallamos.

Pero, lo cierto es que, como ya apuntamos antes, Rato sólo era un señorito de provincias, cuya única experiencia en la gestión económica era haber dirigido el pequeño negocio familiar que, bajo su régimen, por cierto, acabó en la quiebra, de la que sólo pudo salir merced a la ayuda “desinteresada” de un Banco inglés al que él favoreció, facilitando su implantación en España, algo limpio como siempre que se trata del PP y sin el menor atisbo de prevaricación o tráfico de influencias.

Y, aquí,volvemos a mi asombro del principio: ¿cómo todos los Estados constituyentes y constitutivos del fondo que realmente manda en el mundo económico se dejaron engañar por un aficionado, cuya única experiencia empresarial era la gestión de las empresas Rato, que habrían terminado en la quiebra más absoluta si no hubieran gozado de la intervención providencial de un desinteresado Banco británico?

Ahora, aquellos inteligentísimos señores, que eligieron para dirigir a una de las empresas más complejas del mundo, a un atrevido aficionado, han reconocido públicamente su gran error, confesando que el actual desgobierno económico que hoy impera en el mundo se debe a haber tenido a su frente ni más ni menos que al que el PP llama cínicamente el mejor ministro de Economía de toda la historia de España.

Y lo peor es que la mayoría de este desdichado país sigue y seguirá otorgándole su confianza a economistas de esta laya, como el propio Rato, Martinéz Montoro y aquel que nos hablaba de sus desayunos con las tostadas untadas con la sabrosa manteca de cerdo roja.

Qué país, Miquelarena, qué país.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Y segun ha dicho Wioming esta noche, tiene una paga vitalicia de 58.000 euros.
Este análisis deberia ir mañana en primera, en El Pais.
Saludos.

Fernando dijo...

Genial, sin duda. No se si a portada pero en un buen lugar creo que sería hasta necesario.
Saludos,

Anónimo dijo...

En algún lugar se meterá la gente con verdadero talento, porque, ¡madre mía!, Eutiquio, no tenemos más que un país de encumbrados mediocres por las circunstancias y el tráfico de influencias, que pesan sobre nuestra historia reciente. Un saludo.

Anónimo dijo...

Gran artículo. Sin embargo, te sobra un "lo" en el segundo párrafo.

;)

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