miércoles, 16 de marzo de 2011

"Fukushima, mon amour".




Me vienen a la cabeza, en confuso tropel, frases tales como “homo mensura”, el hombre es la medida de todas las cosas, “homo sum et nihil humanum est a mihi alienum puto”, soy humano y juzgo que nada humano me es ajeno y, por último, y fundamental: no se ha hecho el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre.

Hoy, mismo, en uno de los artículos de Público, escribía yo, como comentarista, que la muerte de un sólo hombre por causa de la energía atómica incapacitaría a ésta para seguir existiendo pero es el caso de que, en Hirosima y Nagasaki, murieron cientos de miles de personas, como usted y como yo, porque un camisero, sí, un hombre que empezó a ganarse la vida vendiendo camisas, decidió que así sucediera.

Yo no sé cuándo este mundo loco comenzará a funcionar, si es que, al fin, lo hace con arreglo a las reglas de la puñetera lógica pero no tiene ningún sentido que se siente en la silla eléctrica a un individuo por el asesinato de otra persona y se dé honor y gloria a un tío que fue el  padre de la bomba atómica, o sea, el mayor asesino en serie o de masas que ustedes hayan conocido nunca.

Se necesita ser un gran hijo de puta para sentarse todos los días ante un block de papeles y trazar en ellos los guarismos necesarios para,  al final, conseguir un instrumento que sirva no ya para matar a miles, a millones de personas sino para incluso acabar con la humanidad. ¿Ustedes se lo imaginan?

Y el genial físico, o matemático, tiene, además, cara de buena persona, parece como si fuera incapaz no ya de romper un plato sino tampoco de matar a una de esas moscas tan molestas del verano.

Hemos hecho todo lo posible por desnaturalizar al hombre, de un ser casi arcangélico, “¿quién, si yo gritara, me escucharía entre las jerarquías de los ángeles?”, lo hemos convertido en el peor de todos los asesinos, en ése que mata por mera fruición intelectual, por saberse el más inteligente de los hombres, por haber descubierto lo que indudablemente será el fin de la humanidad, y, entonces, Rilke, nos dice la verdad sobre este jodido, asqueroso personaje, “todo ángel es terrible”, de tal modo que, si el cielo y el infierno no existen, ello no será sino la peor de todas las injusticias, una injusticia tal que clamará al propio cielo, y al infierno, claro, porque ¿de qué otro modo podrá encontrar castigo la suprema maldad de un hombre capaz de buscar conscientemente el medio de destruir la Tierra y hacer desaparecer de ella el menor vestigio de humanidad?

Y, entonces, los jodidos hipócritas de siempre, me dirán: ¿y quién le ha dicho a usted que el sabio atómico buscaba un arma de destrucción y no la llave para abrir la más poderosa de todas las fuentes de energía?

Y yo le recordaré a este supremo hipócrita, que fue Hitler el que intentó desesperadamente conseguir la bomba, consciente de que ello supondría el fin, a su favor, de la contienda mundial, y que fue otro canalla semejante el que, al fin, la consiguió y la utilizó con la misma finalidad y la guerra se acabó. Albricias. E importó muy poco, casi nada, contemplar cómo, sobre el más espantoso escenario que nunca se haya visto,  cientos de miles de seres humanos eran corroídos por la peor de las especies de un cáncer no sólo incurable sino también fuera de la posibilidad de acción de los calmantes, hasta la más horrible de las muertes, Rilke otra vez,  unos cientos de miles de personas cuyo único pecado fue hallarse en el momento preciso en el peor de los lugares del mundo. Lo único aceptable que de aquel apocalipsis criminal se derivó fue aquella maravillosa narración de Alain Resnais y Marquerite Duras, “Hirosima, mon amour”, que ahora, cuando el azote atómico se ceba otra vez sobre Japón, nadie recuerda.

Y los sabios, ¿sabios, realmente?, seguirán exprimiendo sus prodigiosos cerebros como nuevos ángeles, o arcángeles, de la muerte, mientras Rilke volverá a lanzar al cielo su terrible requisitoria : “¿quién, si yo gritara, me escucharía, entre las jerarquías de los ángeles?” y, ante su silencio, volvería escribir: “todo ángel es horroroso”.

Horroroso viene de horror, que es lo que sucedió no hace tanto tiempo en Hirosima y Nagasaki y lo que sucede ahora mismo en Fukushima, sólo por la codicia de unos pocos hombres, los más poderosos, los peores, que quieren ganar un poco más de dinero.

6 comentarios:

bemsalgado dijo...

Magnífico, José, y bello.

Con Fukushima, como humano, consuela saber que nadie deseaba lo ocurrido, aunque la codicia humana, con nombres y apellidos tenga parte de culpa.

En el otro caso, en el del crimen de 'ese camisero que tu dices', él sabía y quería lo que iba a suceder. Y, como humano, desconsuela saber que, ni él, ni nadie de quienes fueron corresponsables de tan ignominioso crimen han sido condenados, siquiera moralmente, sino por el contrario cínicamente justificados.

Muchas gracias por este bellísimo artículo, y muchas gracias por tus gestos de consideración personal que no merezco.

Un abrazo

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Amigo, bemsalgado:

Este blog mío no sería lo que es sin ti, sin tu generosa ayuda para confeccionarlo formalmente, y por la inspiración que tu actitud me proporciona.

Dije el otro día que tú eres uno de los blogueros más inteligentes y honestos que conozco. Lo mantengo y no sé si sabes que no digo nunca lo que no pienso.

Te agradezco tus ánimos porque, a pesar de que trato de ser estoico, no lo soy tanto como para no necesitar que una mano amiga, de vez en cuando, me anime a seguir realizando el trabajo de pergeñar, casi cada día, el post que cuelgo en este blog.

Como curiosidad, te diré que intenté incluso copiar ese fondo de librerías que se ven detrás de la habitación de Van Gogh, en tu blog, pero no pude. Soy muy torpe en todo, pero más que nada en esto de la informática, tanto que mi hija, doctora "cum laude" en la materia, me ha dejado por imposible.

Un abrazo,

bemsalgado dijo...

Amigo José, a mí, que trabajé como informático veinte años comenzando en los tiempos de la ficha perforada, que no sé si podría decirse, sino la edad de piedra de la informática su edad de bronce, el fantástico desarrollo actual de la misma me equipara en conocimientos a un niño de 5 años, pero con menos agilidad mental y hambre de conocer que ellos. Estamos igual, José.

A pesar de ello, en este caso, como son pasos que ya he dado, creo que puedo ayudarte a cumplir tu deseo de incorporar la librería como fondo de tu blog. Quizás mejor te envío un correo privado con el sencillo procedimiento que has de seguir para hacerlo.

Un abrazo.

Fernando Mora dijo...

Sea uno o sea otro, más pronto o más temprano, de una forma o de otra, lo que parece evidente y dicen algunos que ya irreversible, es que la codicia del ser humano va a llevar a la destrucción de la Tierra.

Saludos,

Anónimo dijo...

Has olvidado mencionar que tipo de aerogenerador o paneles solares empleas para tu suministro electrico.

Porque supongo que no estaras empleando energía no renovable, despues de todas las secuelas tan enormes que causan en el clima o directamente las enfermedades pulmonares, accidentes en refinerías, etc etc...

"La muerte de un sólo hombre por causa de la energía atómica incapacitaría a ésta para seguir existiendo".

Cuanta gente ha de morir por el uso de energías fosiles para que usted escriba un articulo de este calibre.

De hipócritas está el mundo lleno y en los blogs... a patadas!

Olabisi dijo...

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