lunes, 21 de marzo de 2011

Mi visión del mundo, de la vida y del hombre


¿Y si mi visión del mundo, de la vida y del hombre estuviera radicalmente equivocada?


Es decir: ¿y si Sarkozy, Cameron y Zp, y allá, en el fondo, Obama, no fueran realmente meros instrumentos de aquello que Foucault y Galbraith denominaron “El Poder” y que el 1º afirmó que nadie sabía realmente quién lo tenía y dónde estaba y el 2º dijo francamente que estaba constituido por las grandes corporaciones norteamericanas, y que son estos terroríficos, pero visibles y evidentes personajes poderosos los que realmente marcan la pauta, sin que nadie les diga realmente lo que tienen que hacer?

¿Y si la vida no fuera, tal como yo la imagino, una conspiración, en gran parte inconsciente, de los malos contra los buenos, en la que los terribles efectos perversos, guerras, hambrunas, y toda otra clase de miserias no fueran, como yo creo que son, sino el proyecto largamente madurado de unos genios maléficos que se ocultan en el anonimato para que, entre otras cosas, nadie les identifique plenamente y puedan así, algún día, exigir sus cabezas?

¿Y si fuera realmente Zapatero el que mueve definitivamente los hilos de la política española, y Sarkozy la de Francia, Merkel la de Alemania, Obama la de los Usa  y así sucesivamente hasta acabar de darle la vuelta al mundo, de tal modo que todo aquello que pensaron tan laboriosamente Marx, Engels, Lenin, Trostky, Bakunin, Malatesta, Koprotkin, etc., no fuera sino una muy bien elaborada entelequia, en la que si todo casa perfectamente, como en un maravilloso juego informático, no deja de ser sólo eso, un buen juego completamente artificial y alejado definitivamente de la realidad, de tal modo que la economía es una ciencia inocente e ingenua que funciona sin mala consciencia de manera que toda esa miseria salvaje del tercer mundo no sólo estuviera realmente justificada sino que fuera, también, inevitable, en un mundo monstruoso y canalla por naturaleza?

Esto último es lo que aseguran con rotundidad todos esos ¿pensadores? de la peor de las derechas, Rajoy decía, en unos artículos publicados en El Faro de Vigo, que la desigualdad de los seres humanos no sólo era absolutamente natural e inevitable sino también asombrosamente fructífera, siendo realmente el motor que impulsa todo el movimiento del mundo.

De modo que, aparentemente, tendríamos a Rajoy y todo ese resto de indocumentados que le acompañan, o le siguen, y de otro a las mentes más preclaras y seguramente más laboriosas de la humanidad, pero no es así porque el que universalmente se considera como el patrón del pensamiento humano, el hombre que estableció la que podríamos llamar prueba diabólica de la correción de toda proposición filosófica, es decir, la prueba que demuestra que una aseveración científica o filosófica se adecua a la realidad, figura en el elenco de los pensamientos más reaccionarios.

Estoy escribiendo de Karl Raimund Popper, santo y seña de todo el pensamiento regresista, que rechazó el criterio positivista de verificación y la conexión entre verificación y significado, proponiendo el criterio de falsabilidad, que, en resumidas cuentas, nos viene a decir que si bien es cierto que un hecho que desmiente o contradice una teoría basta para invalidarla, ningún hecho basta para validar o verificar ninguna teoría ya que  siempre se puede esperar uno que la invalide. De modo que una teoría es falsada cuando se descubre un hecho que la desmiente o, más específicamente, cuando se puede deducir de la teoría un enunciado singular predictivo que no la verifica.

Una teoría que no sea, en prinipio, falsable es inaceptable y se halla fuera del marco de la ciencia. Tal ocurre, según Popper,con el marxismo y el psicoanálisis, que no son cient́ficas porque aun cuando pueden ser verificadas no pueden ser falsadas. Por lo demás, ninguna teoría es definitivamente corroborada porque la corroboración definitiva equivaldría a no falsabilidad.

Pues, bien, este señor, después de cargarse así, por las buenas, no sólo a Marx y Freud sino también a Platón y a Hegel, va y escribe su famosísima “La sociedad abierta y sus enemigos”, en la que lo que realmente hace es cerrarla y para siempre a toda interpretación materialista y universal de la historia que no está predeterminada por ninguna concepción previa de la misma, que no sea precisamente la suya.

En realidad, lo que este buen hombre pretendía era precisamente eso, cargarse toda interpretación lógica de la historia, que no sería interpretable nunca según criterios previos, como es el del análisis marxista, sino absolutamente libre en su devenir de acuerdo con las concepciones liberales de sus mejores amigos, Hayek, entre ellos.

Pero yo no estoy entre los discípulos de Popper, creo firmemente que la economía lastra para siempre la posición del hombre ante cualquier clase de acontecimientos de tal modo que no hay política posible si no tiene en cuenta la relación de fuerzas económicas que se hallan en cada momento en conflicto, o sea, que siempre está presente en todo acontecimiento histórico esa lucha a muerte que se establece entre las fuerzas progresistas representadas por las clases sociales más desfavorecidas y las que se denominan clases dominantes, que luchan con todos los medios a su alcance siempre por conservar o aumentar su poder.

Y no creo que ésta sea una concepción conspiranoica de la historia sino simplemente realista y a los hechos cotidianos me remito.

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