viernes, 11 de marzo de 2011

Mohamed VI (I)






A lo peor me falta la perspectiva, que seguramente, sí, pero creo firmemente que la última ficha de dominó del Norte de Africa no va a caer nunca, a pesar de contar con los máximos méritos para ello, porque, si no es uno de los Estado de La Unión, merecería serlo, porque ningún otro se ha mostrado más sumiso y buen colaborador.

Es otra, junto a Israel, de sus cabezas de puente y domina, junto con nosotros, el paso de uno de los estrechos más estratégicos del mundo.

Pero el sátrapa que lo domina es, para mí, el peor de todos ellos, si no por otra cosa, porque se cree investido por derecho divino y porque su cadena sucesoria es dinástica, o sea por todos los motivos que esencialmente se oponen a un régimen democrático.

Pero, en su territorio hay, Bases Usa y, dentro de él, no se mueve una sola hoja de palmera sin que lo sepan antes los EE.UU.

Así las cosas, importa muy poco que su régimen sea el más tiránico de todos ellos, y nos referimos a los que existían-¿o existen porque, a lo peor, estas revoluciones, tan espontáneas, se quedan sólo en agua de borrajas porque, no lo olvidemos, estamos en presencia de la máxima lampedusina: es preciso que todo cambie para que todo siga igual?-y que esté ejerciendo, a plena luz del día, un cuasi genocidio no sangriento aún contra el pueblo sahariano, que es un pueblo ajeno, lo que agrava mucho la cuestión porque los crímenes contra el pueblo propio serán todo lo execrables que se quiera pero la humanidad que hieren no es la más alta que se contempla en las leyes internacionales.

Porque Mohamed VI es seguramente el más perfecto de los hijos de puta pero de lo que no cabe duda es de que se trata de su hijo de puta predilecto.

Entonce, Obama llamó a su esbirro y de dijo: "Oye, muchacho, ya está bien ¿es que no hueles el pestazo a quemado que sale de tus países vecinos, a qué esperas, coño, haz algo de una vez y no nos pongas a todos en el mayor de los ridículos?".

-Pero, ¿qué puedo hacer?-le respondió el sátrapa.

-Miles de cosas-respondió el Emperador Jones 2º-, entre ellas darle a tu pueblo una constitución que, por lo menos, parezca democrática, en la que se digan todas esas pamplinas, que nadie va a creer, de que la soberanía nacional reside en el pueblo y que tú actúas sólo por su delegación si no originaria sí "a posteriori", o sea, que ellos, el pueblo, ratifican el mandato divino.

-Muy bien-dijo el sátrapa-pero eso ¿cómo se hace?

-No te preocupes, mi pequeño muchacho, ya te envío yo a mis asesores.

Y el tirano se apresuró en salir por la Tv y anunciarle a uno de los pueblos más masacrados y exprimidos del mundo la buena nueva: "estáis de enhorabuena porque yo, el Dios vuestro en la Tierra, he decidido daros una nueva Constitución".

Y una inmensa alegría recorrió todo el pueblo-americano, por supuesto-porque así se cubrirían mejor las apariencias. Pero, en el marroquí no se alegró ni uno sólo, porque conocen muy bien a su monarca.

Pero aprovechemos la ocasión para hablar un poco de la Constitución, que no es otra cosa que un papel mojado pero muy bonito cuando se lee despacio, en ella, se reconocen casi todos los derechos que el pueblo al que se dirige debería tener y que por eso, precisamente, por  recogerse allí solemnemente y por escrito, aclamado fervorosamente por las Cámaras representativas del pueblo, jamás se cumplirá ni en una sola de sus normas.

Es una más de las ficciones jurídicas que rigen el triste destino de los seres humanos. Pero, seguramente, cumple su papel, que no es otro que silenciar los reproches de los que se dicen políticamente revolucionarios y luchan denodadamente por la igualdad y libertad de los hombres, esas 2 condiciones que saltan a la vista cuando uno se acerca a uno de los países bien constituidos.

De modo que Mohamed les otorgará a los marroquíes un nuevo papel mojado a toda prisa para que nadie de su pueblo tenga tiempo de sublevarse contra uno de los regímenes más opresivos de la Tierra, pero que tiene la fortuna, “fortuna te dé Alá, hijo, que lo demás poco te vale”, de gozar de la protección del 2º de los emperadores Jones. 

Es uno de los servicios que le hará al mundo dicho emperador antes de desaparecer del mapa como su precedente, aquél que se sacó de  su magistral cerebro uno de los genios del teatro usaniano, Eugene O’Neill.

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