sábado, 30 de abril de 2011

El Ser Superior, historia de 2 grandes fracasos


Decía mi maestro, Michel Foucault, que una de las características del auténtico poder es que nadie sabe quién lo ejerce realmente ni dónde está y aunque esta premisa fuera luego combatida a muerte por John Kennet Galbraith cuando, en su “El nuevo estado industrial”, afirma literalmente que “nadie, excepto Marx y los marxistas en su contexto, se había dado cuenta de que la economía de las grandes corporaciones era el sistema en sí”, hay una serie de personajes de 2ª fila que se creen incluidos por su misma naturaleza en esa clase ignota de los verdaderamente poderosos y juegan a que sus actuaciones compartan, por lo menos en apariencia, el roll de los auténticamente plenipotenciarios.


Uno de ellos es Florentino Pérez. FP ha pasado demasiado tiempo al servicio de los March, sí, de aquellos que, en su día, nos trajeron a Franco, para sólo 40 demoníacos años, para que su instinto de emulación no se haya disparado hasta el extremo de adoptar esa actitud cuasi episcopal de la mesura y del silencio en un tipo que es por esencia desmesurado y estruendoso porque su ego mayestático le impide refugiarse en la verdadera oscuridad.

A este hombre, que quiere ser Dios, le han llamado muchas cosas, unos, sus más fervientes admiradores, Ser Superior, y otros, que no le admiran tanto, El Conseguidor. Y son dos diagnósticos realmente acertados.

Un Ser Superior es aquel que efectivamente triunfa en la vida y esto, el triunfo en la vida, nadie se lo puede negar a Florentino, hasta el punto de que, como vemos, se le conoce, como al gran Alejandro, por el patronímico, pero el problema reside en que un hombre, que es realmente ambicioso, nunca tiene hartura y siempre buscará una nueva faceta en la que demostrar su grandeza.

De modo que el Ser Superior que lo ha conseguido todo en el campo de las finanzas, que ha llegado a ser el hombre más poderoso de España en el terreno económico, a la par de Botín y de César Alierta, como buen matemático, es ingeniero de caminos, quiso lograr la cuadratura del círculo: conseguir el triunfo también en el campo inextricable del fútbol.

Y para ello utilizó lo que en el terreno de las finanzas le ha llevado al triunfo más absoluto: el juego sucio.

Antes de proseguir, quiero insistir una vez más en que ni por asomo estoy escribiendo de fútbol, pretendo hacerlo, no sé si lo consigo, del  poder, del poder puro y duro que es el tema que más me apasiona en el mundo porque a él han dedicado sus mejores esfuerzos aquellos a los que yo considero mis maestros.

El poder, visto desde la óptica del que lo ejerce, debe de ser fascinante.Lo más  parecido a la visión que del mundo tendrá el propio Dios, si es que existe, una sensación, sin duda, la más embriagadora, que lógicamente producirá el más completo de los éxtasis. Es por eso que los que experimentan el poder en un cierto grado ya no pueden prescindir de él y viven sólo para eso, para ejercerlo cuanto más tiránicamente mejor, de ahí el gran acierto de lord Acton, “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

De modo que Alejandro, perdón, quise escribir Florentino, en el aspecto financiero lo había conseguido todo, o casi todo, porque estos poderosos se marcan los límites unos a otros, de manera que Floren necesita, a veces, a Botín o a Rodrigo Rato para que le presten ese dinero que tampoco es de estos individuos sino de todos nosotros y que él, Floren,  necesita para perpetrar sus hazañas, en las que, como buen ambicioso, otra vez perdón, avaricioso, nunca arriesga, nunca, nunca, nunca, como él mismo jactanciosamente dice, su propio dinero, que, todas las noches, antes de acostarse, como buen avaro, recuenta porque eso le hace dormir mucho mejor.

Pero en el título hablábamos de 2 fracasos de El Conseguidor. Si uno, en el terreno financiero, lo ha conseguido todo, se aburre con esta especie de juego de monopoly y busca algo que le vuelva a producir aquella inquietud de los primeros tiempos, cuando cada inversión, siempre, por supuesto, con dinero ajeno, le producía aquel maravilloso  y emocionante cosquilleo de la incertidumbre,  no tiene más remedio que asomarse al más incierto de todos los juegos del mundo, el fútbol, en cuyos resultados influye todo, incluso la suerte porque, a veces, la pelotita se niega a entrar y, otras, entra cuando de ninguna manera debiera de hacerlo.

La 1ª vez fracasó de tal modo que, por 1ª vez también, en su vida, tuvo que arrojar la toalla y dimitió porque aquellos caprichosos niñatos componentes del conjunto de genios que él mismo denominó los galácticos, se empeñó en hacer las cosas no como los disciplinados administrativos de alguna de sus grandes empresas sino como los genios auténticos actúan siempre, de una manera absolutamente anárquica y, presa de mutuos celos, se dedicaron a eso de decir “si él es el mejor de todos, que gane los partidos él” y los unos por los otros dejaron la casa del Bernabéu sin barrer.

Pero un Dios no puede admitir su fracaso, sin dejar de ser Dios, de modo que volvió a intentarlo pero esta vez buscaría a un mago capaz de meter en cintura a los genios, a todos esos genios que volvió a fichar con el dinero de todos nosotros, mientras se reía a carcajada limpia de esos 5 millones de parados que se mueren literalmente de hambre en el país que, al propio tiempo, tiene los 2 mejores equipos de fútbol del mundo, con el canallesco aplauso de algunos seguidores madridistas que juran y perjuran, o sea que perjuran, que son de izquierdas.

Pero el mago elegido siente la misma pasión que él: el puñetero, el puto-ésta es la palabra de moda-poder, porque ésta es en realidad la pasión de todos los grandes hombres y ahora no tengo más remedio que recordar aquellas lejanísimas clases de religión cuando el cura que se acostaba con su cuñada me decía aquello de que Dios sólo puede haber uno porque, al ser omnipotente, no puede compartir el poder con nadie.

Y aquí es cuando a este enfermo de poder le falló esa inteligencia superior que sus adoradores le adjudican: el mago elegido adora tanto el poder como él mismo, tanto, tanto, tanto, que, como él también se cree y aspira a ser un dios omnipotente, no dispuesto, de ninguna manera, a compartir el poder y en la lucha por el poder, en el seno de ese ejemplo de lo que es y significa la ideología ultracapitalista liberal conservadora y neocons que es el Real Madrid, ganó el que tenía que ganar, el más desaprensivo, el más capaz de jugar a su favor todas las sucias bazas de la partida entre dos profesionales del juego,  el propio y efectivo demonio que sabe que el otro no puede prescindir de él sin admitir, al propio tiempo, que él, el más Superior de todos los Seres del mundo, se ha equivocado otra vez como un perfecto párvulo.

Y esto, señores de la Sala, es el mejor de los ejemplos de lo que es y como funciona esa mierda de elemento vital que hemos dado en denominar poder y, en cuya teoría general, yo me atrevo a corregir a mis maestros que dijeron aquello de que junto al poder malo hay también otros poderes buenos que sirven para hacer el bien.

No es cierto, cuando el poder parece que hace el bien, no es verdad,  cuando los poderosos dan limosnas a Teresa de Calcuta, para que mantenga su ingente obra de ayuda a los menesterosos, no hacen el bien sino el mal, porque sólo ponen en práctica una perfecta coartada para que todos los poderosos del mundo práctiquen la maldita, la cochina máxima del más podrido de todos los pensadores de la derecha del mundo: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Este es uno de los escritos que merecen una primera página en grandes medios.
Espero que esto ayude a reflexionar a muchos que sabemos le siguen leyendo, aunque no lo quieran reconocer.
La genialidad de eutiquio es innegable e imprescindible.
Ya lo dice Bemsalgado.
Abrazos para todos.
camarada

Anónimo dijo...

Me parece un escrito verdaderamente interesante.Espero que la gente que lea y disfrute con este escrito reaccione tambien y actue contra esta panda de mafiosos que mueven los hilos de una sociedad que pAra ellos deberia llamRse suciedad.Nosotros tenemos el poder para cambiarlo.
Un saludo camarada y sigue escribiendo porfavor.

Fernando Mora dijo...

Magistral, carajo. Magistral.

Un apunte menor. Si no me equivoco, el que acuñó el término de "galácticos" fue el delincuente Gil y Gil.

El mundo por lo que parece sigue más o menos igual que siempre. Hoy tenemos a las masas mirando y aplaudiendo hasta con las orejas una boda principesca y la beatificación de un Papa. Esto cada vez se parece más a la Edad Media.
Abrazos,

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