lunes, 4 de abril de 2011

La hermosa libertad contra la puñetera igualdad (III)




El sueño de una noche de primavera, o ¿es una pesadilla?

Dedicado a Manolo Saco, el más ferviente defensor de la libertad de expresión

Antes de nada, corregir un dramático olvido: aquellos 4 padres de la patria, quiero decir de la Constitución, no estaban solos, había 3 más: José Pedro Pérez Llorca, Solé Tura y Gregorio Peces-Barba.

Una Constitución es algo realmente imposible, como la cuadratura del círculo, o como una manta demasiado pequeña en una enorme cama de matrimonio, si quieres taparte los pies, te descubres la cabeza, en fin, un auténtico lío, pero aquellos 7 tíos, a los que alguien con mucho sentido del humor, llamó “los 7 magníficos” hizo un buen trabajo, por lo cojones.

De modo que si tratas de establecer a rajatabla la libertad, se te destapa la igualdad.

Pero algo era algo, decían los comunistas y los socialistas, o sea Solé Tura y Peces-Barba, que ni siquiera se creían que los hubieran dejado, que los dejaran participar en aquel entierro, en aquello que algunos ingenuos pensaban que era el entierro del antiguo régimen pero que no era sino el certificado de su perpetua vigencia.

Y cada uno de ellos volvió a su casa encantado, creyendo que habían encontrado la panacea.

Y ellos y sus respectivos partidos se pusieron como locos a legislar. Y, como eran tan prudentes, resulta que dejaron que todo siguiera como estaba aunque pareciera que nada era igual, lo que se parece tanto al axioma de Lampedusa, que yo creo que era en realidad el mismo y puñetero axioma, puesto que los poderes de verdad quedaron por siempre y para siempre en las misma manos.

O sea que los propietarios siguieron siendo los dueños de todo, los banqueros, los dueños del capital financiero, la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, la SICAR, y los militares, los guardianes muy cuidadosos del cambio,  o sea, como se ve, una auténtica revolución democrática.

Y, así las cosas, demasiado bien ha resultado todo:

A) los propietarios son, hoy, mucho más propietarios que nunca porque han extendido su dominio no sólo al suelo sino también al subsuelo y, por supuesto, al vuelo, quiero decir que el propietario en exclusiva de esa tierra que debería ser de todos, ha pasado a ser propietario de todo lo que se ha construido sobre ella, el vuelo, y de todo lo que hay debajo de ella, que debería ser el infierno pero que no es sino el agua, el carbón y, quién sabe, si el petróleo o cualquier otro mineral vaya usted a saber cuál; pero de una manera tan intensiva, tan desaforada, que se ha formado una especie de inmensa burbuja, algo así como una enorme pompa de jabón que ha ido creciendo y creciendo hasta que ha explotado dejándonos a todos con el culo al aire: a los propietarios en manos de los Bancos, a los trabajadores que se creyeron que aquello no sólo era de verdad sino que iba a durar siempre, hipotecados durante 40 o 50 años por esos mismos Bancos y a éstos, los Bancos, en manos de no sabe bien quién porque ellos dicen que están también en la ruina, o sea, que nadie ni los mejores economistas del mundo, sabe adonde coño han ido a parar todos esos miles de mieles de millones que se pusieron a circular como locos; pero eso, sí, con toda esa hermosa libertad de la que ha gozado todo el mundo, o sea, para que nos entendamos de una puñetera vez, que todo esto no ha sido sino el resultado de las maravillosas teorías triunfantes del neoliberalismo ultracapitalista neocons;

B) los trabajadores, que trabajaban a puñetero destajo, qué les voy a decir, cuando se dieron cuenta no sólo eran propietarios de 2 residencias, una de invierno, en la ciudad, y otra, de verano, en donde les plugo, que los hubo incluso que se fueron a Miami, sino también de los mejores coches del mundo, mercedes y bmws, de modo que todo era como una auténtica Arcadia feliz, con una pequeña sombra, allá, lejos, los parados, una gente que había dejado de trabajar más o menos voluntaria y oficialmente pero que simultaneaban la prestación social con alguna chapuza en el mercado sumergido, lo dicho: una auténtica Arcadia feliz, hasta que, de repente, todo saltó por los aires sin que nadie sepa todavía bien por qué, el caso es que las empresas de construcción quebraron, los trabajadores fueron a la puñetera calle y los Bancos, ah, los Bancos, aquellas alegres entidades que hipotacaban todo lo que se les ponía por delante, comenzaron a recibir impagados y todo se fue a hacer leches, un crack tan grande, tan grande como aquel de 1.929;

C) total: crisis, recesión, ruina y miseria por todas partes, pero, sobre todo, por una, aquellos alegres trabajadores que se compraron 2 casas y algunos también 2 coches, ahora están en el paro y los Bancos, juzgados mediante, se han llevado las casas y los coches;

D) son casi 6 millones de parados que, eso, sí, gozan de la mayor libertad; nadie les puede decir lo que deben de hacer, han sido muy libres para endeudarse hasta las cejas y para perder todo lo que adquirieron con el fruto de su trabajo, sólo fue un maldito sueño de verano o de primavera y ellos no tienen la culpa de que haya acabado así;

E) de cualquier modo, miran con desprecio a esos aberrantes ciudadanos de sudamérica, especialmente a los cubanos y venezolanos,  que parece que no tienen tanto paro como ellos pero que tampoco tuvieron nunca su libertad, esa libertad de la que han disfrutado hasta ahora, de la que van a disfrutar siempre, seguramente hasta que se mueran debajo de un puente, porque todos no van a tener la suerte de que alguien los mate de un navajazo en el metro de Nueva York, como preferiría morir Felipe González.

O sea, resumiendo, que nos quedamos sin saber, yo sí que lo sé, qué es mejor: la hermosa libertad de los capitalistas o la puñetera igualdad de los comunistas.

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