domingo, 1 de mayo de 2011

Bernabéu y Tierno Galván, el imperativo categórico de Kant, dos hombres y mi destino.






82 años plenamente vividos dan para mucho, tanto como para conocer a toda clase de personas, hoy quiero escribiros de 2 de ellas, que fueron muy importantes en mi vida, de tal modo que una estuvo a punto de destruirla para siempre si la otra no la hubiera rescatado inopinadamente.

Son tan opuestos, fueron tan opuestos como tal vez no sea posible encontrar otros, uno era tan prepotente que dominó plenamente a una cuadrilla de caballos salvajes tan indomables como Di Stéfano, Didí, Kopa, Gento y Puskas, que acabaron sintiendo por él un respeto insuperable, y el otro, era tan dúctil y maleable que ni siquiera suspendió nunca a uno tan sólo de sus innumerables alumnos, estoy hablando de Bernabéu y de Tierno Galván.

Frente a un hombre tan astuto como fue el artífice del Real Madrid, un hombre tan inteligente como el viejo profesor. Bernabéu  fue un cazurro manchego, docto en una de las artes más difíciles del mundo, el trato subterráneo, era, fue, capaz de negociarlo todo a las órdenes del hombre al que más admiraba, Franco. Ambos sabían muy bien lo que yo he tardado en aprender toda una vida, que cada hombre tiene su precio y ambos supieron también cómo averiguarlo y utilizar dicho conocimiento. No es sólo por casualidad que el Madrid ganara 5 copas de Europa seguidas, detrás de una hazaña así hubo un proyecto servido por uno de los hombres más astutos del mundo, tan astuto que cuando yo lo alababa por sus éxitos, en la entrevista que conseguí hacerle, cuando yo dirigía una emisora de radio de cuyo nombre no quiero acordarme para que no dejen de leerme los pocos lectores que tengo, me dijo que él no tenía ningún mérito, que todos los logros del Madrid se debían realmente a Muñoz Lusarreta y a Raimundo Saporta, sus dos manos derechas, porque este hombre era tan fascista que no tenía mano izquierda. 

Yo adoraba de tal modo al producto de este hombre execrable que hice miles y miles de kilómetros en terribles trenes de asientos de dura madera y me calé hasta los huesos viendo lo que seguramente no se volverá a ver en el mundo una punta de lanza formada por Di  Stéfano, Puskas y Gento.

De modo que estuve a punto de sucumbir y hoy sería uno de los seres más abyectos del mundo, un tipo capaz no sólo de soportar sino de admirar lo que hacen y dicen tipos como Florentino, Valdano y Mourinho.

Afortunadamente se cruzó en mi camino el viejo profesor, que debería haberme impartido clases de Derecho político y de Filosofía del Derecho pero que sólo me habló de filosofía. Mientras Bernabéu ascendía a todos los altares de la España franquista, el viejo profesor era perseguido a muerte por los canallescos esbirros de uno de los peores tiranos que ha dado la especie humana, de tal modo que simultaneaba sus estancias en la cárcel con las expulsiones de su cátedra de la Universidad. 

Era el hombre más amable que he conocido, te trataba como si fueras su amigo de toda la vida, con el mismo respeto como si tú también fueras profesor y ello porque consideraba por encima de todas las cosas al ser humano, a cuyo auténtico servicio dedicó toda su vida.

 Un día, nos habló a sus alumnos del imperativo categórico de Kant, ése que dice que obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal, de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio.

Nos lo explicó de tal manera, nos lo inculcó tan a fondo que ya me resultó imposible asistir impertérrito, desde el 4º anfiteatro del entonces estadio Chamartín, a las continuas canalladas, a los continuos robos que el club de mis amores perpetraba cada domingo.

Quiero, por lo tanto, concluir afirmando que no es cierto eso que estos días he leído muchas veces puesto que yo lo he hecho: "se puede cambiar de mujer, de sexo, de residencia, de nacionalidad, de coche, de partido político, de religión, en fin, de todo, menos de equipo de fútbol". Es una sucia excusa de mal cumplidor.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mou sabe de Kant: sabe cómo es la afición. Sabe que el cabreo, el odio y la mala sangre se percibe más vivificante que la decepción. Hoy el mundo está más cerca de universalizar la infamia que lo contrario.

Anónimo dijo...

Manipulación en el Programa Punto Pelota:
http://www.youtube.com/watch?v=Af9YK-xh0H0&feature=topvideos_entertainment

Un abrazo,
Alienado

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