miércoles, 18 de mayo de 2011

Strauss-Kahn, Sarkozy, Cristo, Marx y esa enfermedad llamada trastorno bipolar.


Mi puñetero cerebro es una máquina de encontrar relación entre cosas o casos que no la tienen, el caso es que a mí, éste de Strauss-Kahn, no sé por qué me recuerda al de Dreyfus, ¿será porque ambos son de ascendencia judía?, vete tu a saber, con las cosas que se le ocurren a mi jodido cerebro.


Pero el asunto es paradigmático en muchos aspectos, hace poco contaba yo por aquí, cómo una tipa alicantina, seguramente multimillonaria y por ende con pleno derecho a ser del PP, me criticaba acerbamente por haber llevado a un hospital de aquella ciudad que cobra 898 euros (o sea ni más ni menos que150.000 de aquellas añoradas pesetas) por una radiografía de la cabeza, a mi mujer, enferma de alzheimer, siendo, como yo mismo  decía, un asqueroso marxista, lo que me obligó lógicamente a pergeñar la que denominé “aporía del comunista”, pues, bien, una de las críticas más salvajes que se le hacen al tal Strauss es que el tío compatibilice su condición de socialista con la de marido de una millonaria, director gerente del FMI, que le guste el caviar, subirse a un porsche y tirarse de vez en cuando a una tía buena.

Que yo sepa, no hay en este asqueroso mundo de todos nuestros pecados nadie, absolutamente nadie que sea heterosexual, al que le disguste folgar con fembra rozagante y poderosa, pegarle a la jodida hueva, gozar de un buen empleo y subirse, si puede, a un porsche aunque éste sea prestado. ¿O es que vamos a terminar exigiéndole a los izquierdistas que sean todos ellos unos ascetas de mil pares de cojones mientras que todos estos opusdeistas, legionarios de Cristo Rey y otras hierbas y sectas más o menos cristianas, tienen la licencia para matar de ser los más ricos y poderosos del mundo como si su jefe, el tal Cristo no le hubiera dicho a aquel tipo que quería la perfección aquello de “anda, vete, a casa, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y, entonces, sígueme” y el tío, que tenía delante de si mismo al propio Dios, coño, no tuvo los cojones suficientes para seguirlo?

¿Por qué a los rojos, coño, se no exige continuamente que seamos unos héroes que renuncian a todo si Marx no fue precisamente el que le aconsejó aquello del voto de pobreza a nadie, o es que vamos a seguir falsificándolo todo incluso la maravillosa Historia Sagrada, ni más ni menos que los puñeteros Evangelios?

Seguramente, tal como escribía yo mismo ayer, aquí, el jodido Strauss éste no sea más que un picha brava que, en el lenguaje médicocientífico, quiere decir un pobre enfermo que sufre trastorno bipolar que, como todo el mundo debería saber, impulsa al que lo padece a hacer uso del puñetero sexo cada no sé cuantas horas o minutos,  en cuyo caso, en lugar de estar al frente del FMI, tendría que hallarse el pobre fuera de la circulación y con riguroso tratamiento médico para que no se lance con las mejores o peores intenciones, todo depende de la perspectiva, sobre cualquier fembra que se le ponga a tiro.

Pero este jodido y puñetero mundo lo hemos organizado de tal manera que a los asesinos convictos y confesos los hacemos reiterada y obstinadamente presidentes de los EE.UU., es decir, ni más ni menos que emperadores de este asqueroso universo que se regodea en su propia infamia, mientras que a un pobre enfermo de trastorno bipolar, que debería de estar bajo los más estrictos cuidados y vigilancia médicos, nos estamos preparando para soltarle 70 años de cárcel a fin de que aprenda a no ponerse enfermo o a no prevaricar si todavía no ha llegado a ser presidente de la France, que parece que es lo que realmente pretendía este salidísimo individuo.

Y, hablando de franceses, a mí, ahora, me viene también a mi cabeza de chorlito aquella otra frase tan gabacha de “cherchez le femme”, sólo que modificándola un poco: “cherchez le pouvoir”, o sea, coño, “buscar el poder”, ya que creo sinceramente que en este asqueroso mundo todo no es más que una durísima lucha por el poder y parece que el tal Straus era un tipo que amenazaba seriamente, a pesar de su visible trastorno que le impelía a asaltar a toda mujer que entrara dentro de su radio de acción, a Sarkozy,  ya que, según nos cuenta éste que iba a ser su próximo rival en las urnas presidenciales, se lo había dicho: “y, por favor, Dominique, no entres en un ascensor si allí hay una becaria”.

Si lo conocería él, Sarkozy, que lo había nombrado su ministro de Economía, a pesar de ser la cabeza visible del partido contrario, o precisamente por eso, además, seguramente también, para tenerle vigilado cuando apareciera en escena la buena de su propia esposa, la famosa y bellíima Carla Bruni que, qué casualidad más asombrosa, según dice su suegro, o sea, el padre de Sarkozy, se encuentra embarazada.

Joer, qué post más raro me ha salido esta vez, parece una crónica de una revista del corazón.

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