jueves, 16 de junio de 2011

La verdadera democracia es esto


                                                             Giuseppe Tomasi di Lampedusa





Desde que lo cité por 1ª vez, hace ya muchos meses, creo que vengo repitiendo la cita con una periodicidad escalofriante: todo el pensamiento ultraconservador del mundo utiliza, sin admitirlo, sin confesarlo, que toda su actuación se basa en lo que yo vengo llamando el axioma de Lampedusa: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.

Los griegos hablaron, que yo sepa, por 1ª vez de la democracia hace ya un montón de años, siglos, y lo hicieron de manera genérica, como una de las formas de gobierno pero no la única ni probablemente la mejor.

Las sociedades, los pueblos, las naciones son cuerpos tan vivos como el nuestro físico y, como nuestro cuerpo, están sometidos a una serie de vicisitudes de desarrollo y aclimatación a las circunstancias que acaecen en el devenir de sus existencias. No se pueden petrificar sus vidas como tampoco se puede hacer con las nuestras.

Es por eso que gentes tan sabias, como Aristóteles, hablaron ya de la evolución de las formas de gobierno como una serie de etapas que indefectiblemente se producen en el devenir de la vida de los pueblos.

Es por eso, también, que constituye una herejía política lo que se está haciendo ahora, intentar implantar a la fuerza, pero a la fuerza viva y bruta con golpes de porras, eléctricas o no, con disparos de balas de goma o de plomo, con gases lacrimógenos, con detenciones y arrestos sin orden judicial, e incluso con torturas, a todos aquellos que no están de acuerdo con cómo se les gobierna y lo dicen y protestan.

Los seguidores del canallesco Lampedusa, ese maquiavelo moderno, lleno de cinismo y desaprensión, han comprendido perfectamente su máxima, que no es sino la consagración del más insuperable de los cinismos: "por supuesto que el único orden bueno es el nuestro, por eso debemos luchar a muerte para conservarlo, claro, sin renunciar a ninguna clase de medios para ello, como las guerras, las matanzas, el exterminio y la persecución a muerte de los disidentes, pero esto es ya demasiado primitivo e implica un gasto enorme de nuestra energía que podría dedicarse a otras funciones más progresivas, el nuevo mandamiento nuestro debe de ser: fingir que todo está cambiando realmente para que, en realidad, todo siga igual, es decir, darle la razón a los descontentos, asumir las reclamaciones históricas de los miserables, llevar en nuestros programas todas aquellas reclamaciones, exigencias del pueblo que no pensamos en modo alguno cumplir, para poder darle con ellas, con esas declaraciones de principios absolutamente inoperantes, a los llamados demócratas, en sus narices, al propio tiempo que se les dice ¿pero qué es lo que pedís, democracia, pero si eso es lo que tenéis ya, acaso no se os permite votar cada equis años para que elijáis entre los mismos tipos con solo los collares diferentes? ¿O es que realmente queréis ser los que dispongáis libremente de vuestro destino, joder, pero si eso es absolutamente imposible, eso no lo tenemos ni siquiera nosotros, los que realmente gobernamos el mundo?”.

"El mundo y la vida son realmente muy difíciles de gobernar, incluso para nosotros, que lo tenemos todo, que disponemos de todos los recursos habidos y por haber para hacerlo. Por eso no podemos admitir, ni por un momento, esa locura vuestra de autogobernaros porque llevaría al mundo a su destrucción puesto que supone, por principio, el dominio de la anarquía.

"Es por ello que las porras eléctricas o no, los fusiles con fuego real o simulado, los gases, las tanquetas son absolutamente necesarios, para defenderos a vosotros de vosotros mismos, que sois como niños que no saben realmente lo que quieren, así que, ahora, después de haberos dejado retozar a vuestras anchas por un tiempo que no podía ser demasiado largo, volved al redil de una puñetera vez ¿o es que pensáis realmente que el mundo y la vida pueden funcionar bajo esa anarquía de gente que se pasa todo el día discutiendo si se debe encender una vela a Dios y otra al Diablo?, coño, no, que hay que vivir, o sea, haceros trabajar a los que tengáis, qué suerte, un puesto de trabajo, y conservéis todavía la energía suficiente, luego, ya veremos qué hacemos con vosotros, si tiraros por el monte Taijeto  o inyectaros algo letal que acabe con vuestras puñeteras vidas apaciblemente, si es que logramos convencer a esa vieja prostituta, la Iglesia".

"Pero, oídlo bien, democracia no es, como se ha dicho tan estúpidamente, el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, qué salvajada, eso es tanto como admitir que los animales podrían gobernar el mundo si se lo propusieran, democracia no es ni más ni menos que acudir cada cierto tiempo ante las urnas para elegir entre mí mismo y mi hermano gemelo para que uno u otro, qué más da, os vaya privando, de uno en uno, de cualquier derecho que podáis tener porque los derechos, todo el mundo lo sabe, acaban por ablandar a la gente, por echarla a perder, por acostumbrarla a esa increíble sacrilegio de pedir cada día una cosa más, o sea, a la barbarie, el libertinaje, la autodestrucción".

"Pero eso, nosotros, los elegidos por Dios para gobernaros, no lo consentiremos nunca".

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