miércoles, 15 de junio de 2011

Libertad contra igualdad (I)


Ellos sí saben lo que quieren, nosotros, no.


Esta Ayn Rand de pacotilla que es la Aguirre nos restriega por los morros nuestra libertad: libertad para morirnos de hambre y miseria, libertad para votarlos a ellos y si no ganan por las buenas hacer las trampas necesarias para que todo siga igual, libertad para engañar a los imbéciles desde su prensa, que dominan, o desde su tv que es suya completamente, cuyo uso no comparten con nadie  y en la que hacen todo lo que quieren y más.

Por eso son los mejores sofistas, capaces de demostrar la validez tanto de una tesis como de su contraria, porque ellos sí que han tenido la oportunidad de estudiar en los mejores sitios, con los mejores profesores.

Si uno repasa los currículos de esta gente, queda asombrado porque todos ellos se han licenciado en las mejores universidades, con eximios maestros de todas las materias, especialmente de economía, han acudido luego a masters especializados, en los que se les ha enseñado algo que los pobres no aprenderemos nunca porque no hay ciencia infusa, de modo que tienen, de partida, para la carrera de la vida, todas las ventajas, por eso piden a gritos libertad, una libertad que, por supuesto, es más falsa que Judas porque no hay libertad en una lucha en la que uno de los contendientes lo sabe todo y el otro no tiene nada que oponerle porque no sabe nada.

Decía su jefe, el inefable Rajoy, en unos artículos publicados en El Faro de Vigo, que la igualdad no existe, no puede existir, ni siquiera en la propia naturaleza, porque, entre otras cosas, rigen en ella las leyes de la genética que, como todo el mundo sabe, cómo no, son también hereditarias, de modo que se hereda no sólo el color de la piel, de los ojos y del pelo sino también otros caracteres que determinan luego el curso de la vida. 

De modo que exigir la igualdad es un contrasentido natural que, además, implica la muerte del espíritu de superación pues para qué estudiar, por ejemplo, derecho y las oposiciones a registradores, si todos pudiéramos a acceder a esta función entrando en el Registro como auxiliares administrativos para, luego, ir ascendiendo en la escala profesional de acuerdo con los méritos laborales y los conocimiento que demostráramos en el ejercicio de nuestro cometido.

No, de ninguna manera, lo lógico, lo justo, lo equitativo, lo natural es que tu familia tenga el dinero suficiente para tenerte los 7 años del Bachillerato, los 5 de Derecho y los 3 de la preparación de la oposición no sólo sin aportar un solo duro a la economía familiar sino suponiendo un gasto enorme para el presupuesto familiar durante estos 15 años.

O sea que, de partida, un hijo de un obrero tiene que olvidarse de esta libertad que tiene de estudiar lo que quiera, simplemente porque no la tiene, para que yo estudiara Derecho tuve que cursar el bachiller con una beca que conseguí del Ayuntamiento de mi pueblo, una beca que comprendía no sólo los libros sino también los viajes a la capital para examinarme en el Instituto, luego, tuve que opositar y ganar otra beca de la Universidad si no, no hubiera tenido donde alojarme y qué comer en aquellos 5 larguísimos años y todo esto con la protesta soterrada de mis hermanos que trabajaban de sol a sol, unos picando piedra en los canales del Taibilla y otros en las fábricas de conserva, mientras veían que yo vivía como un “señorito”.

Esta fue mi libertad puesto que pude estudiar tanto como uno de ellos, los señoritos pero ¿y mis hermanos, qué libertad fue la suya, la de ir a los canales a picar, durante toda su puñetera vida, actividad en la que uno de ellos perdió el brazo derecho y ahora es un invalido total con 700 euros de pensión? ¿Qué libertad tienen ahora los acampados de Sol que ni siquiera pueden ir a picar a los canales, porque hay 5 millones de españoles muy libres pero que no tienen trabajo?

Habría realmente libertad si todos aquellos españoles que quisieran y pudieran ser registradores de la propiedad, por ejemplo, pudieran estudiar el bachiller o equivalente, la carrera de Derecho y emplear libremente 3 0 4 años de su vida en preparar la oposición, pero no pueden y todavía podrán menos cuando Rajoy, el Registrador, haga lo que su colega de partido Cameron, primer ministro inglés, que no sólo no ayuda a que los pobres estudien sino que ha subido las tasas universitarias hasta el cielo de modo que, ahora, los hijos de los trabajadores no podrán siquiera pensar en ira a la universidad por lo que no serán en modo alguno iguales a los hijos de aquellos que tendrán el dinero suficiente para hacerlo, ¿dónde, pues, está la libertad, pero qué clase de mentiras nos cuentan y cómo los votan toda esa gente que no tiene los millones necesarios para que sus hijos compitan libremente con los hijos de esos plutócratas?

Pero a Aguirre se le llena la boca con la palabra libertad, ella, dice, que es muy liberal, pero no nos explica que su concepto de la libertad reside en privatizar la sanidad y la enseñanza públicas para que se hinchen a ganar dinero no sólo ella misma, que tendrá millones de acciones de las empresas que se encarguen de explotar esos inmensos negocios, sino también sus amigos que son y serán por siempre y para siempre los dueños de los hospitales, de los colegios y de las universidades privadas.

Esto, desde luego, sí que es libertad, para ella y ellos, pero en ningún modo para nosotros y para nuestros hijos, porque nos sacarán del bolsillo hasta el último céntimo que tengamos, si es que lo tenemos,  de modo que nuestros hijos y nietos no podrán nunca competir con los de ellos en las imprescindibles condiciones de igualdad y sus hijos y nietos tendrán siempre la ventaja sobre los nuestros de haber recibido una mejor preparación para optar a los puestos de trabajo, aparte claro de lo que supone que los señores que constituyan los tribunales ya se encargarán ellos de elegir cuidadosamente a aquellos que pertenecen a su misma clase, si no por otra cosa para que no haya ovejas negras entre tantas de la mejor de las clases.

O sea que libertad, tendremos, teóricamente, toda la que queramos, pero igualdad de oportunidades, ninguna. Y yo les aseguro a vdes., mis queridos lectores, que sin auténtica igualdad de base, la libertad no es sino el más ilusorio de todos los espejismos.

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