domingo, 10 de julio de 2011

El innombrable.



A veces, la redundancia es la mejor manera de decir lo que se quiere expresar.


Una de las cosas más naturales que nunca me ha sucedido es mi expulsión del Chat de Saco.  Y eso era lo más natural del mundo y, naturalmente, es lo que no tenía otro remedio que suceder.

Aquello no es que sea el peor de todos los chats del mundo es que, además, es profundamente inmundo.

No es ya por el esencial regusto que todo el que pasa por allí, para dejar constancia de su enorme talento, siente por verse sumergido en el más  inmenso de los mares de la más canallesca de las bajezas humanas, no, esto que, de por sí, sería suficiente para mirarse por la mañana al espejo y, después, suicidarse de tanto asco como tienen que sentir por sí mismos, no es tan decisivo como el hecho de ver allí, en el espejo, una imagen semejante a la que percibía Dorian Gray, cuando, a hurtadillas, acudía al desván, en donde estaba el cuadro en que se reflejaba cada día ese irreversible escalón al que su alma descendía con cada una de las canalladas que cometía.

Porque se tiene que ser muy canalla para escribir todos los días allí, encendidas soflamas del mayor de los izquierdismos del mundo, al propio tiempo que se actúa como lo que realmente son: los peores fascistas que pisan esta desdichada tierra.

El otro día yo, aquí, refiriéndome en especial a MB, que ha actuado como decisivo catalizador para demostrar lo que allí ocurre, demostraba que, en realidad, este tío no es sino el más perfecto de los ejemplares del más feroz de los fascismos.

Porque el fascismo o no es nada o es, como tan bien nos enseñaron sus supremos maestros, Mussolini, Hítler y nuestro ínclito Franco,  profesar el mayor de los desprecios por cualquier ser humano sólo porque no es de los nuestros, con plena independencia no sólo de lo que hace sino también de lo que dice. Ése era el principal elemento aglutinante de las falanges hitlerianas y de las de Mussolini, el desprecio criminal, asesino hacia los otros, hacia los enemigo, hacia los miserables.

Tómese a mí como veraz ejemplo. Yo andaba por allí, por aquel chat, como deberían de andar todos ellos, con la verdad por delante y defendiendo siempre la justicia, muy a contrapelo.

Todo el que sabe realmente de qué va esto, admite que la defensa de la verdad y la prosecución de la justicia son las cartas de presentación de la verdadera izquierda.

Y allí, en aquel chat, esto, precisamente esto es lo que más se aborrece, lo que más se odia, con un odio inextinguible y no sólo mortal porque, como veremos, va mucho más allá de la muerte.

De modo que yo, que decía siempre la verdad, que me atrevía, cada día, a señalar con mi insolente dedo al Dios Sacobaco y decir: “pero ¿es que no veis que el rey no sólo no es un rey sino que, además, está desnudo?”, tenías los días más que contados.

De modo que no sólo no hubo otro remedio que expulsarme de la peor de las maneras sino que se hizo  por primera vez en la historia algo que ni siquiera la SICAR había intentado, no ya incluirme en el indice de todo lo prohibido sino todavía una prohibición más, NI SIQUIERA PODIA NOMBRARSEME CON MI NOMBRE Y APELLIDOS,   o sea, que se me convirtió en el más maldito de todos los  malditos: EL INNOMBRABLE.

Todo esto es tan canallesco como comprensible: que toda esta legión de falsos intelectuales, que quieren, sobre todo, por encima incluso de vivir su propia vida, aparentar lo que no son, acudan por allí, todos los días, a exhibir esas galas tan ficticias como repugnantes, dada su esencial falsedad, experimenten la misma irresistible necesidad que toda esa gentuza que acude a las pasarelas de la moda o a las tertulias de la telebasura, con el afán irreprimible de no sólo de aparentar lo que no son sino de vivir ese divino instante de falsa y repugnante gloria de engañar a todo el mundo pero sobre todo a sí mismos, pensando, aparentando, fingiendo que ellos son realmente lo que dicen, lo que fingen, lo que les gustaría verdaderamente ser pero no pueden, porque llevan ínsito en lo más profundo de sus almas el gusto irrenunciable por el desprecio a los demás, por un amor ciego e increíble a sí mismos, siendo como son la hez de la humanidad, una especie de basura que se esfuerza todo el día en aparentar no sólo lo que no es sino lo que aborrece a muerte, porque el amor por la verdad, por la sinceridad, el respeto por la libertad de expresión, ese mito del que continuamente hablan sin darse cuenta realmente que nadie va a creer lo que dicen porque no pueden hablar de libertad de expresión mientras persiguen no hasta la muerte sino mucho más allá a gentes como yo, al que no sólo expulsaron abruptamente del chat sino que lo persiguen con toda la saña del mundo, como los nazis a los judíos en  Mauthausen, no sólo decretando su muerte más ignominiosa, sino tratando de borrar todo vestigio siquiera de su existencia para lo que el Sumo Sacerdote se inventó un nuevo y pavoroso castigo que ni siquiera se halla en los libros, me llamó “el innombrable”, o sea alguien que no sólo no tiene derecho a existir sino tan siquiera a que se le nombre.

Y así, ahora, uno de sus abyectos cipayos, al propio tiempo que hace gala de sus mejores vestimentas demócratas, defendiendo a ultranza a esos de la IU extremeña que han dado el poder total a la ultraderecha, aprovecha la ocasión para decirle a su fascista jefe:

“#178 Comentario por Asmodeo 10/07/2011 18:33....

Otra cosa que te pido es que dejes de hacer referencias a la Gata Flora. Si al final han terminado como gozosa y acaramelada pareja de baile en el blog del Innombrable, con su pan se lo coman. Son agua pasada. Yo por mi parte no pienso hacerles publicidad”.

Ésta es, pues, la trilogía que ahora adoran aquellos increíbles fascistas genuflexos: Saco, que como un Hitler cualquiera, prohíbe siquiera pronunciar mi nombre, MB, que cumple el mandato sáquico a rajatabla y el inefable Asmodeo, que se lo recuerda.


Nota 1: en este post se hace referencia a que yo señalaba a Saco con el dedo y le decía a él y a sus falsarios seguidores no sólo que no era un rey sino que, además, estaba desnudo. Como muestra de la veracidad de lo que digo, a continuación, inserto una de las cartas abiertas que le dirigí en ese sentido. Léanla, les aseguro que vale la pena no por el estilo sino por su contenido material:


"#10 Comentario por eutiquio 28/09/2009 @ 06:35 (Blog "Fuego amigo", Manolo Saco.  Diario "Públñico")


Carta totalmente abierta a Manolo Saco:


Estarás contento, Manolo. Ya lo has conseguido. Primero te cargaste a Dios, así, con mayúscula inicial, luego, la moral corriente y, por fin, en un alarde de omnipotencia, algo a lo que nunca nadie se había atrevido, te cargaste también la Ley, así, también con mayúscula inicial y ahí es donde has fallado como un dios, con minúsculas, cualquiera.


Deicidas, antes que tú, los ha habido a cientos, a millares y, perdona que te lo diga, a ti que no sólo no estás acostumbrado a las críticas sino superacostumbrado a los elogios, mucho mejores que tú. Pero ninguno de ellos, se había atrevido a cargarse también la Ley porque cualquier grupo humano sin una ley que regule las relaciones que en su interior se producen no es que se rebaje al nivel de las bestias es que se convierte automáticamente en una manada de fieras salvajes, porque las bestias, pobres, también respetan sus leyes, y aquí, en este mundo virtual que tú no sólo has creado sino que conservas y estimulas cuidadosamente, todos los días, no se respeta ni la Ley.


Y, entonces, sucede que cada uno de los individuos que pastan por él a sus anchas puede convertirse, y la mayoría de ellos lo hace, en simples forajidos, es decir, como en las películas del Oeste, en vulgares pistoleros que disparan sobre todo lo que se mueve.


Es el peligro que tiene jugar a ser un doctor Frankenstein cualquiera, sobre todo si se hace en el campo moral, porque entonces ya no se trata de un sólo loco, como en el chiste del tío que iba en dirección contraria por la autopista, sino en miles de locos.


Verás, Manolo, perdona que te lo diga con cierta crudeza, aunque este no es mi estilo, cuando en un colectivo se suprime la Ley, ¿sabes lo que ocurre?, que automáticamente se convierte en un refugio de criminales.


El otro día yo me atreví a escribir aquí que todos nos prostituimos y decía que lo hacía el director de este diario cuando no se atrevía en sus artículos a contravenir la línea que sigue el editor con su política para conservar su puesto de trabajo y que, por supuesto, también lo hacías tú por el mismo motivo.


Como es lógico, no recibí, que yo recuerde, más que una sola adhesión y, sin embargo, “se mueve”, y, sin embargo, es verdad. Todos, absolutamente todos, Manolo, tú y yo, también, tú y yo sobre todo, nos prostituimos muchas veces al día, lo que eleva nuestro ejercicio de prostitución hasta niveles numéricos increíbles.


Este blog está lleno de gentes magníficas que se consideran por encima del bien y del mal porque no tienen ningún inconveniente en convivir con auténticos delincuentes diariamente pensando que ellos no se contaminan. Y se equivocan radicalmente. Es una contradicción tan visible que no la acababa de entender. Que gentes muy lúcidas cuando enjuiciaban los problemas de Rajoy, Aguirre, Fabra y Camps, se tornaran de repente ciegos y tontos cuando a su lado se producían conductas que moralmente incluso superan las de estos execrables personajes, era algo que, por mucho que me esforzaba no lograba comprender hasta que, de pronto, descubrí que una mezcla de miedo y de soberbia los atenazaba.


Soberbia porque se han acostumbrado a venir a aquí, todos los días y que sus incondicionales seguidores les aplaudan y miedo a perder dichos aplausos si caen en desgracia y pierden su favor.


Y, entonces, ¿qué sucede? Que los matones de taberna, los macarras y los chulos de putas, ésos que se han acostumbrado a moverse no ya sólo fuera de la ley sino dentro de los estratos más bajos de la sociedad imponen su falsa ley, la ley no ya de la inmoralidad sino la que aún es mucho peor, la del crimen.


Ellos están acostumbrados a vivir así. Han hecho bandera de su orgullo la pura y dura delincuencia. Contra ellos no se puede luchar con cierto éxito porque se hace en una absoluta desigualdad de condiciones. Tú no puedes debatir con alguien que te dice con la mayor soltura del mundo sin tomarse la molestia de demostrar lo que dice, en contra de ese sagrado precepto que establece la presunción de inocencia, que eres una loca mariquita o un travesti octogenario porque en el supuesto de que tú estuvieras dispuesto a rebajarte hasta esa abyección no estás preparado para batirte con quien cotidianamente vive en la inmundicia porque para eso hay que tener mucho estómago y tú, por suerte, no lo tienes. De modo que pierdes cuando alguien como una de tus criaturas favoritas para rebatir una larga y densa argumentación en la que le demuestras que quien miente es él contesta simple y llanamente que se la chupes. ¿De veras, Manolo, a ti no se te subleva algo por dentro cuando ves que tus criaturas favoritas, ésas que has mimado con el mayor esmero, se comportan así?


Sin quererlo, me vienen a la mente las terribles requisitorias del maestro Cicerón: ¿Entre qué gente estamos, en qué ciudad vivimos, en qué has convertido tú, Manolo, este foro, permitiendo que simples delincuentes que practican por sistema no ya la mentira, el insulto y el terrorismo verbal más descarados se atrevan impunemente a vulnerar también la Ley penal?


Piénsalo un momento, Manolo. Se puede vulnerar la moral, se puede echar a patadas de este mundo a todos los dioses, esto, incluso puede tener su grandeza, pero te lo aseguro, Manolo, ni tú ni nadie, por muy “deus ex machina” que te consideres, puede, prescindir en el mundo que has creado y que mantienes, con tu esfuerzo, todos los días, de la Ley, ésta sí, con mayúscula inicial, porque entonces, lo que diriges no es un blog más o menos atrevido e irreverente sino un auténtico refugio de criminales porque entonces, tú, también, estas cometiendo un delito en grado de encubrimiento o de complicidad, y eso, te lo aseguro no sólo es ilícito sino que puede llegar a ser peligroso para los que participamos en él y no tienes ningún derecho a exponernos a todos a ese riesgo.


Tú, Manolo, puedes ser tan listo como todos los días te dicen tus seguidores pero nunca llegarás a serlo tanto como para cargarte a los auténticos genios de la humanidad, esos que, como Kant, escribieron, por ejemplo, el imperativo categórico moral que, hasta ahora, a lo mejor alguno de tus aventajados epígonos lo logra, nadie ha conseguido derogar: obra de tal manera que puedas desear que tu norma de conducta sea general. General, general, ¿de qué me suena esta palabra? Ah, sí, éste es el primero de los caracteres esenciales de la Ley, que ha de ser general en su aplicación, sin admitir espacios excepcionales porque si los establecemos, en lugar de conseguir espacios de libertad habremos obtenido espacios de libertinaje.


No sé, a lo peor es lo que nos proponemos.


Y, ahora, Manolo, una sencilla pregunta:


¿De veras no te da vergüenza no sólo haber engendrado sino amamantar todos los días en tus escuálidas tetillas a estos descerebrados que ni siquiera tienen la apariencia de hombres?


Porque un hombre de verdad es el que es capaz de mantener un noble y limpio diálogo con sus semejantes sin tener que recurrir a las más soeces expresiones cuando se ve acorralado por la lógica. Y tú, como un dr. Frankenstein cualquiera, has creado a estos ínfimos monstruos que, incapaces de razonar como hombres, sólo escupen los más groseros insultos que los rebajan al nivel de las bestias.


Piénsalo bien, Manolo, algo debes estar haciendo mal cuando tus criaturas preferidas, ésas que cuidas con tanto mimo porque te organizan tus homenajes y te llevan técnicamente el blog, se han transformado en estos fascistillas de poca monta que han convertido esta bitácora en una especie de campo de concentración en el que se queman en sus hornos a todas las personas decentes que aparecen por este blog y no tienen la sabiduría suficiente para salir corriendo instantáneamente como hacen algunos diciendo aquello de “en mi vida había visto tantos insultos en tan poco tiempo”. Piénsalo bien, Manolo.


Buenos días y buena suerte, que la estamos necesitando todos por tu negligencia como dueño del blog".


Nota 2: la fecha de esta carta es la de  28/09/2009, o sea, de hace casi 2 años. O sea que entonces ya pensaba yo como pienso ahora y no sólo lo pensaba sino que lo decía allí, dentro de aquel putrefacto infierno, por eso no tuvieron más remedio que echarme y prohibir siquiera que se mencione mi nombre.

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