miércoles, 20 de julio de 2011

Sobre la moralidad de la derecha.




Por mi extracción social, por mi formación y por mi actividad profesional yo soy una contradicción con patas.

Soy el hijo mayor varón de un tipo al que en su pueblo, Mula, Murcia, llamaban “El conde” no sólo por su aspecto físico sino también por la elegancia de su comportamiento en todos los órdenes. Dueño de una inmensa cultura poseía la mejor biblioteca de la provincia. No tenía una profesión en el sentido rigurosamente técnico de la palabra, pero todo lo que de intelectual o artístico se hacía en el pueblo llevaba su rúbrica, de modo que era al propio tiempo el entrenador del equipo de fútbol y el director de todas las funciones de teatro que allí se montaban. Para mí que era un auténtico genio precursor de muchas de las actitudes que hoy son patrimonio común de la gente, sobre todo en el aspecto moral y de las costumbres. Nunca fue monógamo y cambiaba de mujer con la misma frecuencia que yo de traje, o sea, una vez al año, por lo menos, cuando se me rompía.

De aquella formidable biblioteca yo leí varias veces los libros que me interesaban, de modo que no tuve más remedio que ser de izquierdas, porque la izquierda tiene sus fuentes en la cultura secular, en ese poso de sapiencia que tiene la historia de la auténtica cultura.

Hay una corriente de pensamiento por ahí que critica severamente posturas como la mía que sostienen que no se pude ser buena persona y de derechas.

En mi època de madurez, yo era, aquí, en esta ciudad en la que vivo, Cartagena, director de la Telefónica, Decano de los Procuradores de los tribunales, a la vez que realmente llevaba el despacho de abogados de más trabajo de la ciudad. 

Estaba, pues, condenado a convivir  con gentes como el Capitán General de la Zona Marítima del Mediterráneo, el Gobernador Militar, el alcalde, el Comisario de Policia, el Magistrado Decanoy todas las fuerzas vivas de la ciudad, que según algunos fue la cuna del Opus Dei y Fuerza Nueva de la Región.

O sea que durante 30 años de mi vida, cené todos los sábados, con toda esta gente y sus correspondientes esposas que, entre paréntesis, eran y son mucho más reaccionarias que sus maridos.

No se lo deseo a nadie. Todos los sábados, durante los peores años de mi vida, durante 30 años, tuve que soportar horribles sobremesas nocturnas con espantosas discusiones políticas con lo peor o lo mejor, según se mire, de una clase política representativa de lo que es España.

Cuento todo esto intentando demostrar que sé perfectamente lo que digo cuando afirmo que no es cierto eso que se dice frecuentemente de que hay buenas personas que son de derechas.

Cuando se afirma esto se confunde el buen comportamiento social aparente de las personas con lo que es el fondo ético de lo que realmente piensan.

No se puede ser buena persona cuando se piensa que uno tiene derecho a todo por haber nacido en una determinada clase social, haber cursado estudios superiores y consecuentemente haberse colocado en los mejores puestos de una sociedad que, como ya he dicho en otras ocasiones, se halla absolutamente podrida.

Está claro que esta gente no mata y  no roba, porque no tiene necesidad de hacerlo normalmente pero cuando lo tiene que hacer, porque las circunstancias lo exigen, lo hace, con la mayor naturalidad porque piensa sinceramente que España es suya.

Los casos de los Fabra, Camps, Trillo, Rato, Zaplana y Aznar no son la excepción sino la regla entre ellos, están absolutamente convencidos que esa situación de privilegio inmoral de la que gozan no es tal sino la lógica consecuencia de ser ellos lo que son y como son.

Y sus seguidores no sólo no se asquean de sus conductas sino que por el contrario las divinizan.

Entonces, ¿cómo se puede decir que hay gente decente, honrada, buena gente que son de derechas?

Es una imposibilidad metafísica que una buena persona admire a Aznar como el hombre más importante de su vida política, un tipo que llevó la guerra y la muerte de ancianos, mujeres y niños inocentes a un país como Irak sólo por intereses bastardos de índole económica, que ha culminado su carrera moral siendo miembro del Consejo de administración de las empresas periodísticas de Murdoch, este tipo que ahora está siendo sometido a investigación por el Parlamento británico por haber cometido toda clase de las peores tropelías en el funcionamiento de los medios de comunicación de los que es propietario y que aprovecha dichos medios para echar toda la tierra encima que puede sobre el país del que fue presidente durante 8 años.

Si v. habla con una persona de derechas sobre Aznar, le dirá que sí, que, efectivamente, en estos casos, se equivocó, se sigue equivocando,  pero que en cambio....

En cambio, ¿qué, podemos dividir a las personas en compartimentos estancos, en los que una mano no sabe realmente lo que hace la otra?

La derecha, por lo menos, la que yo conozco, se debate sobre nadando en un inmenso mar de inmoralidades de las que no se puede salvar a nadie.

5 comentarios:

bemsalgado dijo...

Yo creo que el dilema que planteas lo dejó resuelto, sagazmente, la esposa de un compañero poco después del fallecimiento del general, cuando afirmó, seriamente, que Franco había sido una bellísima persona y todavía mejor padre de familia, porque, dijo: “Franco nunca permitió que a su familia le faltase de nada”.

Es una regla que no falla. Puedes empezar por Aznar y aplicársela a todos los que citas, y verás como es de obligado cumplimiento.

Un abrazo José, no olvido mi deuda, pero estoy en morosos.

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Bienvenido bem: te juro por la salud de mi mujer que me has dado la mayor alegría de estos últimos tiempos.

Un fuerte abrazo,

Fernando Mora dijo...

Lo mismo digo.
Abrazos,

bemsalgado dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
bemsalgado dijo...

Con que poco nos alegramos y cuanto lo necesitamos, pienso mientras os leo.
Incluso me gustan el fresco y los días grises, de los que ahora mismo, por aquí, andamos sobrados, y que poco ver el sol, porque también el cabrón quema.

Yo ni espero ni quiero grandes alegrías, hasta me asustan, por desconocidas, pero también por ser generalmente falsas. Las pequeñas alegrías recibidas son mucho mayores para mí, como esta vuestra estima que a cada paso me manifestáis.

Un fuerte abrazo.

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