domingo, 24 de julio de 2011

Un caudillo mundial está anunciando su llegada o el Dios que viene.




Los pensadores alcanzan la categoría de genios cuando llegan a conclusiones tan universales que sus postulados o proposiciones se cumplen eternamente.

La descripción de las formas del gobierno humano y su necesaria sucesión a través de los tiempos no sólo es el fruto de la minuciosa observación de los fenómenos históricos sino también de la particular inteligencia de hombres como Aristóteles, dotados del genio necesario y suficiente para descubrir lo que está oculto en la esencia de los fenómenos que analiza.

Aristóteles no habló ni escribió, que yo sepa, de los mercados, pero sí que lo hizo y abundantemente de que cada una de las formas de gobierno lleva ínsita en si misma el germen de la siguiente, de que es la descomposición inherente a todo lo humano lo que provoca el particular agotamiento de cada uno de los sistemas y la consiguiente dehiscencia.

Aristóteles consideraba 3 formas originales de gobierno cuya corrupción originaba otras 3 formas espurias: monarquía, aristocracia y democracia y sus secuelas o corrupciones tiranía, oligarquía y demagogia.

Simplificando radicalmente, el problema que tenemos ahora es averiguar en cuál de estas formas de gobierno nos hallamos, por qué y adónde nos lleva ese impulso histórico que ha hecho a algunos de los más grandes filósofos de la historia  llegar a la conclusión de que nos dirigimos a un final no deseado de los tiempos ("La decadencia de Occidente", Oswald Spengler y "La derrota del pensamiento" de Alain  Finkielkraut).

Antes, debemos de establecer una premisa que no goza precisamente de la cualidad de indiscutible pero que a nosotros nos parece cierta: los grupos humanos, incluido el que constituye la humanidad, gozan de  una vida propia que se somete a los más diversos avatares pero que tiene una línea de persistencia individual, exactamente la misma que la de cualquier otro organismo vivo.

La humanidad, el universo, el mundo, como quiera llamársele, experimenta una vida tan propia como la de cada uno de nosotros lo que ocurre es que ésta se desenvuelve con la casi infinita lentitud de los fenómenos universales.

Por supuesto, que hay una biología natural de la humanidad, del mundo, del universo de acuerdo con la propia esencia de los fenómenos naturales, pero también existe la que podríamos denominar biografía política universal que no es otra que la historia de la especie humana sobre la Tierra.

Hay simplicísimos autores que han proclamado ya a los 4 vientos que nuestra evolución histórica ha concluido, porque nuestra organización sociopolítica no puede ir más allá, o sea, porque se ha culminado ya el proceso de desarrollo humano.

Hay una motivación histórica para este falso diagnóstico: la aparición de un fenómeno sociológico que hasta ahora no se había presentado tan claramente: la globalización.

A partir de ahora, si somos lógicos, no podemos hablar de fenómenos nacionales circunscritos a los límites concretos de los distintos Estados sino que nos hallamos en presencia de un fenómeno universal, que comprende a todo la humanidad, de modo que los diversos Estados que componen hoy el mundo se han visto reducidos, en su protagonismo histórico, a una situación semejante a la que antes tenían las regiones o provincias en las distintas naciones.

Y esto se halla plenamente ratificado por la actual crisis sistémica que asola al mundo, que no es sino una más de las crisis históricas, lo que nos lleva a concluir que estas crisis lo son de crecimiento o de desarrollo pero también son el anuncio de una crisis total final.

La cuestión que nos ha impulsado a escribir todo esto es: ¿nos hallamos, como decía Fukuyama, ante el final de la historia, sólo que dándole a la pregunta otro sentido completamente distinto, nos hallamos en la antesala del fin del mundo, o sólo se trata de una crisis más?

Y, aquí, es cuando viene a cuento la invocación inicial a Aristóteles: ¿se trata únicamente de un cambio en la forma deL gobierno mundial de modo que la democracia que nos dirigía ya está siendo sustituida por la simple y pura demagogia del gobierno profundamente antidemocrático de los mercados y los especuladores, que sólo buscan el dominio oligárquico del universo y que sólo pueden ser derrotados por la abrupta aparición de ese tirano tradicional que se ofrece como el salvador de estas crisis ficticias que ahora nos asolan y que, según él, el tirano, sólo pueden resolverse verdaderamente con una mano firme que gobierne el mundo, llámese Hitler o como quiera que se llame ese nuevo caudillo que todavía no ha dado la cara?

3 comentarios:

Eoghan dijo...

Llevamos medio año de auténtica locura, y los artículos, comentarios y blogs que se he leído sobre España en concreto y sobre el mundo en general han sido miles. Pero creo que la tuya es una de las visiones más preclaras sobre todo lo que está ocurriendo. Y que parece que se ha disparado.
Excelente artículo.

Anónimo dijo...

Hola qué tal no leo muchos blogs que digamos pero el tuyo me ha parecido muy interesante y como dice y cito del anterior compañero: ciertamente preclaro.
Siento decir que lei algo en publico hace tiempo en referencia a Marx y algo respecto a la historia ciclica"; espero en verdad ser algo más positivo y mas idealista en pensar que no lleguemos jamás a tener que sufrir estar bajo un dictador para salvar un mal mayor.
Gracias y un saludo.

Fernando Mora dijo...

Llevas toda la razón. Me avergüenzo de lo que escribí hace poco.
En la anterior crisis de deuda en Europa, en la década de los treinta del siglo pasado, el fascismo fue el que capitalizó todo el descontento de la gente. Por eso creo que es tan importante que sea el movimiento del #15M quien sea hoy, que tantas similitudes hay con entonces, el que asuma dicho malestar y evite la aparición de un caudillo que de vida al terrible ciclo que refieres, si es que eso es ya posible.
Un apunte personal. El desarrollo ese de las formas de gobierno que determinó Aristóteles fue algo que conocí supongo que sería en mi época de bachillerato. Y me pareció simplemente, y por utilizar el mismo término que usan los compañeros de arriba referidos a tu post, preclaro. No había vuelto a tener noticias del asunto hasta que aquí lo has citado en unas cuantas ocasiones.
Un abrazo,

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