martes, 23 de agosto de 2011

Madridismo y marxismo La tragedia de ser madridista y de izquierdas.



Hay notables izquierdistas que se confiesan al mismo tiempo madridistas y la pregunta se impone: ¿es posible ser, al propio tiempo, marxista y madridista?

Para ser marxista hay que ser inteligente, para comprender que todo es economía en cuanto ésta es la ciencia de la elección, la que nos enseña en cada momento a elegir entre varias opciones aquella que más conviene a nuestras necesidades.

Si uno vive para elegir siempre la mejor opción en orden a nuestras propias necesidades, imaginemosnos lo que debe de sufrir un marxista eligiendo futbolísticamente la durísima opción de dar todo su apoyo a un club de fútbol como el Real Madrid.

La tragedia es tan grande que ha obligado a alguien tan inteligente como Jorge Valdano a formular una teoría insuficientemente justificatoria, la de que el fútbol es un estado de ánimo, un sentimiento.

Valdano sabe que es absolutamente injustificable ser de izquierdas y del Real Madrid, porque este club es la más perfecta encarnación del ultracapitalismo liberalista neocons, de tal manera que si hubiera que elegir universalmente una institución que ejemplificara lo que es tal ideología, o sea, la esencia de la ultraderecha económica, ésta sería precisamente el Real Madrid, porque ninguna otra como ella ha asumido las tesis de poner en práctica un capitalismo rampante que todo lo avasalla, que no sólo no respeta las parcelas de las demás instituciones futbolísticas sino que hace mofa y befa de todas ellas, aplastándolas, destruyéndolas.

Se hizo famosa la escena que cotidianamente se representaba en los lujosos despachos del Bernabéu, Lorenzo Sanz, su hombre de confianza, Juan Noséqué y el inefable Jesús Gil, jugándose los cuartos al póker y Sanz pagándole sus deudas al atlético con vales porque en la caja del Madrid no había más que telarañas. El Madrid debía  tanto dinero que la situación era ya insostenible y no había otra solución que convertirlo en Sociedad anónima.

Pero, entonces, apareció el Ser Superior, un ser superior es alguien que todo lo que toca lo transforma en oro, o mejor aún, es un tipo que convierte el aire, el puro vacío en oro.

El RM, contablemente, no existe, es un ente fantasmagórico ya que la deuda que acumula es realmente incalculable e insalvable por los medios admitidos por las leyes contables pero dos de los hombres más astutos que ha dado España hicieron el milagro no ya de los panes y los peces sino otro mucho mayor aún: el de transformar una entidad en quiebra irremediable en un emporio gigantesco capaz de comprar todo lo que se mueva en el terreno futbolístico.

Esa es la gran mentira de nuestro país si uno oye a madridistas descerebrados como Roncero, Guasch y Rincón, no hay nada en el orbe futbolístico que el Madrid no pueda comprar, es una desmesurada ostentación de la que hacen gala constantemente.

Pero es absolutamente verdad. Porque el RM no es un club de fútbol ni siquiera una institución deportiva, según ellos, la más grande que nunca habrá en este desdichado país, el RM no es ni más ni menos que España.

Efectivamente, por eso yo, el otro día, escribía por aquí que el madridismo no es sino un fascismo, en tanto en cuanto es una institución totalitaria que comprende todas las esencias de un país. En tanto en cuanto nada ni nadie puede sensatamente enfrentársele porque se enfocarán contra el que ose hacer tal cosa todas las fuerzas vivas de la nación. 

Apoyándonos en Wikipedia, enumerábamos las características del fascismo: “plantea una sumisión de la razón a la voluntad y la acción”, si Mou le mete el dedo en un ojo a Vilanova, está bien hecho porque eso es defender el madridismo, dicen los madridistas y, como todo el mundo sabe, el fin justifica los medios; “un nacionalismo fuertemente identitario”: el RM es España y todos los que se le oponen son sencillamente antiespañoles; “con componentes victimistas”: al RM se le persigue dentro y fuera de España precisamente por su excelencia sencillamente insuperable que sólo puede ser vencida mediante la confabulación del mundo entero y la consiguiente conspiración; “que conduce a la violencia contra los que se definen como enemigos por un eficaz aparato de propaganda”: y no estamos hablando sólo de esa violencia verbal absolutamente insuperable del As, Marca y, en general, toda la prensa española, sino también de la física, todo el madridismo defiende que su equipo utilice como el elemento más común de su actuación en los terrenos de juego de una violencia física insuperable; “un componente social interclasista, y una negación a ubicarse en el espectro político (izquierdas o derechas)”: el RM no es de izquierdas ni de derechas porque, sencillamente, es de todos, ya que todos los españoles de ley están y así se sienten representados por el RM; “lo que no impide que habitualmente la historiografía y la ciencia política sitúen al fascismo”, o sea, al madridismo, “en la extrema derecha y le relacionen con la plutocracia”.

De esta manera, identificando al RM no ya sólo con la nación sino también con el Estado español, antaño, Bernabéu y, hogaño, el Ser Superior han conseguido plenamente lo que se proponían: que la nación casi en su totalidad, con excepciones que no hacen sino confirmar la regla general, se configure como esencialmente madridista, de tal manera que se propugna que a España si se la conoce en todo el mundo es gracia al RM: fascismo identitario puro y duro.

Así las cosas, cada vez que el RM sufre algún problema, ya sea económico ya sea deportivo, el país entero cierra filas detrás de él y hace lo que haya que hacer para resolverlo. Si se trata de aportar dinero para que fiche a un jugador que no se puede fichar por su inalcanzable precio, sobre todo para un club que confiesa deber mil millones de euros, todas las entidades bancarias del país se muestran dispuestas a aportar a fondo perdido el dinero que sea necesario.

Y el RM ficha, y ficha, y ficha, incansablemente, sin reparar en precios porque el fondo económico de que dispone es inagotable puesto que se trata de toda la capacidad económica de todo el país, por eso todos los madridistas que intervienen en las tertulias radiofónicas hace una insultante ostentación de su absoluto poderío económico.

Es por eso que Valdano, que tiene todos los motivos del mundo para saber todo esto porque ha formado parte ya 2 veces del entramado directivo madridista, no tuvo más remedio, en su intento de conciliar su izquierdismo con su madridismo,  de inventarse aquello tan bonito de que el fútbol es un estado de ánimo.

 Si el fútbol no es más que una especie de nonchalance, en el fútbol todo está permitido hasta que los más feroces izquierdistas, partidarios del más puro de los marxismos sean esencialmente madridistas porque sobre los sentimientos no se puede mandar, en todo caso, es posible silenciarlos de tal modo que nadie tenga presente cuando uno evangeliza sobre marxismo que ese uno es el más grande  de todos los madridistas, de tal manera que jamás, jamás, jamás, teniendo por finalidad vital, como parece que la tiene, la de comentar todo lo que sucede en el mundo, jamás, jamás, jamás, mencione nunca al RM. ¿Por qué, por qué, por qué? Como inquiriría el que ahora es el más madridista de todos, Mourinho.

Y ahora he dejado de escribir sobre Valdano y lo estoy haciendo de La Repu, La Repu es, quizá, el personaje más respetado del chat de Saco, “Fuego amigo”, porque reúne en su persona una serie de características absolutamente increíbles: es un héroe en lo fisiológico, esto es indiscutible, porque además de ser diabético, está transplantado de hígado, por lo que debe de inyectarse por lo menos 2 veces diarias, insulina e inmunosupresores; y, sin embargo, quizá sea el hombre más activo de toda la izquierda nacional puesto que va frenéticamente de un sitio a otro en donde se produce alguna manifestación importante de la izquierda, desde las asambleas del M15 de su barrio a la reunión conmemorativa del asesinato de las 13 rosas en las tapias de un cementerio madrileño.

Pero lo que a mí me subyuga de la personalidad de La Repu es que personifica algo que teóricamente es absolutamente imposible: la convivencia en una misma cabeza y en un mismo corazón de 2 sentimientos absolutamente incompatibles: el marxismo y el madridismo.

De todas las personas que yo he conocido en mi vida, La Repu es el más marxista de todos. Siempre tiene a Marx en los dedos y éstos sobre el teclado del ordenador para escribir de marxismo, pero jamás, jamás, jamás, lo hace de madridismo, siendo como es el más feroz también de los madridistas, tanto que es precisamente ese clamoroso silencio el que más habla de su incondicional madridismo.

¿Por qué nunca, nunca, nunca, La Repu escribe sobre el madridismo? Porque sabe que no puede hacerlo sin tener que renunciar a esa que parece su pasión en esta vida, el marxismo.

Porque marxismo y madridismo son tan incompatibles como el agua y el fuego, como Dios y el Diablo, como el Ser y la Nada.

Porque el madridismo o no es nada o es la más perfecta encarnación del ultracapitalismo liberalista ultraderechista neocons que ha conseguido, al fin, el milagro que esta ideología repugnante perseguía: mover todas los inversiones reales del mundo sin tener ni un sólo euro o dólar que las respalde, especulación pura y dura, capitalismo financiero puro y duro, con todas las entidades financieras del país sosteniendo a una entidad que desde el punto de vista contable ni siquiera existe porque está quebrada. Caput, finita.

No hay comentarios:

calificacion de las entradas