domingo, 7 de agosto de 2011

Malditos Bastardos o Carmen54, les contesto (I)


Recuerdo que cuando me echaron del chat de Saco y comencé a escribir sobre él, apretándoles las tuercas a sus más habituales contertulios, uno de ellos recordó una frase mía muy significativa, aquella que hace referencia a que mi entrada allí había sido absolutamente decisiva en mi vida.


Hasta entonces, yo había sido lo que se suele llamar una rata de biblioteca, había pasado toda mi vida leyendo y escribiendo sin mucho contacto con la realidad  de las controversias políticas.

Uno puede casi agotar a Aristóteles, desmenuzar a Hegel, Nietszche y Marx pero todo eso le servirá de poco si no se pone en contacto con los picapedreros de a pie, de esa gente que no sabe quiénes son estos señores que acabo de citar, pero saben muy bien donde les aprieta ese zapato cotidiano que tanto le duele al pensador político, porque una cosa es el laboratorio y otra, muy distinta, la realidad.

De modo que ya en los últimos años de mi vida, tomé una decisión de trascendencia decisiva, arrumbé el ensayo que estaba escribiendo, “Progreso y regresión”, y me zambullí para siempre, creo, en este magma hirviente, vivo, que suponen los blogs, porque ya no tengo tiempo para seguir adelante con las 2 cosas, aparte, claro, mi propia vida biológica personal, con mi mujer enferma, mis hijos y todo eso.

Hoy, un o una comentarista del blog, escribe lo siguiente:

“Tiene razón señor Palazón. Tan adictivo es el blog de Saco que hasta usted no puede pasar sin entrar en él y traer a su casa lo que allí sucede desde su punto de vista.

Usted que lo mismo llama fascista a La Repu que lo alaba por su sensatez, ¿desde cuando un fascista es sensato?

Cuanto odio y envidia respira usted con lo viejo que es, o precisamente por eso. Es usted uno de los soberbios más contradictorios que he leído en mi vida. 

No es posible el exhibicionismo sin un buen boyeur como usted.

Como siempre, eliminará usted el comentario después de leerlo.

7 de agosto de 2011 16:28".

Dejando aparte esa falta de ortografía que hiere a la vista, “boyeur”, nuestro anónimo/a comunicante tiene razón en todo lo demás: no puedo vivir sin pasarme por el chat de Saco, 2 ó 3 veces al día, como el entomólogo no puede dejar de observar a sus insectos, o el investigador en su laboratorio no puede pasar mucho tiempo sin sus ratones. Es la misma curiosidad científica aunque sea a otro nivel.

Voy a darle al anónimo/a un poco más de vidilla: he aprendido más en el chat de Saco que en mis 40 años de vida judicial profesional, porque en los juzgados veía a las personas, o a las bestias, tan de cerca que sentía miedo, repulsión o lástima, oía sus declaraciones y alegatos, pero nunca ninguno de ellas se desnudaba tan obscenamente como lo hacen, inconscientemente desde luego, toda esa variopinta multitud de especímenes que se agitan en aquel chat.

No sé si es que sufro alguna enfermedad mental o nerviosa pero, para mí, no hay en el mundo otro espectáculo más fascinante.

Casi todos los días, esa especie de domador que es Saco, les echa su hueso, más o menos descarnado, más o menos repugnante, y todos ellos, como perros hambrientos, se lanzan sobre él, disputándoselo a dentelladas, a veces.

Y con ese prurito que parece que todos tenemos de exhibir nuestra más o menos podrida psique, comienza el cotidiano espectáculo con el que tanto Saco, como yo, nos extasiamos.

Y, ahora, viene el o la anónimo/a y me reprocha que yo lea aquel chat, es como pedirles a todos esos “voyeurs” que antes se cortarían un brazo que perder su ración diaria de Belén Esteban, que no se pongan cada día delante del televisor.

El hombre, o la mujer, incluso el más sofisticado no es más que un animal y alguien lo completa diciendo que de costumbres.

Gracias a ello, seguramente, vivimos y somos lo que y como somos. Ortega dijo aquello de que las circunstancias forman parte de nosotros mismos y Marx, mi maestro supremo, que todo, absolutamente todo, no es más que puñetera economía.

De modo que, seguramente, es por economía fisiológica que yo he dejado de leer los mejores libros que se publicaban en el mundo y que ahora sé ya que se quedarán sin mi lectura en mi biblioteca, y me he dedicado a leer a todos esos homúnculos o mujerúnculas que no sólo no saben hacer una “o” con un canuto sino que confunden el Derecho canónico con el canónigo catedralicio y que, siendo mujer, despechugada y tan bruta como las bestias que van delante del carro,  pero mujer a la postre, la tía va y dice hasta 8 o 10 veces, en el mismo comentario, que a ella se la suda no sé qué, sin darse cuenta, la infeliz, que esa frase tan desgarrada y fuerte que tanto le ha gustado, ella no puede incorporarla a su vocabulario personal porque ella, no sé si en el fondo lo desea, pero el caso es que carece de pene por lo que mal puede sudarle un atributo del que carece.

Éste, como se puede ver, si bien se mira, es un mundo, un microcosmos apasionante en el que podemos ver cosas que ni siquiera puede soñar una de esas ratas de biblioteca o de laboratorio que yo era antes y puedo prometer y prometo que, para mí, resulta mucho más interesante palpar todos los días la vida que fluye por el chat de Saco que leerme un mamotreto de Sartre, Heidegger o Habermas, aunque ciertamente, muchas veces, lo que allí se ve es verdaderamente repugnante.

En fin, no sé si habré dado cumplida respuesta a mi anónimo/a comentarista de hoy a la que, por cierto, quiero también aclarar otra cosa: hasta ahora, sólo he censurado un comentario y no ha sido de Carmen54 ni de su idolatrado hijo Sisí, perdón, quise decir MB, todo lo contrario, siempre que he tenido el honor de sus visitas, si he podido, he traído sus textos a primera página, porque, como ha dicho no sé quién, los hombres se miden realmente por la calidad de sus enemigos y desde que murió smg310 yo no tengo enemigos de verdadera talla con los que medirme.

Así que gracias y hasta la próxima.

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