domingo, 21 de agosto de 2011

Por si alguien cree que yo exagero (IV)


RADIOGRAFÍA DEL ENTRENADOR QUE CRUZA TODOS LOS LÍMITES

La paranoia de Mourinho

La agresión del técnico a Tito Vilanova revela la frustración que le produce no poder destronar al Barça de Guardiola

El Periódico de Catalunya
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Emilio Pérez de RozasPeriodista
«Puede que José Mourinho aún no se haya dado cuenta pero la presencia del Barça hará que la estrategia que le permitió triunfar en Portugal, Inglaterra e Italia no le funcione en España», escribía esta semana Tommasso Pellizzari en Il Corriere della Sera, el principal diario italiano. Pellizzari argumentaba que, en un país donde el mejor equipo del mundo hace las delicias de todos, crear escándalos para no verte obligado a hablar de fútbol no le funcionará.
zoomJosé Mourinho, de espaldas al campo, en el banquillo del Santiago Bernabéu.
José Mourinho, de espaldas al campo, en el banquillo del Santiago Bernabéu. JOSÉ LUIS ROCA
zoomJosé Mourinho, de espaldas al campo, en el banquillo del Santiago Bernabéu.
José Mourinho, de espaldas al campo, en el banquillo del Santiago Bernabéu. AP / DANIEL OCHOA DE OLZA

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Información publicada en lapágina 40 de la sección deDeportes de la edición impresa del día 21 de agosto de 2011VER ARCHIVO (.PDF)
«Mourinho ha desarrollado una profunda paranoia alrededor del único club que, hasta la fecha, ha frenado su tour por Europa. En Portugal, Inglaterra e Italia, la oposición fue sometida tras algo de forcejeo. Pero el Barça es implacable», escribe Paul Hayward en su blog de The Guardian, prestigioso diario inglés.
JUNTOS HASTA LA DIMISIÓN / Puede que estas sean reflexiones compartidas por muchos en España. No por Florentino Pérez, que se ha encadenado a Mourinho y ya no hay vuelta atrás. Si gana la Champions, Mou abandonará el Madrid y buscará otro club necesitado de triunfos inmediatos. Si fracasa, ambos encontrarán la manera de separarse. Mientras, las palabras que el presidente pronunció en marzo siguen yendo a misa: «Defender al Madrid de lo que es injusto también es madridismo y eso es lo que hace nuestro entrenador». Desaparecido Jorge Valdano, Mou atesora todo el poder y se limita a reportar a dos móviles: el del presidente y el de José Ángel Sánchez, director general y hombre que le ayudó a defenestrar a Valdano.
El silencio de Florentino demuestra que está de acuerdo con todo lo que hace su técnico. No importa el nivel de desfachatez. Sí, incluso con la agresión a Tito Vilanova, Florentino ni ha pestañeado y cree que el portugués le llevará a la gloria. Es más, no entiende cómo su entorno no comparte esa opinión. Y eso que son varios los que se han atrevido a recordarle que su anterior dimisión y salida del Madrid, en febrero del 2006, se debió a lo mucho que confió en los galácticos, a los que mimó casi tanto como a Mourinho.
Hace tiempo que Florentino ha dejado de pensar en la imagen del Madrid. Solo le interesa acabar con el ciclo del Barça, aunque sea sin tanta exquisitez. Por eso él, que desprecia a los entrenadores, se compró a Mou, porque era el anti-Barça. Cuando Mourinho le dijo, nada más pisar Madrid, que no le gustaba Valdano porque había criticado en Marca el estilo de sus equipos, Flo le insinuó que su mano derecha tenía los días contados. Y a eso se agarró el clan portugués, liderado por Jorge Mendes, para, a los pocos meses, apoderarse totalmente del club hasta intimidar a los directivos, apadrinar a los futbolistas, ningunear a los periodistas y abducir a la hinchada. La propuesta es sencilla: «conmigo o contra mí».
UN VESTUARIO BUNKERIZADO / «Este es un mundo hipócrita», explica Mourinho. «Toda la gente sabe lo que es verdad y mentira. Yo antes de ser hipócrita prefiero ser el punching ball de los cobardes. Nací, crecí y moriré así, sin miedo a que mañana una banda de cobardes venga a atacarme por decir las verdades». Ese es el estilo que impera ahora en un Madrid bunkerizado, en el que los jugadores viven asustados, sin descolgar el móvil, observados y víctimas de la caza de brujas desplegada por el clan portugués, que ya ha protagonizado más de una actuación intimidatoria. Mouactúa con soberbia, como hizo en el Oporto, en el Chelsea y en el Inter. Cree que el fútbol se ha convertido en una industria demasiado importante como para dejarla en manos de los futbolistas. Es evidente que Mourinho no comparte la tesis de Eduardo Galeano, que afirma que «el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes».
Para Mourinho, el fútbol es la madre de todas las batallas. Casi la guerra. Y por ello solo quiere a su lado a mercenarios. Su capacidad de persuasión es tal que el mundo del fútbol muestra su sorpresa al comprobar como futbolistas como Casillas y Xabi Alonso, o técnicos como Karanka, han mudado de personalidad reencarnándose en pequeños diablillos. Mou utiliza la palabra para ejercer su liderazgo, para propagar su evangelio, que no es otro que ganar, no importa la manera. Se duda de todo el mundo, desde los que legislan hasta los recogepelotas.
EL DESPRECIO COMO ESTRATEGIA / Todo en Mourinho parece planificado. Incluso su decisión de convertirse en el malo de la película. «Figo ya puede ir tranquilo a Barcelona porque ahora allí el enemigo público número uno soy yo». Sus discursos, sus críticas, sus patrañas y acusaciones son el combustible de su proyecto. Son señales que envía al presidente, a los futbolistas, a los rivales, a los medios.
Nadie ha retratado tan bien la estrategia del portugués como el parsimonioso y observador Miguel Ángel Lotina, extécnico del Deportivo: «En la sociedad en la que vivimos, ser actor es fundamental. Vivimos en el mundo de la media verdad y la media mentira. Vale todo. Los valores eran mucho más claros hace 20 años. En el fútbol, manipular a la opinión pública es bastante sencillo y Mourinho, en eso, es el número uno. Eso, y no la táctica, es lo que le distingue como entrenador. Todo lo que dice, lo dice por alguna razón. Su audiencia es la masa, los primeros que se dejan influir, los que más ruido hacen en los estadios. Porque el que piensa y escucha, no pita, ni grita, ni saca los pañuelos».
El comportamiento de Mourinho, calcado en Inglaterra e Italia, fue y es incomprensible para muchos. Por qué protestar porque no te dejan entrenar a Portugal si te pagan una fortuna por hacer campeón al Madrid. Por qué menospreciar a tus colegas: «Manolo Preciado ha tenido publicidad gratis durante mucho tiempo gracias a mí». Por qué ningunear a otros técnicos: «¿Pito Vilanova? No sé quién es, no lo conozco». O burlarse de tu predecesor: «A mí no me puede pasar lo que le pasó a Pellegrini. Si el Madrid me echa, yo ficharé por un grande, no iré a entrenar al Málaga». Por qué despreciar a tus jugadores: por ejemplo, a Pedro León (¿porque fue un fichaje de Valdano? Innecesario y, sin embargo, hundió al chaval: «No lo he convocado, no, parece que sea Zidane, Di Stéfano o Maradona, y hace solo dos meses jugaba en el Getafe»). Por qué escupir sobre el vecino modesto, siempre tan correcto. Por qué dudar de las victorias del Barça, aludiendo al calendario: «Son sus amigos los que deciden cuándo y a qué hora jugamos. Ellos tienen la vida más fácil. Están más protegidos. Los que dicen que me quejo son unos hipócritas». O a su plantilla: «El Barça puede tener 20 superjugadores, pero solo juegan 11 aunque muchas veces lo hacen contra 10». Denunciar favores: «No sé si les ayudan porque llevan Unicef o por Villar, pero tienen mucho poder». O dudar de sus conquistas: «Guardiola tiene una Champions que a mi me daría vergüenza». Y, al final, claudicar: «Hacer muchos puntos o marcar 200 goles sirve de poco, el segundo es el primero de los últimos».
EL ELEGIDO / Estamos ante alguien que se cree superior, un elegido. ¿Por qué, en Inglaterra, le apodaron The Special One? Porque en su presentación con el Chelsea dijo: «Por favor, no me consideren arrogante, pero soy campeón de Europa y creo ser un tipo especial». «Yo soy el equipo», suele decir. Sus defensores dicen que su arrogancia es anterior a su patrimonio. De ahí que fuese hasta capaz de tutear a Einstein cuando le llamó «Alberto» al recordar que su descubrimiento, la energía atómica, es menos fuerte que la voluntad. Es un tipo que cuando le piden que le ponga nota a su primer año en el Madrid asegura que se pondría «un 11, no un 10».
Todo eso lo afirma alguien a quien «a veces» le da asco pertenecer al mundo del fútbol y ganarse la vida con el fútbol. Mejor que se gane la vida como entrenador que como profeta. Hace unos meses, antes de enfrentarse al Atlético en el Calderón (1-2 para los blancos), reunió a sus jugadores y les anunció que, si ganaban, se llevarían la Liga. «Cuando tengo un presagio tan fuerte, siempre se cumple. El Barça está muy mal --les contó a los suyos-- y eso va a ir a peor. ¿No lo veis? Eso no hay quien lo pare». Bingo, desde luego.
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