sábado, 24 de septiembre de 2011

Economía





La verdad es como las hojas de las plantas que acaban siempre por salir a la luz, por eso ahora sabemos ya que la crisis internacional que padecemos no se resuelve porque para hacerlo se están aplicando soluciones sólo nacionales.

Las 2 grandes locomotoras mundiales de este mundo en crisis, aparte se hallan, claro, China y los países emergentes, tratan de resolver el problema cada una por su lado y así no hay manera.

Mientras Alemania trata desesperadamente de salvar a sus Bancos, atrapados no sólo en esa trampa mortal de la crisis griega sino en otras muchas crisis nacionales más que todavía no han estallado, los Usa tratan de hacer lo mismos con sus Bancos que, recuérdese, fueron los que crearon el problema prestando todo el dinero que tenían, y más, a los que no debían y haciéndolo incluso sin ninguna clase de garantías que permitieran la recuperación de los créditos.

Si los Bancos se hunden lo hace también toda la economía mundial porque ellos son la base del sistema, en este preciso instante es inconcebible una economía que pueda funcionar sin esta institución absolutamente básica, de modo que no había más remedio que salvar al soldado Ryant y a eso se han puesto 2 personalidades tan antagónicas como Angela Merkel y Ben Bernanke, la canciller alemana y el presidente del Fed, la reserva federal estadounidense.

 El problema es que Merkel y Bernanke difieren radicalmente en el modo en que se debe de afrontar la crisis, una crisis que parece que está entrando ya en su 2ª recesión, mientras Merkel está convencida de que la manera de resolverla es atacando el déficit, el judío americano piensa que lo que hay que hacer es inyectar liquidez a los mercados  para que crezcan el consumo y la producción porque, sin éstos, no es que sea difícil, es que es imposible que una economía seriamente depauperada pueda levantar la cabeza.

Y se da la puñetera circunstancia de que ambos tienen razón.

Si en la zona europea no se controla el déficit, resultará imposible salvar a todos esos Bancos descapitalizados que, además, se hallan presos de la especulación bursátil, de modo que la tarea de la Merkel parece realmente imposible porque la hidra que combate tiene varias cabezas, pero si el consumo no arranca, mal podrá hacerlo la producción y, si no se crea ninguna clase de riqueza, ¿de dónde va a salir el dinero para pagar los créditos?

La postura de Bernanke parece más racional: si la máquina de hacer dólares inyecta liquidez a su economía, las empresas comenzarán a producir, sus trabajadores ganarán más y, consiguientemente, consumirán más lo que, al fin, podrá iniciar una recuperación absolutamente necesaria de toda la economía. El problema es, allí, que todo esto tienen que gobernarlo espontáneamente los mercados, según la teoría ultraliberalista ahora dominante, lo que yo no lo veo tan claro, todo lo contrario, creo que ése es realmente el problema que se originó por aquella omnímoda libertad que propugnaran Thatcher y Reagan, pidiendo a grito pelado la muerte del Estado, que es precisamente la única salvación a la que ahora se agarran desesperadamente.

¿Entonces?

Yo no tengo los conocimientos suficientes para decir dónde reside la solución, sólo para apuntar que se trata de un asunto difícil, en el que si no aciertan los expertos que dirigen las economías mundiales, la crisis puede incluso contagiarse a ésas que todavía se hallan inmunes, China y los países emergentes, en cuyo caso, quizá la única solución sea la de siempre, otra guerra mundial, sí, pero ¿entre quiénes?


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