jueves, 22 de septiembre de 2011

El exterminio de la izquierda






Yo, todos los días, cuando me levanto, alzo mis preces al cielo dándole gracias por la existencia de Esperanza Aguirre.

El otro día, yo, aquí, escribí un post que titulé: “Aguirre y Mourinho o la cólera de los dioses”.

Decía Lope de Vega, el Fénix de los ingenios españoles, “y pues lo paga el vulgo es justo hablarle en necio para darle gusto”.

Los hay, equivocadamente, que piensan que la derecha es el reino de  la incultura. Grave error, la derecha sabe, porque lo ha leído millones de veces, que la ilustración es su peor enemigo y se opone a ella con todas sus fuerzas cuando se le presenta la ocasión.

La pata por la que más cojea la mesa de la democracia es el pueblo llano. Por eso yo no creo demasiado en ella. Ahora, en España, tenemos el mejor ejemplo de ello. Según las encuestas, todas las encuestas, el PP le saca al Psoe una tira de puntos en intención de voto, esto ¿es lógico? Indudablemente, no, pero es lo que hay, porque el pueblo es necio, lo dijo el Fénix de los ingenios, y no creo que haya alguien de buena fe que se atreva a negarlo viendo lo que pasa con la Belén Esteban y el Cristiano y el Mourinho del Real Madrid.

¿Por qué sucede esto? Porque el pueblo español apenas sabe leer y escribir porque leer y escribir es algo más que juntar unas cuantas letras y deletrear un texto muy sencillo.

Leer y escribir es ir al fondo de lo que los mejores de todos nosotros han escrito en esos pocos libros que tratan de rebelarnos contra la tradicional opresión de esa derecha que no sólo es propietaria de casi todos los medios de información (¿) sino también de las editoriales y las bibliotecas.

Acabo de leer ahora mismo que Cebrián, el mandamás de El País, ha dicho que no tiene inconveniente en atender  las demandas del PP si éstas son razonables, más o menos. O sea que el que ha sido considerado, durante muchos años, el diario de la progresía se pasa al enemigo. Esta declaración no es sino algo así como desprenderse de la careta, dejar el antifaz, enseñar el rostro limpio, sin afeites, a lo que, seguramente le habrá obligado esa nueva compañía americana que les ha prestado su apoyo económico para que no quebraran, para que no fueran a la ruina, esa ruina que anunciaban, alegres, todos los medios de la derechona.

Lo hemos dicho mil veces, la prensa no es, no puede ser sino patrimonio de la ultraderecha porque, para editar un periódico, son necesarios miles de millones de cualquier moneda y los millonarios no estarán nunca dispuestos a tirar piedras sobre su propio tejado y el puñetero pueblo sólo puede tener acceso a la realidad a través de los malditos medios de comunicación, esos que yo no me cansaré nunca de llamar, generalizando entre prensa escrita, radio y tv, la prensa canallesca.

Pero, por uno de esos milagros que no sé a quién agradecer, ha nacido una nueva posibilidad de acceder a la realidad real, si se me permite el pleonasmo, internet, de modo que existe realmente la posibilidad de acceso a una información para cuya producción apenas si son necesarios el dinero suficiente para tener un ordenador y la voluntad de abrir un blog gratuito en cualquiera de las grandes empresas que pululan por internet.

Ahora, si uno quiere saber realmente lo que ocurre puede acudir a esos maravillosos blogs que ocupan un gran espacio en internet y nutrirse allí con lo que mentes jóvenes y libres escriben para todos sin ninguna clase de censura.

Este peligro es el que ha impulsado a Aguirre y a otros retrógrados   ultraderechistas como Cameron, en Inglaterra, y Mas, en Cataluña,  que saben poco pero lo que saben lo defienden con uñas y dientes, con garras y mordiscos, a atacar la posibilidad de liberaciòn de las clases populares en su puñetera raíz, cegándoles las fuentes de ilustración,  impidiéndoles que aprendan a leer realmente, lo que sólo se alcanza mediante la enseñanza superior, que ellos han decidido no ya que sea de pago sino que cueste un ojo de la cara a las indigentes clases populares, lo que significa no ya sólo su exclusión sino también su exterminio, tal como decíamos antes, permitiéndoles tan sólo que sepan deletrear las concisas instrucciones para el manejo de las máquinas, y, para ello, hay que dejarlos inermes culturalmente para, luego, destruirles el cerebro con sus asquerosas televisiones, radios y periódicos, aprovechando ese feroz ansia de prostitución que sienten casi todos los periodistas.

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